El documental El último campeón, que narra la histórica primera estrella del Atlético Bucaramanga desde la voz de sus hinchas, tendrá su estreno este sábado 14 de junio en el Teatro Santander.

Publicado por: Redacción Cultural
A veces, las historias más poderosas no nacen en un escritorio ni en una sala de juntas, sino en una cancha de fútbol de barrio, celebrando el cumpleaños de un amigo con una cerveza en la mano. Así comenzó El último campeón, la película documental que este sábado 14 de junio se presenta en el Teatro Santander en una función privada para quienes la hicieron posible: los personajes reales de una historia que dejó de ser solo fútbol y se volvió patrimonio emocional de Bucaramanga.
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El director Daniel Parra, bumangüés de nacimiento y cinematógrafo de oficio, tenía desde hace años la idea de contar una historia sobre el Atlético Bucaramanga. Había intentado con otros directores, grabado algunos planos, tanteado la idea de un documental que capturara la gloria esquiva del equipo. Pero el destino futbolero era incierto, y los proyectos se disolvían como espuma tras cada derrota.
Hasta que una noche, mientras celebraba un partido amistoso y el cumpleaños de su amigo Johncito, la conversación giró en torno a lo impensable: el Atlético Bucaramanga punteando el torneo. Fue entonces cuando Monchito, un hombre de 60 años, lanzó una promesa con voz firme y pecho descubierto: “Si el Bucaramanga queda campeón, me tatúo el escudo en el pecho”. Fue en ese instante cuando Daniel miró a su compañero Andrés y le dijo: “Voy a hacer la película del Atlético Bucaramanga campeón”.
Lo que parecía una simple promesa de parranda se convirtió en el núcleo emotivo de un documental que no solo documenta la hazaña deportiva, sino que también traza un mapa social, cultural y sentimental de una ciudad que soñó junta, celebró junta y se tatuó una estrella colectiva en la piel.
Una ciudad en plano secuencia
La idea de Daniel no era hacer otro documental desde la tribuna, ni centrado exclusivamente en los barristas, como ya se había hecho antes. El último campeón se propuso algo más ambicioso: capturar el latido colectivo de Bucaramanga desde sus esquinas, sus barrios, sus voces y sus emociones. Del norte al sur, del oriente al occidente, la película se tejió con testimonios de hinchas, familias, vendedores ambulantes, niños con camisetas sudadas, adultos que cargan generaciones de ilusiones y canciones que se volvieron himnos.
“Quería que la historia se contara desde nosotros, los ciudadanos. No solo desde la barra o el estadio, sino desde las casas, las calles, los barrios. Porque así vivimos ese campeonato: en comunidad”, explica Daniel.
Uno de los momentos más reveladores del rodaje fue cuando lograron ingresar a la Fortaleza Leoparda Sur, la barra más importante del club. Allí encontraron un discurso que sorprendió al propio equipo de producción: barristas promoviendo celebraciones sin drogas ni alcohol. “Eso nos dio la certeza de que estábamos haciendo la película correcta”, recuerda el director.
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Jane Chávez, productora de la película, cuenta que sacar adelante el documental fue un acto de fe. No tenían financiación asegurada, ni equipo técnico completo, ni entradas para los partidos. “Tocó con las uñas. A veces queríamos rendirnos, pero Daniel siempre decía: ‘vamos a ganar, la película va a tener un final feliz’”, recuerda.
Y así fue. Bucaramanga ganó su primera estrella después de 75 años de historia y El último campeón encontró su clímax soñado. Pero el camino apenas comenzaba. Daniel asumió también la edición, el montaje y la postproducción. Jane, desde la producción ejecutiva, tocó puertas y consiguió el apoyo de empresas como Gobernación de Santander, Alcaldía de Bucaramanga, Unab, Financiera Comultrasan, Fuller Pinto, Ventanar, Más por menos, Implandent, Crezcamos y Eme Ingeniería
Más allá de Bucaramanga: una película con pasaporte cultural
El último campeón ha sido seleccionada en seis festivales de cine, cuatro de ellos internacionales. Hace dos meses, el equipo viajó a Ciudad de México para presentar el documental. Allí, algo insólito ocurrió: el acento santandereano, al que muchos aquí miran con recelo, fue motivo de elogio.
“Nos decían que hablábamos bonito, que transmitíamos calidez, que querían conocer Santander”, cuenta Jane con orgullo. Y es que la película no solo retrata una victoria deportiva, sino una idiosincrasia. Una manera de ser, de hablar, de emocionarse, de creer. Como dice Daniel: “Es una película que muestra quiénes fuimos en 2024, cómo vivimos esa alegría, cómo celebramos sin violencia. Eso también es cultura”.
La película también visibiliza el fenómeno musical que acompañó la estrella: las cumbias. Durante el campeonato, Bucaramanga bailó como nunca. La cumbia de los trapos, de Yerba Brava, se convirtió en himno y la música urbana popular se entretejió con el fútbol como dos lenguajes inseparables.
Por su parte, el cantautor santandereano Richi Oviedo aparece en el documental como testigo y protagonista de ese ritmo común. “Las cumbias no son de un solo sector. No son marginales. Son parte de nuestra identidad como bumangueses”, afirma Daniel.
Yerba Brava, al ver la película, dijo que lo vivido en Bucaramanga no tenía nada que envidiarle a las grandes fiestas argentinas. “Decían: ‘ustedes vivieron esto con una pasión que nos recuerda a nosotros mismos’. Fue muy emocionante”, añade.
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Este sábado 14 de junio, a un año del campeonato, El último campeón se proyectará por primera vez en el Teatro Santander. Será una función privada para los participantes y sus familias, pero también un punto de partida para llevar la película a salas comerciales.
Mientras gestionan nuevos recursos, Daniel y Jane invitan a seguir las redes sociales del proyecto: @DanielJParra y @AndreJaneCH, donde publican avances, tráilers y convocatorias.
“La película está hecha. Lo que necesitamos es que la ciudad la abrace, que se la apropie como suya. Así como nos vestimos de amarillo y verde cuando ganamos, ahora queremos que celebremos con cine”, concluye Jane.
Porque El último campeón no es solo un documental. Es la prueba de que Bucaramanga no solo hizo historia, sino que aprendió a contarla. Y lo hizo con cumbia, con lágrimas, con promesas tatuadas… y con mucho corazón.
















