Fotógrafa de Santander, Natalia Pinilla, quedó finalista del exclusivo Premio Photo Iila en Roma con su proyecto “Ciudad Ausente”. La obra fusiona técnicas antiguas y familiares con la exploración urbana, creando una reflexión sobre la pérdida y la memoria.

Publicado por: Redacción Cultural
Natalia Pinilla Rodríguez, una talentosa fotógrafa originaria de Santander, Colombia, ha sido anunciada como finalista del codiciado XIV Premio Photo Iila. Este prestigioso premio internacional, otorgado anualmente por la Fundación IILA, reconoce a artistas excepcionales que destacan en el campo de la fotografía artística.
El galardón no solo confiere honor y reconocimiento a Pinilla, sino también una residencia en la histórica ciudad de Roma, Italia, un lugar de inspiración para artistas de todo el mundo.

Natalia Pinilla se hizo merecedora de este reconocimiento gracias a su proyecto titulado “Ciudad Ausente”, una conmovedora exploración artística que combina técnicas mixtas y fotografía estenopeica para resignificar imágenes, evocar la memoria y reflexionar sobre el patrimonio familiar y urbano de Bucaramanga. En su proyecto, Pinilla utilizó un archivo fotográfico familiar que intervino con fotografía estenopeica, todo ello sobre hojas de papel de piña.
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El enfoque central de “Ciudad Ausente” radica en la temática de la memoria y el patrimonio, utilizando un archivo de fotografías familiares tomadas en distintos puntos de la ciudad de Bucaramanga. Algunas de las imágenes fueron capturadas en lugares emblemáticos, como Pan de Azúcar, la avenida del Papa Juan Pablo II y la autopista cerca de la Puerta del Sol. Pinilla recreó estas fotografías con la técnica estenopeica, creando así un puente entre el pasado y el presente, y estableciendo una conexión única entre su familia y la ciudad que habita.

“Escogí varias fotos familiares que fueron tomadas en distintos puntos de la ciudad. Por ejemplo, algunas de las fotos fueron tomadas en Pan de Azúcar, donde se ubicaba la casa de mis abuelos. También utilicé algunas fotos de la autopista cerca de la puerta del sol, por donde pasaría el papa Juan Pablo II en 1986, en su visita a Bucaramanga, que fueron tomadas por mi mamá y mis abuelos”, señala. “Además, incluí algunas imágenes capturadas en la autopista cerca de la Puerta del Sol, que va hacia el viaducto. Todas estas fotos las volví a tomar yo con fotografía estenopeica, creando así una conexión entre el pasado y el presente, y entre mi familia y la ciudad”, explica.
El uso de latas para imprimir las fotografías aporta una dimensión simbólica a su obra, resaltando la idea de la ausencia. Muchos de los lugares y personas inmortalizados en estas imágenes ya no existen, y el proyecto se convierte en un emotivo testimonio de la pérdida, la memoria y la falta de atención al patrimonio arquitectónico de la ciudad. Pinilla explica que “las ciudades son dinámicas, al igual que las personas tienen memoria. Muchas de ellas hacen evidentes las huellas del tiempo para hacer de ellas su estandarte, su sello; otras, prefieren olvidar su patrimonio arquitectónico para modernizarse”.

La fotógrafa cuenta que por ejemplo, “una de las imágenes es de la iglesia del Espíritu Santo, ubicada en la subida a Terrazas y en la intersección de la calle 36 con carrera 21. Estos son espacios que mi mamá, que ya no está en este mundo, habitó. Estas fotos hablan de su ausencia, de la memoria y de la falta de memoria que tiene la ciudad, que abandona los espacios patrimoniales para construir cosas nuevas”.
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Natalia Pinilla utiliza la técnica de la fotografía estenopeica para dar materialidad a la sensación de ausencia y desvanecimiento. Sus imágenes, realizadas con cajas y latas, carecen de la nitidez tradicional, y esto se convierte en una analogía de la memoria. Como ella misma lo describe, “estos lugares y estas personas solo siguen existiendo si se les recuerda”.

“La historia se nos desvanece entre las manos. Los edificios que en algún momento fueron orgullo de la ciudad van siendo abandonados, modificados o derrumbados para construir moles de concreto cada vez más altos y a donde miremos un paisaje urbano lleno de ventanas verdes y azules. Con este proyecto quise plasmar muchos de estos cambios de la ciudad a partir del archivo familiar, otorgándole un significado más personal, muchas las personas que aparecen en estas fotografías ya no se encuentran en este mundo y su recuerdo al igual que muchas cosas del patrimonio arquitectónico de la ciudad se va desvaneciendo”, concluye.














