Cultura
Sábado 17 de enero de 2026 - 10:14 AM

22 años de la Ley de Cine: ¿qué necesita el cine santandereano para sostenerse?

La consolidación del cine en Santander es el resultado de años de trabajo creativo respaldado por la Ley de Cine 814. Hoy, el reto ya no es empezar, sino recordar qué se necesita para fortalecer un sector en permanente crecimiento.

Suministrada/Vanguardia
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En una de las salas del Centro Cultural del Oriente Colombiano, en Bucaramanga, las imágenes se suceden como una memoria en movimiento. Fragmentos de películas, sonidos, luces y rostros recuerdan que el cine colombiano no se hizo de un día para otro. Detrás de cada plano hay una historia de persistencia, de leyes, de fondos y de creadores que aprendieron a filmar desde los márgenes. Esa es, en buena parte, la historia que hoy se cuenta en Santander a propósito de los 22 años de la Ley de Cine 814.

Desde su promulgación, esta ley se ha convertido en una columna vertebral para el desarrollo del sector audiovisual en Colombia. En Santander, sus efectos son visibles: una escena creativa más articulada, equipos técnicos consolidados y proyectos que dejaron de ser ideas inconclusas para convertirse en largometrajes, cortos y documentales que circulan dentro y fuera del país.

Así lo señala John Agudelo, director de Lalunar Films, quien sostiene que “el FDC ha sido la principal herramienta para que directores y realizadores puedan crear obra propia, diferenciándola de la producción por encargo, ya que permite desarrollar proyectos nacidos de una necesidad artística y expresiva que otros espacios de la industria, como la televisión, no permiten”.

John Chaparro, director de Chicamocha Films, agrega que estos estímulos han sido fundamentales frente a los altos costos de producción, pero requieren un respaldo más amplio para sostener el crecimiento del sector. “Siempre se quisiera que más inversionistas se motivaran a conocer este instrumento de la Ley de Cine y decidieran invertir en nuevas películas, para que no se detenga el proceso de crecimiento cinematográfico en la región”, señala. Chaparro insiste en que hacer cine desde el territorio no solo construye memoria y representación, sino que también puede generar empleo y riqueza cultural y económica.

En Santander, complementa, todavía se realizan pocos proyectos frente a la demanda creativa existente. Para lograr un desarrollo sostenido, considera clave atraer más producciones, tanto nacionales como internacionales, que dinamicen la industria local.

Suministrada/Vanguardia
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Organizar el sector para acceder al cine público

La mirada de Diana Ojeda, directora santandereana y fundadora de Cine Latina, pone el foco en la organización del sector. Para ella, contar con representación audiovisual en el Consejo Departamental de Cinematografía es un punto decisivo. “Si logramos tener consejeros del área de cine quedamos habilitados para participar en las convocatorias regionales del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico”, explica. Gracias a este mecanismo, proyectos como Las Bravas y Uno de los chicos han recibido estímulos para su realización.

En ese contexto nació ARCAS, la Asociación de Cine y Audiovisual de Santander, una organización reciente que agrupa a realizadores del departamento con el objetivo de fortalecer el sector. De acuerdo con Ojeda, los últimos tres años, la producción audiovisual en la región creció cerca de un 70 % y se realizaron alrededor de diez largometrajes. Sin embargo, esta expansión contrasta con una reducción en los recursos públicos destinados al cine, una contradicción que hoy preocupa a los creadores.

La Ley de Cine, insiste Chaparro, funciona como un ecosistema donde pueden convivir creadores e inversionistas. Por eso, su llamado se extiende a personas naturales y jurídicas que declaran renta en Santander y en el país: conocer la ley, invertir en cine y entender que, además de su valor cultural, el audiovisual puede ofrecer retornos económicos y posicionamiento estratégico.

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Para John Agudelo, más que una crisis, el cine vive una transformación. La asistencia a salas se mantiene y sigue siendo vital, no solo para la experiencia cinematográfica, sino porque por los ingresos netos, entre el 6 % y el 8,5 % alimenta el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. En ese sentido, ir a cine no es un gesto menor, es también una forma de sostener el cine que se hace en el país.

Suministrada/Vanguardia
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Cine con alcance global

Ese camino ya lo ha recorrido Iván Gaona, uno de los cineastas santandereanos con mayor proyección nacional e internacional por sus largometrajes Pariente, Adiós al Amigo y ahora, Luis Tercero.

Aunque ha recurrido a diversas fuentes de financiación, el FDC ha sido clave en su trayectoria y demuestra cómo la Ley de Cine ha permitido sostener procesos creativos desde las regiones. Así, el cine en Santander avanza de forma aún frágil, pero en expansión, con la Ley 814 como una herramienta para que las historias del territorio sigan circulando y dialogando con el mundo.

Espejo de Luz en Bucaramanga

Esa trayectoria es la que recoge la exposición “Espejo de luz”, instalada en Bucaramanga por Proimágenes Colombia y el Centro Cultural del Oriente Colombiano. La muestra, abierta al público hasta el 31 de enero de 2026 en el auditorio sur, propone una experiencia sensorial que entrelaza arte, tecnología, sonido e imagen para narrar la historia reciente del cine colombiano.

Antes de llegar a la capital santandereana, la exposición recorrió ciudades como Santa Marta, Armenia, Ibagué, Medellín y Bogotá, y hoy se convierte en un punto de encuentro para reflexionar sobre el presente y el futuro del audiovisual en la región.

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