Casi 40 años después de la toma del Palacio de Justicia, el escritor Isaías Romero publica Dónde está Frank, una novela de ficción histórica que narra la desaparición forzada de un padre a través de los ojos de sus hijos gemelos.

Publicado por: Redacción Cultural
El 6 de noviembre de 1985, en pleno centro de Bogotá, el Palacio de Justicia ardió bajo el fuego cruzado entre el M-19 y las Fuerzas Armadas. Durante más de 28 horas, el país fue testigo de uno de los episodios más violentos y opacos de su historia contemporánea. Al final, más de 100 personas murieron y al menos 11 desaparecieron, entre ellas trabajadores del edificio que nada tenían que ver con el conflicto armado. Treinta y nueve años después, las preguntas siguen vivas. Y ahora, también lo están en la literatura.
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En Dónde está Frank, el escritor colombiano Isaías Romero le da voz a quienes casi nunca aparecen en los libros de historia: los hijos, las familias, los que esperaron en vano frente a una puerta cerrada. La novela narra la desaparición de un padre durante la toma y retoma del Palacio, vista desde los ojos de sus dos hijos gemelos, Miguel y Alex, quienes con apenas 10 años comienzan a enfrentar el peso del silencio, la ausencia y la incertidumbre.
“Es una historia que empecé a escribir hace más de ocho años, después de terminar El Abuelo Rojo. Desde entonces la fui puliendo con mucho respeto, porque el tema lo exige”, cuenta Romero. Su voz se entrecorta, pero no por titubeo: habla con la firmeza de quien ha leído, investigado y escuchado durante años a las víctimas directas e indirectas de este crimen de Estado.
Los protagonistas de Dónde está Frank no pertenecen a los grandes relatos del poder ni a las cronologías oficiales. Son una familia bogotana de clase media baja. El padre, mensajero en el Palacio de Justicia y estudiante nocturno de Derecho, desaparece el día en que acude a su trabajo. La novela reconstruye, desde la ficción, el primer año de vida de sus hijos tras ese hecho, cuando aún no se sabía nada de lo ocurrido en el edificio tomado.
“Quería centrarme en la voz de las víctimas, como lo hice también en El Abuelo Rojo. Hay mucho dolor silenciado en esas casas donde el Estado nunca explicó nada. Me parece fundamental narrarlo desde ahí”, señala el autor.
Lejos de la denuncia explícita o del discurso panfletario, Romero opta por una narración íntima, que oscila entre la nostalgia y la dignidad. La historia se entrelaza con elementos propios del crecer: el primer amor, el colegio, el rock en español, los juegos en la calle. Ese contraste hace que el lector experimente el dolor de la pérdida como una fractura en medio de la cotidianidad.

Un segundo relato: el arte como testimonio gráfico
Para escribir la novela, Romero se sumergió durante años en informes oficiales, tesis universitarias, libros de investigación y literatura testimonial. Leyó todo lo que encontró sobre el Palacio de Justicia, desde las crónicas de Miguel Torres hasta la novela juvenil de Jairo Buitrago, Mirando el humo desde la ventana. También vio documentales y revisó fallos judiciales. “Todo lo que aparece en la novela está documentado. No me invento los hechos. Me invento una historia que podría haber sido real”, afirma.
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Con esa base, construye una ficción histórica que no toma partido en términos ideológicos, pero sí en términos humanos: su bandera es la memoria, y su lealtad está con quienes perdieron a alguien y nunca obtuvieron respuesta.
Uno de los grandes aciertos de Dónde está Frank es su componente visual. Las ilustraciones del artista santandereano Carlos Díaz Consuegra no acompañan el texto: lo reinterpretan. “Carlos hizo otra versión de la historia desde el lenguaje gráfico. Leer el libro es también mirar sus dibujos, seguir otra narrativa en paralelo. El trabajo que hizo fue impresionante”, dice Romero con orgullo.
Díaz Consuegra, reconocido por su trayectoria en el mundo de la ilustración literaria en Colombia, aporta una mirada estética y sensible que amplifica el mensaje del libro. Para muchos lectores, este diálogo entre imagen y palabra será también una puerta de entrada al hecho histórico.
Romero sabe que narrar la toma del Palacio de Justicia no es solo un ejercicio de reconstrucción histórica, sino una responsabilidad generacional. Por eso insiste en que la novela está dirigida también a lectores jóvenes, a quienes, según él, les han escondido parte de su historia.
“Estamos a casi 40 años del Palacio de Justicia y aún seguimos sin comprender del todo qué pasó. Seguimos repitiendo los mismos errores. Es necesario que los niños y jóvenes conozcan este tipo de historias, para poder pensar un país distinto, más justo, más consciente”, concluye.
Dónde está Frank no busca explicar lo inexplicable. Busca que miremos de frente las consecuencias de la desaparición forzada, del silencio institucional, de la violencia enquistada en la vida cotidiana. Lo hace desde una habitación donde dos niños preguntan por su padre. Desde una ciudad que aún no sabe cómo enterrar su pasado. Y desde una literatura que, por fin, empieza a narrar lo que nos negaron.















