A través de un recorrido por su historia cultural, el escritor Pedro Adrián Zuluaga nos muestra una región antioqueña diversa, compleja y rebelde, que ha cuestionado el orden establecido y ha aportado al progreso social y cultural del país. Su libro “¿Qué es ser antioqueño?” es una invitación al diálogo y al reconocimiento de la riqueza cultural de Colombia en el marco de la Feria del Libro de la Universidad Santo Tomás.

Publicado por: Paola Esteban
¿Qué es ser antioqueño? Esa es la pregunta que se plantea el escritor Pedro Adrián Zuluaga en su libro de 2020, publicado por la editorial Penguin Random House. El autor, que es muy activo en redes sociales, aceptó el reto de escribir sobre la identidad y la cultura de su región natal, que a menudo es vista con estereotipos y prejuicios.
Pedro Adrián Zuluaga reconoce que hay un antioqueñismo que se expresa con orgullo y que defiende valores conservadores, pero también afirma que hay una Antioquia diversa, compleja y rebelde, que ha aportado al progreso social y cultural del país. Para demostrarlo, recurre a la historia de la literatura, la plástica y el cine colombiano, donde encuentra ejemplos de autores antioqueños que se han atrevido a cuestionar el orden establecido y a proponer nuevas formas de expresión artística.
Desde el sindicalismo hasta el nadaísmo, pasando por la filosofía de Fernando González y su búsqueda de un yo auténtico, Pedro Adrián nos invita a conocer una Antioquia diferente, que no se reduce a un fortín político o a una excepcionalidad regional. Su libro es una invitación al diálogo y al reconocimiento de la riqueza cultural de Colombia.
La periferia antioqueña (Urabá, Bajo Cauca, Magdalena Medio) es muy distinta en términos sociales, raciales y políticos y requiere ser estudiada con otras herramientas. El libro se ocupa específicamente de la noción de este ethos dominante y hegemónico en Antioquia y cómo fue cuestionado desde muchos frentes. Muchos antioqueños también fueron críticos. El antiantioqueñismo más radical ha sido el de los propios antioqueños”, señala Zuluaga.
El autor asegura que este libro no es una forma de promover o reivindicar una identidad antioqueña, sino que es una oportunidad de crear un aparato crítico para entender la complejidad de estas identidades regionales.
El autor estará presente el próximo viernes 12 de mayo en la Semana de la Lengua 2023 Universidad Santo Tomás, que comienza el 9 de mayo y que contará con eventos como el taller “De la fotografía al poema” con Carlos Ulloa Rivero, del Colectivo Lacsa; Verso y cuento, taller de narrativa poética que orienta Andrea Jaimes, del Programa LEO de Instituto Municipal de Cultura y Turismo; la presentación de la antología de cuentos de Jesús Álvarez, “Un pájaro ya muerto”, publicada por Ediciones Corazón de Mango; la presentación de la novela “¿Dónde está la vida que no recuerdo?”, de Beatriz Vanegas Athías; la presentación del proyecto editorial y pedagógico de artes integradas (ilustración, música y literatura), Arracimada, de la Editorial La Cingla.
Además, habrá concurso en vivo de ortografía y cultura general, talleres de promoción de lectura y escritura, karaoke, picnic literarios, cine club, concursos de expresión oral y muestra editorial.
Vanguardia habló con Pedro Adrián Zuluaga acerca de su libro y la experiencia de ser antioqueño.
¿Cómo ha vivido el sentimiento “antiantioqueño” con el hecho de ser “antioqueño” y a su vez, cómo ha experimentado el nacer en este departamento?
Lo he vivido con mucha tensión, con mucha ambivalencia. Hay un sentimiento que recorre el libro y es ese. Por una parte ser consciente de que uno no se puede amputar una historia cultural que lo atraviesa. Como periodista cultural he escrito mucho sobre Antioquía, artistas antioqueños y de alguna manera cuando comencé a escribir el libro descubrí que tenía toda una trayectoria en pensar la cultura antioqueña desde sus expresiones más tradicionales: la novela, el cine, el cuento, las artes plásticas, e intentando leer esas expresiones de forma no hegemónica.
Militar en movimientos culturales y políticos en defensa de las libertades y derechos de las personas Lgbti complejiza la pertenencia a una región. Uno puede sentir que está repitiendo historias de otros antioqueños que vivieron antes y que quisieron escapar de Antioquia para encontrar espacios de libertad. O vivir en Antioquia pero construyendo alternativas, como muchos personajes del libro lo hicieron. Por ejemplo, las casas de Fernando Vallejo o Fernando González; la de este último se llamó, simbólicamente, “Otraparte”. Para vivir en Antioquia había que inciliarse o “vivir a la enemiga”.
Estando dentro de Antioquia muchas personas sensibles tienen que construirse un pequeño refugio para poder permanecer ahí. Esto se ve aludido en obras literarias y películas. Muchos, como Barba Jacob, Fernando Vallejo y Fernando Botero, tuvieron que irse para poder respirar mejor en otro lugar. En el libro, uso la figura central de la casa como estructura arquitectónica y simbólica. Todos los capítulos están relacionados con la casa, con personajes de la casa, con quien construye la casa o huye de ella. La casa como un microcosmos a partir del cual es posible leer realidades políticas más amplias. Uso mucho la figura de escaparse de la casa o saltar por las ventanas.
Escapar de la casa es una alternativa de supervivencia y una línea de fuga que muchos han tomado. Sin embargo, la paradoja es que muchos regresan a morirse en esa casa de la que huyeron, como Débora Arango o Fernando Vallejo, quien volvió a Medellín ya viejo. María Cano también terminó encerrada en una casa después de haber intentado trastornar el mundo del sindicalismo y la política. Son destinos paradójicos, con deseos de irse de la casa y una tremenda pulsión por volver a ella. Es un impulso humano universal, pero tal vez el antioqueño lo siente con mayor intensidad. La necesidad de volver a la casa se expresa en formas muy acentuadas en la cultura antioqueña, como la nostalgia de la casa grande o de un orden anterior. Un paraíso perdido que probablemente nunca existió pero que se idealiza y se crea con la imaginación”.
¿Cómo ha influido en usted el sentimiento antioqueño en cuanto a su quehacer literario?
“Probablemente haya algunas características del ethos antioqueño con las que me identifico particularmente, como la rabia, la furia o la vehemencia. Cuando se escribe un libro estos sentimientos tienen que ser canalizados y encontrar una forma literaria. Por ejemplo, en la literatura de Fernando Vallejo, es una literatura de rabia pero también de ternura. Colombia es un país de regiones, muchas de ellas bastante incomunicadas entre sí debido a la dificultad geográfica del país. Hay tantos países dentro de Colombia como tantas Antioquias dentro de Antioquia. En un país de regiones, no es raro que la cultura sea diversa y compleja.
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También hay una cultura andina del centro del país, una cultura del gran Cauca y del Valle, una cultura Caribe y un núcleo cultural santandereano con características especiales. La cultura expresa formas de desarrollo económico y social y dialoga a veces de manera problemática o en tensión con otras culturas del país que tienen otros sistemas de valores y nociones sobre el desarrollo. Por ejemplo, los indígenas del Cauca tienen nociones de desarrollo y productividad distintas al ethos dominante antioqueño.
Hay un gran núcleo de conflictividad entre diferentes regiones de Colombia, como el Caribe y Antioquia o el interior del país y Antioquia. Hay tensiones históricas que son formas de aspirar al poder y al papel rector en la dominación del Estado y en la dominación de ciertas capitales simbólicas, culturales, económicas y políticas. Muchas veces, estos aspectos están interrelacionados”.
¿Cómo, desde la literatura y el arte, podemos hablar y cuestionar a nuestras regiones?
El arte, en sus distintas manifestaciones como la literatura, la televisión, el cine y la música, ha tenido un papel importante en el conocimiento de las diferentes regiones de Colombia. Las manifestaciones artísticas han tenido un acento muy local y han expresado particularidades regionales con mayor o menor fortuna. Cuando son buenos, el arte y la literatura dan versiones complejas y matizadas sobre cualquier realidad, incluyendo las realidades regionales. Esto permite evitar estereotipos, caricaturas y simplificaciones. Una excelente manera de acercarse de forma desprejuiciada a las regiones de Colombia y a su riqueza y formas particulares de constitución social, económica, política y racial es a través del arte. El arte es un documento interesante para conocer la realidad regional.
En términos proporcionales, es más fácil identificar grandes novelas que ocurren fuera de Bogotá. Esto contrasta con otros países donde las capitales son determinantes en la tradición literaria. En Colombia tenemos una gran literatura antioqueña, una gran literatura del Caribe con autores como García Márquez, Cepeda Zamudio, Rojas Herazo y Marvel Moreno, y una gran literatura de los santanderes con novelas como “La Otra Raya del Tigre” de Pedro Gómez Valderrama. La literatura es un medio importante para acercarse con ojos informados y atentos a las regiones de Colombia”.















