Más de 70 artistas y proyectos colectivos participan en LA BEBA 2026, una bienal de egresados de Bellas Artes de la UIS que conecta cinco espacios culturales de Bucaramanga.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
“Una sola sala recibe un solo tipo de público. Cinco salas reciben cinco públicos diferentes”.
La cuenta que hace Rosabel Martínez parece sencilla, pero detrás de ella está buena parte de la apuesta de LA BEBA 2026: conseguir que las obras salgan de una única sala y que las personas se desplacen con ellas.
El jueves 6 de agosto, desde las cuatro de la tarde, el centro de Bucaramanga comenzó a convertirse en una exposición extendida. El recorrido conectó la Casa del Libro Total, el Museo de Bellas Artes de la Casa de la Cultura Custodio García Rovira, la Cámara de Comercio de Bucaramanga, la Sala Macaregua de la UIS Bucarica y la Sala de Arte del Centro Colombo Americano. A las 6:30 p. m., la apertura oficial reunió el circuito en la sede UIS Bucarica.
No había una sola puerta de entrada. Se podía comenzar entre los libros de la Casa del Libro Total, avanzar hacia el Museo de Bellas Artes, detenerse en la Cámara de Comercio y seguir hasta UIS Bucarica o el Colombo Americano. La ciudad dejó de ser el fondo de la muestra y se convirtió en parte de ella.
“La ciudad deja de tener una exposición, pasa a tener un recorrido. Eso cambia completamente la experiencia. El público ya no visita una sala, recorre Bucaramanga a través del arte”, explica Rosabel Martínez, coordinadora cultural del Centro Colombo Americano de Bucaramanga e integrante del grupo curatorial.
La circulación funciona en dos sentidos: las obras llegan a lugares con identidades y públicos distintos, mientras los visitantes descubren que la exposición continúa unas cuadras más adelante.
Hay personas que nunca han entrado al Colombo Americano, otras que no conocen el Museo de Bellas Artes y algunas que llegan a la Cámara de Comercio por razones distintas al arte. Para Martínez, el circuito crea la posibilidad de que esos públicos se crucen.
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“La Bienal no solo mueve obras, mueve personas”, afirma.
Milton Afanador Alvarado, artista, egresado de Bellas Artes e integrante del grupo curatorial, señala que el desplazamiento es una parte central de la propuesta.
“Son cinco espacios del arte y la cultura en nuestra ciudad para revisar las prácticas artísticas contemporáneas de los egresados y egresadas de este programa”.
Desde el comité organizador, el estudiante Marcell Bohórquez Gualdron también observa la bienal como una herramienta para relacionar procesos que durante años avanzaron por caminos separados.
“La BEBA es un proyecto que ayuda a dinamizar los procesos en los circuitos artísticos regionales. En esta primera edición fomentamos la unión de cinco espacios emblemáticos de la ciudad”.
La pregunta que quedó después de la escuela
La propuesta curatorial se titula La última tarea. El nombre recuerda una entrega de final de semestre, pero contiene una inquietud que puede acompañar a un artista durante toda su vida: ¿qué ocurre cuando termina la escuela?
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“Teníamos una pregunta y es: ¿qué ha pasado, qué está sucediendo con los egresados del programa de Bellas Artes de la Universidad?”, dice Afanador.
La respuesta llegó en forma de convocatoria.
“El llamado fue respondido y más de 70 artistas, proyectos colectivos, están integrando esta curaduría”.
Pintura, dibujo, fotografía, gráfica, escultura, instalación, video, performance y arte relacional aparecen en las salas. Sin embargo, LA BEBA también permite seguir otros caminos: los de quienes continuaron sus trayectorias en la investigación, la docencia, la gestión cultural, la curaduría o el trabajo con comunidades.
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La bienal retoma el antecedente de una exposición de egresados realizada hace trece años. Esta vez, el encuentro creció hasta convertirse en una plataforma capaz de relacionar generaciones que proceden de una misma escuela, pero que no siempre han tenido espacios para mirarse como parte de una historia común.
Rosabel Martínez considera que esa reunión permite reconocer una comunidad artística que durante años permaneció fragmentada.
“Durante años muchos egresados trabajaron de manera aislada. LA BEBA hace visible que no son trayectorias individuales dispersas, sino que es una comunidad con múltiples generaciones, lenguajes y formas de entender el arte. Eso fortalece el tejido cultural de la región”.
El proyecto nació de las conversaciones de tres egresados y un estudiante: Yadira Polo de Lovato, Rosabel Martínez, Milton Afanador Alvarado y Marcell Bohórquez Gualdron. No comenzó con una gran estructura ni con la certeza de que más de setenta artistas responderían a la invitación.
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“Lo hemos pensado y soñado en red de afectos”, cuenta Afanador.
Esa red se tradujo en llamadas, convocatorias, selección de obras, búsqueda de espacios, montajes y acuerdos institucionales. También en la decisión de trabajar de manera independiente.
“Este ejercicio, que como les dije anteriormente, es un proyecto en red de afectos, es un ejercicio autogestionado y posible gracias a estas instituciones también”, añade.
Una exposición que ocupa la ciudad
Cada una de las cinco salas solía construir su agenda de manera independiente. Para LA BEBA decidieron comportarse como partes de una misma conversación.
La articulación no consiste únicamente en prestar paredes. Cada institución aporta su historia, su experiencia y sus visitantes. También invita al público a continuar el recorrido en las demás sedes.
“Eso genera confianza. Abre posibilidades para nuevos proyectos y demuestra que la cooperación produce un impacto mucho mayor que los esfuerzos aislados”, sostiene Martínez.
En esa cooperación aparece otra de las dimensiones de la bienal: hacer visible, dentro y fuera de Santander, que en la región existe una escena artística activa. Una comunidad capaz de organizarse puede llamar la atención de investigadores, críticos, curadores, gestores culturales, convocatorias y posibles aliados.
Marcell Bohórquez Gualdrón lo plantea desde el territorio:
“Y estos procesos, estos proyectos nos ayudan a darle visibilidad a nuestros artistas, a lo que está pasando en el territorio desde las artes”.
La bienal, entonces, no solo muestra objetos. También muestra que existe una comunidad capaz de producirlos, discutirlos y crear espacios para que circulen.
“No es solo una exposición, es una declaración de existencia”, dice Rosabel Martínez.
La frase adquiere un peso especial en una ciudad donde muchos proyectos culturales sobreviven gracias a la insistencia de artistas, docentes, gestores y salas independientes. Existir también significa dejar registro: fotografías, catálogos, nombres, obras y preguntas que puedan consultarse cuando la exposición haya terminado.
“Dentro de 20 años, alguien podrá mirar hacia atrás y decir: la primera BEBA ocurrió en el 2026. Son circuitos que crean historia, no solamente exhibiciones”, señala Martínez.
Esa voluntad de construir memoria explica también los homenajes de esta primera edición.
Lucila González: construir una casa para el arte
Lucila González Aranda, fallecida en diciembre de 2024, fue historiadora del arte, gestora cultural y una de las fundadoras del Museo de Arte Moderno de Bucaramanga. Durante más de dos décadas dirigió la institución y acompañó el fortalecimiento de su colección, sus salas de exposición, el jardín de esculturas y los procesos de formación de públicos.
Su trayectoria recuerda que el arte no se sostiene solamente con obras. Necesita espacios, archivos, presupuestos, conversaciones y personas dispuestas a defender el patrimonio incluso cuando esa labor ocurre lejos de los reflectores.
Lucila ayudó a construir una casa para el arte moderno y contemporáneo en Santander. Su homenaje dentro de una bienal de egresados reconoce a quienes prepararon las habitaciones antes de la llegada de nuevas generaciones de artistas.
No se trata únicamente de recordar su nombre. Se trata de comprender que buena parte de la vida cultural de una ciudad depende del trabajo persistente, y muchas veces invisible, de quienes crean y sostienen sus instituciones.
Leonardo Caballero: abrir los archivos
Andrés Leonardo Caballero Piza nació en Bucaramanga en 1990 y murió en 2022, a los 32 años. Fue historiador, artista, investigador, escritor y profesor del programa de Bellas Artes de la UIS.
Su trabajo se ocupó de la historia de las artes plásticas y visuales de Bucaramanga, especialmente durante las décadas de 1960 y 1970. También investigó asuntos relacionados con la cultura visual, los archivos, la moda, el género y el territorio.
Caballero revisó imágenes e historias locales para preguntar quiénes habían sido visibles, quiénes quedaron por fuera de los relatos oficiales y de qué manera podían narrarse nuevamente.
En 2024, la UIS presentó Eternamente Bello-Bella, una exposición construida con imágenes cuir procedentes de su archivo personal. La muestra retomó su concepción del arte como una experiencia compartida y como una conversación que continúa entre el creador y el espectador, según la reseña publicada por la Universidad.
Si Lucila González ayudó a construir y sostener una casa para el arte, Leonardo Caballero entró en ella para revisar los archivos, discutir sus relatos y abrir otras ventanas. Sus trayectorias reúnen dos tareas indispensables: conservar la memoria y atreverse a interrogarla.
Los estudiantes no son el futuro: también son el presente
Aunque LA BEBA está centrada en los egresados, su pregunta comienza en el instante en que un estudiante entrega la última tarea y debe decidir qué hará con su mirada.
La participación de Marcell Bohórquez Gualdron en el comité organizador representa ese tránsito. Todavía como estudiante, ayuda a construir una plataforma que busca seguir las huellas de quienes salieron antes de la escuela y conectar distintas generaciones.
Allí está la importancia de mostrar los trabajos de estudiantes y artistas recién graduados. No son únicamente ejercicios académicos ni promesas de una obra que algún día llegará. En ellos ya aparecen las preguntas, las tensiones y las transformaciones de su tiempo.
En distintos lugares del mundo, universidades, bienales y organizaciones independientes observan esas producciones como espacios para descubrir nuevos lenguajes. Durante cerca de tres cuartos de siglo, el programa británico New Contemporaries ha acompañado a artistas emergentes mediante exposiciones, residencias, mentorías y redes institucionales. Por sus selecciones han pasado David Hockney, Paula Rego, Anish Kapoor, Antony Gormley y Mona Hatoum.
La Bienal de Venecia creó el Biennale College Arte para formar y apoyar a artistas jóvenes. En la edición 2023-2024 recibió postulaciones de más de 150 creadores menores de 30 años procedentes de 37 países. Cuatro proyectos obtuvieron apoyos de 25.000 euros y fueron presentados en la 60.ª Exposición Internacional de Arte, según La Biennale di Venezia.
El interés también alcanza al coleccionismo. Roman Vasseur, docente de la Maestría en Bellas Artes de Kingston School of Art, recomienda privilegiar las obras capaces de cautivar y sostener una relación intelectual, en lugar de comprar por moda o estrategia. Joan Waltemath, directora de la escuela de pintura Hoffberger del Maryland Institute College of Art, advierte que apoyar a un artista joven puede impulsar su carrera, pero que la especulación y las negociaciones abusivas también pueden perjudicarla. Sus reflexiones fueron recogidas por Artsy.
Dar visibilidad a los trabajos estudiantiles significa reconocerlos como una especie de sismógrafo. Antes de que ciertas discusiones lleguen a las grandes instituciones, ya están apareciendo en talleres universitarios, proyectos de grado y espacios autogestionados: el territorio, las identidades, los cuerpos, la memoria, la violencia, la crisis ambiental y las nuevas tecnologías.
LA BEBA participa de esa conversación desde Bucaramanga. No intenta anticipar quién será el próximo nombre consagrado. Su gesto ocurre antes: crear las condiciones para que las obras sean vistas, discutidas y relacionadas con la historia cultural de la región.
Dos días después de la apertura, el mapa continúa desplegado sobre la ciudad. Tiene cinco puntos, más de setenta trayectorias y una pregunta que todavía no termina de responderse.
“Una ciudad con circuitos culturales es una ciudad que aprende a encontrarse consigo misma y ese tal vez sea el verdadero sentido de esta primera BEBA”, concluye Rosabel Martínez.













