Cultura
Sábado 27 de agosto de 2016 - 12:01 AM

¡Ni un paso atrás!

El pasado 18 de agosto se conmemoró un nuevo aniversario del asesinato de Luis Carlos Galán Sarmiento. Este es un libro para recordarlo.

(Foto: Foto: Fredy Barbosa)
(Foto: Foto: Fredy Barbosa)

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Publicado por: CRISTINA ÚSUGA

“El silencio domina aún en el edificio ubicado frente al canal de Rionegro, y es tan ligero como la capa de polvo que se asienta en los muebles altos donde no llega el plumero de la aseadora. La luz tenue del Sol que se perfila por las montañas del oriente se filtra a través de los ventanales y las claraboyas del sexto piso. Es todo tan frágil, que basta su estremecimiento matutino para romper la calma”.

Este es uno de los primeros párrafos de la novela ‘Ni un paso atrás’, del periodista y escritor samario Enrique Patiño, publicada en 2014 con el sello Seix Barral. Fruto de una monumental y exhaustiva investigación y de un arduo trabajo de escritura –en que el periodista hubo de cederle al fin la voz al escritor–, es una obra no solo pródiga y fiel a la historia que recoge, sino profunda, rica, bien narrada y amorosamente humana.

‘Ni un paso atrás’ es un relato cuya lectura absorbe e impone su ritmo, uno vertiginoso, en el que el tam tam de algún tambor agorero se va acelerando, durante 373 páginas y hasta la penúltima línea (en la última todo cesa, y se derrama el silencio), y con él, el corazón del lector, que parece detenerse también cuando el de Luis Carlos deja de latir.

Tienen las novelas de Enrique Patiño una cierta cualidad sinestésica (si se me permite): la historia desborda las páginas y genera, de una manera casi palpable, la escena que relata; así, cuando Galán está en su biblioteca, admirándola, puede sentirse la luz, y el silencio, apenas roto por el sonido del tráfico mañanero, a lo lejos. Y también aparecen las diminutas motas de polvo visibles a trasluz…

La novela

–¿Por qué contar esta historia?

–‘Ni un paso atrás’ nace porque para mí era necesario contar la historia de los héroes y no de los antihéroes, la historia de los valientes y no la de los asesinos, y no porque contar la de los asesinos esté mal –me parece que es válido–, sino porque nos habíamos quedado en eso. Es como si el pueblo alemán solo hubiera contado la historia de Hitler, y no la de los valientes que se resistieron, la gente que se enfrentó y cayó. Y Galán representaba una incógnita para mí, porque yo sentía que era una esperanza perdida, y que su muerte nos había hecho perder todavía más el rumbo; ya veníamos perdiendo el rumbo en ese momento, pero podía alguien al menos ser como un faro. Pero cuando lo matan, la desilusión es tan profunda que llega la época de los “elefantes”, la de “todo fue a mis espaldas”, y de ahí en adelante todo lo que Uribe degenera y demás.

Entonces, para mí era un movimiento de quiebre, y reencontrarlo era hacer un ejercicio periodístico, por un lado, porque nunca había hecho una investigación periodística tan profunda, pero al mismo tiempo era un ejercicio de encontrarme con un país para poderlo conocer y dárselo a conocer a los demás. Así nació.

–Pero este no es un relato periodístico…

–Así es. Después ya viene la otra parte, que es contar la historia desde un punto de vista literario, porque no quería que fuera periodístico, a pesar de que la información es real; quería que fuera literario, y eso fue difícil, porque había tanta información, que el periodismo como que va ciñendo, va poniendo una camisa de fuerza, y eso solo lo logré al final, cuando ya tenía toda la historia estructurada; volví a escribirla, pero con la fluidez del relato, del que está viviendo la historia, y con los detalles, con esa cosa preciosista de los detalles, porque para mí es importante escribir una prosa bella.

–Parece que eso, la belleza, y la luz, son una constante en tu trabajo como escritor, y también como fotógrafo…

–Para mí la belleza es importante, y me gusta la belleza, y yo veo la belleza: en las personas, en las cosas sencillas. También me duele cuando se rompe… Pero también me emociona cuando la encuentro, y la prosa tenía que ser eso, una prosa que fluyera, porque para mí es importante que todo conecte; no me gusta dejar cabos sueltos. Y la historia tenía que tener todo eso: la investigación para que nadie me la tumbara, pero también la narrativa, para sentir que estaba cumpliendo con mi deber como narrador.

–En muchos pasajes la lectura me resultó emocionalmente agotadora, porque el ritmo del relato me imponía una cierta angustia, un apresuramiento. Imagino que era el mismo ritmo vital acelerado de Galán…

–Así es, el ritmo es el de Galán: impetuoso, sin parar, corriendo siempre, acelerando su destino. Y, por supuesto, hay dolor de país, y mucha, mucha investigación, y mucho rompecabezas que tuve que armar luego para poder encajar todas las piezas y contar lo que yo quería.

–¿Y ahora qué sigue, cuáles son las historias que quieres contar?

–Las historias que yo quiero contar… La de Galán es una de esas historias, pero ya cumplí con eso, y no quiero repetirme. ‘La sed’ es una historia muy diferente de ‘Ni un paso atrás’. Esto es un grandísimo reportaje, y ‘La sed’ es distinta. Y ahora estoy escribiendo una historia familiar, también muy diferente de las dos novelas anteriores, entre la ficción y la realidad, un punto medio entre las anteriores. Y luego creo que sí quiero volver a la ficción, porque tengo una idea muy loca, muy imaginativa, y yo me digo a mí mismo que puede ser muy buena, para no estar tan apegado a los datos.

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Publicado por: CRISTINA ÚSUGA

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