Marta Hincapié Uribe inaugurará la novena edición del Santander Festival Internacional de Cine Independiente con su película “Bajo una lluvia ajena” y una charla que promete reflexionar sobre el poder del archivo, la migración y las historias que las imágenes preservan.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
Se acerca la novena edición del Santander Festival Internacional de Cine Independiente (SANFICI), un espacio donde las imágenes no solo se proyectan, sino que conversan con el alma. Del 24 al 28 de febrero de 2025, este rincón de Colombia se convertirá en un refugio para historias que buscan ser contadas de manera distinta, y entre los invitados que cruzarán esas puertas estará Marta Hincapié Uribe, cineasta colombiana cuya obra resuena como un eco que desafía al olvido. Lea también: María Cristina Plata anuncia Casi te Creo, un canto a las raíces latinoamericanas
Hincapié Uribe, con esa mirada que traduce lo cotidiano en arte, será la encargada de inaugurar el festival con su película “Bajo una lluvia ajena”. Un título que evoca ese estado perpetuo de quienes llevan el desarraigo en el equipaje. Pero su participación no se detiene en la pantalla. También ofrecerá una charla íntima, un diálogo profundo con estudiantes y espectadores, donde explorará la importancia del archivo en el cine y el poder de las imágenes para reconstruir historias que, a menudo, el tiempo y la indiferencia intentan borrar.
“Estamos muy emocionadas y muy felices de poder participar en el SanFici. Nos dieron la gran noticia de que vamos a abrir el festival con nuestra película ‘Bajo una lluvia ajena’ y también voy a tener la oportunidad de dar una charla o una conversación posiblemente con los estudiantes de la universidad acerca de la experiencia de la película y un poco también en general de las reflexiones acerca del archivo”, confesó Hincapié en una reciente entrevista, dejando entrever el entusiasmo que la invade ante esta oportunidad.
Una obra de memoria y migración
“Bajo una lluvia ajena” no es una película cualquiera. Es una pieza tejida con retazos de vida, construida a partir de material de archivo analógico filmado hace casi 20 años, tras la caída de las Torres Gemelas. No es una casualidad. Ese acontecimiento, que partió al mundo en dos, también marca el inicio de un viaje cinematográfico hacia el pasado. El material central son videocar-tas grabadas en Vic, una pequeña localidad en la Cataluña profunda, un lugar donde convergían inmigrantes de Europa del Este, África subsahariana y América Latina. Eran tiempos en los que la tecnología aún no había encogido las distancias, y comunicarse con los seres queridos significaba un acto de paciencia y esperanza. Lea también: La increíble historia de José Julián González, el creador detrás de grandes estrellas
“Es increíble volverlas a escuchar ahora porque es como si eso no hubiese cambiado y lo preocupante es cómo ha empeorado la situación”, reflexiona Marta. Sus palabras son una advertencia sobre el endurecimiento de las políticas migratorias y el dolor silencioso que millones enfrentan al ser forzados a abandonar sus tierras. La cineasta narra cómo aquellas cartas filmadas eran enviadas en cintas VHS a destinos lejanos, con la certeza de que tardarían semanas o meses en llegar. Eran mensajes cargados de emoción, pues el simple hecho de ser escuchados —aunque no vistos— se convertía en un bálsamo para quienes añoraban un abrazo.
Hoy, esas historias se mantienen vigentes, como un reflejo doloroso de los desplazamientos forzados que aún sacuden al mundo. Marta, con la sensibilidad que caracteriza su obra, ve en su película una posibilidad de escuchar esas voces que se pierden entre números y titulares. La película, afirma, “invita a la escucha, a reflexionar acerca de la importancia que tiene la imagen y la autoimagen”, alejándose de las narrativas heroicas o de catástrofe a las que el cine migratorio nos ha acostumbrado.
Un festival para las regiones, un cine que escucha
Más allá de los elogios que ha recibido por su trabajo, Hincapié defiende con firmeza la necesidad de que los festivales de cine se arraiguen en las regiones. SANFICI, según sus palabras, es un ejemplo de cómo el cine puede convertirse en un puente entre la comunidad y sus historias: “Me parece muy interesante en primer lugar la presencialidad. Poder estar físicamente en la ciudad, conocerla, compartir con la gente de la ciudad y por otro lado, saber que realmente el trabajo importante se está haciendo es en las regiones y es desde ahí donde tenemos que hacer un énfasis inmenso”.
En un mundo donde las pantallas nos bombardean con contenido fugaz, Marta reivindica el valor de la oscuridad de la sala de cine, ese espacio donde el tiempo parece detenerse y donde el espectador tiene la oportunidad de sumergirse en una experiencia más pausada y profunda. “Esa caja negra y la oscuridad posibilitan también ese tiempo de atención, ese tiempo de escucha, ese tiempo de conversación”, afirma, recordando la importancia de no sucumbir al vértigo de las redes sociales y sus mensajes instantáneos.
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El poder del cine para resistir
Para Marta Hincapié, el cine es más que una herramienta de denuncia. Es también un acto de resistencia que busca “pequeños fulgores” en medio de la oscuridad. Inspirándose en las “catástrofes positivas” de las que hablaba Tolkien, la directora sostiene que, aunque el mundo parezca ir en picada, siempre hay momentos de humanidad que iluminan el camino. Esos destellos, por pequeños que sean, son el motor que impulsa su obra.
“Yo siempre hablo de lo que decía Tolkien, que es muy bonito... cuando todo pareciera que está peor y que no puede ir a más, casi siempre aparece algo... un pequeño fulgor, un latido del corazón, un suspiro humano”, explica, dejando claro que su cine es una apuesta por la posibilidad y la esperanza, sin caer en un optimismo vacío.
La invitación está hecha. Desde el 24 de febrero, Bucaramanga será el escenario donde imágenes, palabras y emociones se encontrarán bajo una misma lluvia de memorias.















