Cultura
Domingo 18 de febrero de 2024 - 12:00 AM

Mauricio Hernández Cala, el santandereano que impulsa la cultura en Ibagué

El actual Secretario de Cultura de Ibagué es un maestro y pianista de Barrancabermeja. Su principal misión en este nuevo rol es dar acceso a más jóvenes para que puedan formarse, así como articular la formación artística con la técnica y la superior.

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Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

Empezó la formación como músico desde los seis años en Barrancabermeja. Pese a que no asistía a una escuela formal o contaba con un profesor de música, se inclinó por las clases privadas que Emiliano Hernández y Luz Marina Cala -sus padres- le pagaban al ver que en él nacía la semilla de convertirse en pianista.

Pero fue su llegada a Bogotá, a la edad de 16 años, que Mauricio Hernández Cala (39 años) la que lo puso en la escena de la música clásica de Colombia, de la manos de tres maestras rusas que además lo acompañaron en su proceso de formación, transitando por clases en la Pontificia Universidad Javeriana hasta llegar al pregrado en la Universidad del Bosque, en donde se tituló como maestro en música con énfasis en interpretación de piano clásico.

Fue en el recital de grado en 2007 que Hernández Cala empezó a tejer su relación musical con Ibagué, una ciudad que lo acogió como profesor, en la que ganó reconocimiento dentro de la comunidad artística y musical, donde además conformó su familia y se hizo padre de un niño -al que también forma como pianista- y hoy se desempeña como Secretario de Cultura, una labor que lo pone tras bambalinas, pero que lo conecta con lo público y lo lleva a forjar otra de sus pasiones: el trabajo por las nuevas generaciones.

Preguntas y respuestas

¿Cómo fue ese momento que le dio inicio a su vida como pianista profesional, cuando el decano del Conservatorio del Tolima, Néstor Guarín (pianista), le ofreció trabajo, luego de terminar el concierto de grado? Le dije ‘muchas gracias, claro, acepto la invitación’, porque imagínese, ¿cuántas personas tienen trabajo sin pasar hoja de vida? (risas). Le dije que estaría solo un año porque tenía también una beca de estudios en Texas, EE. UU. Fui, y cuando iba a formalizar la matrícula, me di cuenta tenía que pagar entre 15 y 20 mil dólares. Eso fue en 2008, entonces regresé y seguí trabajando en el Conservatorio del Tolima. Para 2013, decidí hacer la maestría en la Universidad Nacional. Me otorgaron una beca, pero tuve que declinar porque me impedía trabajar en el Conservatorio. Luego salió otra beca, hecha a mi medida, que me permitía trabajar en el Conservatorio y que tenía retribución de parte de la Universidad Nacional: tenía que ser profesor, que para mí era un honor, y recibía un estímulo económico. Culminé el proceso en 2014 y me gradué como magíster en pedagogía y piano.

¿Cómo ha sido esa experiencia en el Conservatorio del Tolima? En 2008, cuando llegué a Ibagué, tomé el cargo como profesor en la licenciatura y maestro en música del Conservatorio del Tolima. También fui docente en el Conservatorio de Ibagué “Amina Melendro de Pulecio”, que es el bachillerato musical. Me dieron la oportunidad de venir y no lo pensé mucho porque sé de las calidades que tienen los músicos que egresan de esta ciudad. No conocía la ciudad, y tan pronto empecé mi proceso pedagógico me di cuenta porque la llamaban ‘la capital musical de Colombia’, que además era una marca con un registro en Cámara de Comercio. Es que se respira música. Aquí, con este talento, para mí como formador, ha sido motivante, he tenido estudiantes de gran nivel y he tenido el privilegio, la oportunidad y el orgullo de presentar a cinco de ellos a la Universidad Nacional para el pregrado.

Para muchos artistas, el ideal, además de crear, es enseñar, o al menos, dejar un legado. En su caso, saltó a convertirse en funcionario. ¿Qué lo llevó a dejar las aulas para asumir este cargo? Tomar esa decisión fue bien difícil, pero básicamente la decisión la tomé porque creo que, cuando una oportunidad de estas llega, es porque se tienen la posibilidad de ejercer un buen papel. Lo medité y estoy seguro que puedo hacer un trabajo responsable para poder generar mayores oportunidades y acceso a las prácticas artísticas. En Ibagué hay tanto talento y no todos tienen acceso a la música. El Conservatorio es oficial, con matrícula cero, pero tiene un cupo limitado, entre 40 y 50 estudiantes pueden estudiar anualmente, y eso es poco. Desde la Secretaría de Cultura se tienen programas como el Sistema Municipal de Formación Artística y no tiene un pénsum. Una de mis metas es organizarlo; además, se debe hacer un diagnóstico del recurso instrumental y el recurso humano que podemos tener para poder potencializarlo y articularlo con una educación técnica y superior. Considero que mi aporte como académico va a ser importante, porque es un programa que desconoce o carece de una estructura como cualquier programa de formación.

¿Qué lo ha marcado como pianista? La primera vez que me presenté quedó en el recuerdo. Fue en el Colegio El Castillo de Barrancabermeja. Eran cientos de estudiantes, no recuerdo cuántos. Me acompañaron mis padres y un amigo de la familia. También recuerdo cuando me gané la beca jóvenes intérpretes del Banco de la República para tocar en la sala de la Biblioteca Luis Ángel Arango, en 2008. Tenía un programa ambicioso, de una hora y 20 minutos, y debía tocar el repertorio de memoria. Fue un recital de un nivel técnico superior, se requería la memoria para tener toda la visual. Ese día me impactó porque cuando salí al escenario lo primero que vi fue a mis papás en la primera fila; estaba Peter Donohoe, uno de los grandes referentes del piano internacional y que ha sido uno de los jurados en máximas competencias de pianistas en el mundo. Lo bonito de esta historia es que él fue al camerino a saludarme y yo estaba acompañado de mi maestro Sergei Sichkov, quien fue el único testigo de esta gran alegría.

¿Qué destaca en lo que ha conocido en estos dos meses en su nuevo cargo? Todo va muy de la mano de la alcaldesa (Johana Aranda), desde su plan de gobierno quiere poder generar la oportunidad de acceso a las prácticas artísticas musicales a las 13 comunas y los 17 corregimientos de Ibagué. Ya hemos visitado varios de estos corregimientos, tantos años en la ciudad y la verdad no había tenido la oportunidad de acercarme a ellos y eso ha sido bonito, porque una cosa es lo que le cuentan a uno, pero otra cosa es evidenciarlo y vivirlo. Lo cierto es que no tenemos profesores para enviar a cada lugar por las dificultades de acceso a esos territorios, pero podemos generar una oportunidad desde las tics. Estos lugares cuentan con buenas bibliotecas, tienen equipos y algunos hasta instrumentos, entonces, con la experiencia pedagógica aprendida en pandemia y la mediación de la tecnología, podemos hacerlo.

¿Cuál es la marca que quiere dejar como encargado de esta cartera? No es un secreto que las expresiones artísticas son una herramienta importante de transformación social así como también lo ha sido el deporte. Entonces, además de la música, de mi parte también quiero trabajar por otras expresiones artísticas como la danza y el teatro. Lo que vamos a hacer con la música es organizar la formación con un programa establecido por ciclos, y articularlo con la escuela de formación artística cultural, en la cual tenemos tres programas técnicos laborales: uno en danzas, otra música andinas y el otro en maquillaje para la caracterización teatral.

¿Qué es lo más difícil de estar del otro lado, desde el lugar de los que aprueban proyectos y presupuestos para los artistas? Somos un sector difícil, los artistas tenemos mucho ego y es complejo lidiar con eso. El ejercicio que he tenido hasta el momento me ha dado la oportunidad de ver la otra cara de la moneda y no es fácil administrar los recursos, ser el garante regional para poder tener una diversificación de esos recursos que son destinados para el arte y que se puedan dar de manera equitativa. No es fácil porque todos piden y todos quieren ser líderes, tener un papel importante, pero hay que reconocer que los recursos del Estado se entregan por convocatorias y todo está sujeto a unas líneas también de Plan Nacional de Música. No todo se maneja por capricho o como a veces los artistas lo creemos, sino que hay unas líneas que se deben respetar, unos planes de gobierno que pueden estar alimentados desde el sector incluso, garantizados desde una política pública. Nuestro trabajo es poder mostrar esa otra cara al sector y poder concertar de la mejor manera para que pueda existir equidad, inclusión y garantía para el desarrollo de todas las expresiones artísticas.

¿Aún le queda tiempo para estudiar piano? Creo que depende mucho de uno. Lo que estoy haciendo hasta el momento y que me he permitido también por la disciplina es, antes de llegar a la oficina, haber tenido, por lo menos, una hora de estudio en el piano. Entonces, por lo general, lo hago bien temprano, a las 5:00 a.m., a esa hora puedo estudiar.

Publicado por: Xiomara Montañez Monsalve

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