Cultura
Sábado 13 de octubre de 2012 - 12:00 AM

La pintura en los pasos perdidos

“… En mí siempre existía una especie de encantamiento por la materia construida, los muros, el ladrillo, el mosaico y los arabescos, tan usuales durante varias décadas en la ciudad, y allí comenzó mi proceso real como pintora”

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Publicado por: César Mauricio Olaya Corzo

Cuando, por así llamarlo, el profano trasgrede estas fronteras y se asoma a su interior, generalmente este acto puede calificarse como una iniciación al conocimiento del yo profundo. Se rasgan entonces las vestiduras que cubren la desnudez de los miedos, los temores y las ansias; se revela un universo tangencial sobre el que juegan a la ruleta rusa el thanatos y el eros, la vida y la muerte, el placer y el dolor, el llanto y la risa, la insatisfacción y el gozo.

Estas son las barreras que, me atrevo a asegurar, ha transpuesto de una manera casi empírica, pero no por ello carente de inteligencia y plena certeza de lo hecho, la joven pintora Sandra Milena Durán, para quien comenzar por los finales parece que es casi su reto personal, pues mientras muchos artistas al llegar al cenit de su producción creativa anhelan llevar su obra a la dimensión multiplicadora del offset, ella, sin una gran trayectoria que mostrar, ha asumido el reto de empezar a mostrar su obra desde las páginas de un libro, en el que se recogen de manera sistemática sus procesos, sus niveles y desniveles indagatorios en la pintura.

De la arquitectura a la pintura
“Empecé a pintar casi desde niña, y quizá por ese mismo talento no tuve duda de que quería estudiar arquitectura, pues en mí siempre existía una especie de encantamiento por la materia construida, los muros, el ladrillo, el mosaico y los arabescos, tan usuales durante varias décadas en la ciudad, y allí comenzó mi proceso real como pintora”.

En efecto, al detener la mirada en la observación detallada de sus primeras pinturas, para lo cual la artista de manera puntual le facilita al observador su tarea al extraer, por llamarlo de alguna manera, detalles específicos del multinivel de elementos presentes o sugeridos en la tela, se percibe un particular encantamiento en los detalles de las formas arquitectónicas registradas.

Aparecen después la presencia del elemento humano y, por supuesto, no es necesario hacer un gran esfuerzo para descubrir trazos, líneas, gestos, colores y profundidades que bien pudieran convertirse en un compendio total de la historia del arte contemporáneo tanto en el ámbito mundial, como en el nacional y el local.

Las atmósferas de Roa, el gesto erótico de Luis Caballero, los duendes juguetones y caricaturescos de la obra reciente de Mantilla Caballero, los relojes blandos y doblados de Dalí y la mezcla de rojos, bermejos y ocres, tan usuales en la croma de Hernández Prada.

Pero, no nos equivoquemos, Sandra Milena no es una copista de figuras y formas; esos elementos configuran un lenguaje propio, un mensaje propio, una manera miy íntima de ver el universo onírico que la acosa cuando, al llegar la madrugada, y mientras la ciudad duerme, su lápiz se traslada por la tela y traza ese universo propio.

A las puertas del templo
Como si se tratara, ni más ni menos, de un secreto susurrado al oído de su subconsciente, en la obra comienza a emerger de manera sistemática una suma de elementos notoriamente capitulares en la simbología masónica.

Desde el vuelo del ganso, pasando por la cuadrícula que adorna el piso de los templos, y que representa la presencia del bien y del mal y, por supuesto, la presencia casi apenas sugerida de la escuadra y el compás.

“No hay una intención personal; es más una inquietud creativa. Es resultado de una investigación personal sobre la orden y una especie de encantamiento que refleja mis variantes de estado de ánimo, que del mismo modo están siempre en blanco y negro; lo demás es solo el resultado de un capricho, y está bien si lo quiere poner en esos términos, un secreto susurrado por alguien no presente en su estado físico, pero que probablemente lo esté en mi interior”.

De esta manera, siguiendo la ruta de los pasos perdidos, esta artista santandereana tiene la total convicción de que lo que quiere y de que su camino como constructora de arte tienen un oriente en su mente, y hacia allá dirige su obra.

Publicado por: César Mauricio Olaya Corzo

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