Cultura
Sábado 25 de mayo de 2013 - 12:01 AM

Salas abiertas en el centro

“Siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que –felizmente– la gente las echa en el olvido (Ernesto Sábato. El túnel).

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Publicado por: CÉSAR MAURICIO OLAYA CORZO

Echar al olvido pareciera haber sido una constante de lo que alguna vez fue un sueño: hacer del centro de la ciudad una red peatonal donde la gente se reencontrara consigo misma, con el otro y con el otro, y pudiera recuperar la perdida esencia de esa villa desaparecida en la metamorfosis de pueblo a ciudad.

En esa mirada a lontananza se pensaron los trazados de los paseos del Comercio, Colón y España, los primeros de lo que debieran ser por lo menos otros tantos.

Se fueron los carros y llegó la gente, caras que se encontraban y con un guiño o un gesto manifestaban correlación, cuerpos que se detenían a conversar, un sueño que se hacía probable, pero arriesgadamente peligroso para quienes veían en esa pausa una oportunidad comercial y, en efecto, fue lo que sucedió; llegó un vendedor ambulante, otro más, uno y otro más. Se perdió el centro; todo fue caos: el sueño se derrumbó.

El retorno de un sueño

Los paseos construidos a comienzos de la década de los noventa sostuvieron su objeto inicial apenas unos pocos años. Para algunos sociólogos, la “venta” que en el ámbito nacional tuvo esa imagen de “Ciudad Bonita”, al final repercutió negativamente al generar una esperanza de porvenir para cientos de inmigrantes que llegaron para establecerse en una ciudad sin industria, sin infraestructura económica sólida, donde el comercio se convirtió en la fórmula perfecta del rebusque.

Quince años después, la administración municipal tomó la sartén por el mango: “Vamos a devolverle el centro a los bumangueses”. Lo hizo, por acción o por convicción, los “dueños” por apropiación devolvieron los espacios tomados y, literalmente, la luz volvió al escenario del Paseo del Comercio. “Curioso ver la cara de mucha gente joven y niños que no conocían ese lugar donde antes todo era caos”, asegura Pacho Centeno, uno de los artífices de este proceso, como quiera que de su inquieta energía, alimentada de mundo, de cuento y de sueños, veía factible que este lugar se convirtiera en un referente de ciudad, como lo es para los barceloneses su tradicional Paseo de las Ramblas.

Salas abiertas a la cultura

El ejercicio de cultura ciudadana propuesta por Centeno se correspondía a un par de principios fundamentales de la convivencia humana: el encuentro y la visibilidad. El hilo comunicante: el arte. El resultado: la pertenencia y la identidad.

“Primero fue un ejercicio de uso del espacio público por medio de tomas culturales, música, mimos, teatro, orquestas, fotografía, danza, payasos, etc. Contamos con el apoyo de varios actores culturales de la ciudad, que respondieron a la convocatoria de manera gratuita y por puro amor al arte, como se dice. Con la muestra de que este ejercicio validó una respuesta positiva entre la gente, vino la articulación entre los entes, y de allí nació el proyecto Salas Abiertas”, afirma el gestor cultural.

Hoy la totalidad de salas de exposiciones de la ciudad funcionan alrededor de este objetivo. De extremo a extremo, del Museo de Arte Moderno a la Casa del Libro Total. De norte a sur, del Centro Cultural del Oriente al Centro Colombo Americano. Seis exposiciones paralelas y, en la mitad la muestra móvil de fotografía que por medio de diez módulos de cuatro caras, en un guion histórico escrito por Emilio Arenas y las fotos antiguas de Quintillio Gavassa, nos descubre la esencia de nuestro pasado.

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Publicado por: CÉSAR MAURICIO OLAYA CORZO

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