Antes de convertirse en el rostro de Sábados Felices, Alfonso Lizarazo jugó béisbol con un palo de escoba, participó en un concurso de canto y trabajó como operador en una emisora de Bucaramanga. El locutor, productor, presentador y exsenador murió este martes 4 de agosto, a los 85 años.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.
En el parque del barrio Girardot, en Bucaramanga, Alfonso Lizarazo jugaba fútbol los sábados y béisbol los domingos. Las pelotas las fabricaba con sus hermanos y amigos: envolvían una pepa de corozo con esparadrapo y utilizaban cualquier palo de escoba como bate.
En su casa no había televisión. En las viviendas de algunos amigos sí, pero la pantalla apenas mostraba rayas. La voz, entonces, llegaba primero. Lizarazo escuchaba por la radio las narraciones de carreras de caballos de Julio Nieto Bernal, un paisano santandereano que años después cambiaría el rumbo de su vida.
Esos recuerdos fueron narrados por el propio Lizarazo en un texto autobiográfico publicado por la revista SoHo. Allí regresó al barrio Girardot, a su parque sembrado de pomarrosos y a sus padres, a quienes describió como campesinos santandereanos, trabajadores y estrictos, que levantaron con esfuerzo a su familia.

Alfonso Lizarazo Sánchez, una de las figuras más importantes de la radio y la televisión colombianas, murió el martes 4 de agosto de 2026, a los 85 años, después de afrontar diferentes quebrantos de salud. Su fallecimiento fue confirmado por fuentes cercanas y por medios como Caracol Radio.
Con él desaparece el hombre que convirtió un concurso de cuentachistes en parte de la memoria familiar del país, pero también uno de los bumangueses que mayor influencia tuvo en la historia del entretenimiento nacional.

El muchacho que escuchaba radio
Lizarazo nació en Bucaramanga el 29 de diciembre de 1940. Su primer encuentro con un público ocurrió cuando apenas tenía 13 años y decidió participar en Buscando estrellas, un concurso para cantantes aficionados de Radio Bucaramanga.
No ganó.
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Sin embargo, aquella experiencia le permitió conocer por dentro el mundo que hasta entonces solo escuchaba desde afuera. La derrota en el concurso terminó siendo menos importante que el descubrimiento de la emisora, sus micrófonos y sus controles.
Después ingresó como operador de audio y control a Radio del Comercio. Ese fue, según sus propias palabras, su verdadero comienzo en los medios de comunicación. Antes de presentar artistas internacionales, dirigir programas o aparecer cada semana frente a las cámaras, estuvo detrás de una consola en una emisora bumanguesa, aprendiendo a medir los silencios, las entradas musicales y los tiempos de una transmisión.
Milcíades Longas Zapata, una de las figuras de la radio colombiana, recordaría años después aquel comienzo: “Bucaramanga fue una gran escuela para muchos. Allá se hizo Alfonso Lizarazo, quien era mi control en Radio del Comercio”.
La frase permite comprender que su historia profesional no empezó cuando llegó a Bogotá. Para entonces ya conocía el oficio técnico y había aprendido a escuchar una emisión desde el otro lado del micrófono.

El telegrama que llegó a Bucaramanga
El joven quería seguir estudiando. A los 18 años tomó la decisión de viajar a Bogotá en busca de trabajo. Ya había visitado la capital y le impresionaban su tamaño y la cantidad de gente, pero esta vez el viaje era decisivo.
No llevaba una recomendación formal ni tenía contactos cercanos en la radio nacional. Tenía, eso sí, el nombre de aquel santandereano cuyas narraciones había escuchado desde Bucaramanga: Julio Nieto Bernal, entonces uno de los directivos y locutores más reconocidos de Caracol Radio.
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Lizarazo lo buscó y apeló a una cercanía sencilla: ambos eran paisanos. Le explicó que necesitaba trabajar para poder continuar sus estudios. Nieto Bernal escuchó la petición, recibió sus datos y no le hizo ninguna promesa.
El joven regresó a Bucaramanga. Sus amigos se reían de la confianza con la que esperaba una respuesta. Veinte días después llegó un telegrama: “Listo su trabajo, véngase. Caracol. J. Nieto”.
Aquel empleo, recordaría Lizarazo, duró 38 años. La experiencia adquirida en Radio del Comercio fue su carta de presentación y el argumento con el que pidió una oportunidad. Él mismo contó años después la historia de ese encuentro con Julio Nieto.
Así, el camino hacia la televisión nacional no comenzó con una audición frente a las cámaras. Comenzó con un joven que volvió a Bucaramanga a esperar una respuesta y con un telegrama que llegó veinte días después.
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Del operador bumangués al centro del elenco
En Bogotá, Lizarazo comenzó haciendo turnos en los controles de Caracol. Después reemplazó locutores y terminó convertido en director de Radio 15, una emisora dirigida a los jóvenes que ayudó a transformar la programación musical durante la década de 1960.
Desde allí impulsó a artistas de la Nueva Ola colombiana como Lyda Zamora, Óscar Golden y Ana y Jaime. Radio 15 hablaba de los Beatles, los Rolling Stones, Joan Manuel Serrat, Paul Anka y Roberto Carlos, pero también buscaba que los nuevos músicos colombianos encontraran un espacio.
La televisión apareció después. Lizarazo dirigió Estudio 15, un programa musical por el que pasaron artistas nacionales e internacionales. Más tarde asumió el proyecto que definiría su carrera.
El 5 de febrero de 1972, entre las 8:30 y las 9:30 de la noche, salió al aire por Inravisión un programa llamado Los campeones de la risa. El formato nació como un concurso de cuentachistes y después incorporó representaciones, parodias y personajes. Con el tiempo adoptó el nombre de Sábados Felices, según recuerda Caracol Televisión en su archivo histórico.
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Una fotografía en blanco y negro conserva parte del ambiente de aquellos años. Lizarazo aparece en el centro, vestido de traje y corbata, rodeado por el elenco: pelucas, sombreros, bigotes, vestidos floreados y personajes que se agrupaban frente a la cámara después de una grabación. La imagen resume la estructura que ayudó a construir. Él no era necesariamente quien contaba los chistes, pero sí quien reunía a los humoristas, dirigía el formato y encontraba un lugar para cada personaje.
Durante 26 años fue director y presentador del programa. Por su escenario pasaron Jaime “el Flaco” Agudelo, Hugo Patiño, Carlos “el Mocho” Sánchez, Óscar Meléndez, Humberto Martínez Salcedo, Álvaro Lemmon y decenas de artistas que encontraron allí una puerta de entrada a la televisión.
Hugo Patiño, integrante del elenco desde los primeros años, lo recordó después de su muerte como un hombre exigente, pero cercano. “Viajé con él y siempre fue muy especial conmigo”, dijo en una entrevista con Caracol Radio.
Las fotografías posteriores muestran a Lizarazo junto con los compañeros que participaron en aquella historia y sosteniendo reconocimientos por las décadas de trabajo en televisión. En 2012, cuando Sábados Felices celebró sus primeros 40 años, regresó a los estudios como jurado junto con Hernán Orjuela y Jota Mario Valencia.
Cuatro años después, el programa recibió el reconocimiento de Guinness World Records como la producción de comedia de sketches con mayor permanencia en la televisión. Aunque Lizarazo ya no estaba en la dirección, el récord pertenecía también al formato que había ayudado a levantar desde 1972.

La risa que salió de los estudios
Lizarazo no quiso que el programa quedara encerrado en un estudio. En 1977, el elenco puso en marcha la campaña Lleva una escuelita en tu corazón. Los humoristas organizaron partidos de fútbol, funciones y presentaciones públicas para recaudar recursos.
Durante más de dos décadas recorrieron más de 500 poblaciones y contribuyeron a la construcción de alrededor de 320 escuelas rurales, de acuerdo con la historia institucional de Caracol Televisión.
Los viajes también cambiaron la relación entre los humoristas y el público. Hugo Patiño recordaba que, aunque algunos miembros del elenco ni siquiera sabían jugar fútbol, entraban a las canchas con los habitantes de cada municipio y realizaban funciones en coliseos y estadios. La televisión dejaba de ser una pantalla lejana y adquiría rostros, voces y cuerpos reconocibles.
En 1982, Lizarazo impulsó el Festival Internacional del Humor, que reunió en Colombia a comediantes, imitadores y magos de distintos países. Más adelante promovió el Festival de Magia y fundó su propia programadora.

El país que también atravesó su vida
La trayectoria de Lizarazo también estuvo marcada por la violencia colombiana. El 13 de noviembre de 1994 fue secuestrado por integrantes del Movimiento Jaime Bateman Cayón cuando viajaba con miembros de su programa por el Valle del Cauca.
Las imágenes de archivo permiten reconstruir los momentos posteriores. El 17 de noviembre, después de recuperar la libertad, Lizarazo apareció con una gorra de televisión y respondió las preguntas de los periodistas en el municipio de Florida, cerca de Cali. La fotografía, tomada por Isabel Chávez para El Espectador y distribuida por Associated Press, lo muestra rodeado de micrófonos, todavía con la ropa que llevaba al salir del cautiverio.
Otro registro de Reuters lo ubica ese mismo día en Popayán conversando con el entonces presidente Ernesto Samper. De acuerdo con el pie de foto, los secuestradores habían entregado a Lizarazo un mensaje dirigido al Gobierno y el mandatario manifestó su disposición a intentar una negociación de paz.
Las fotografías muestran un rostro distinto al de las grabaciones de humor: el hombre que acostumbraba permanecer en el centro de un elenco aparecía ahora rodeado de periodistas, convertido involuntariamente en protagonista de uno de los conflictos del país.
Cuatro años después, en 1998, dejó la conducción de Sábados Felices y fue elegido senador de la República. Ocupó una curul hasta 2002, de acuerdo con los registros de Congreso Visible.
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El reconocimiento de su tierra
Bucaramanga también lo reconoció en vida. Un recorte de prensa titulado La Noche de Los Mejores registra el homenaje que la Asociación Santandereana de Locutores les rindió a los hombres y mujeres que habían contribuido al crecimiento de la radiodifusión regional durante tres décadas.
Entre los galardonados por su trayectoria nacional estuvieron Alfonso Lizarazo y Julio Nieto Bernal, el mismo paisano al que había escuchado desde niño y buscado en Bogotá cuando necesitaba un empleo para continuar sus estudios.
Junto con ellos fueron reconocidos Pastor Vesga Ramírez, Carlos Martínez Rojas, Néstor Páez Rodríguez y Edith Ferrer Carrillo por su trabajo en la radio de Bucaramanga.
Los seis recibieron el galardón de “Ciudadano meritorio”, entregado por la Asociación Santandereana de Locutores a nombre de la Alcaldía de Bucaramanga y la Gobernación de Santander, durante la celebración del Día del Locutor.
El homenaje cerraba simbólicamente una historia iniciada muchos años atrás: la del joven del barrio Girardot que admiraba a Julio Nieto sin conocerlo, consiguió su primer trabajo como operador en Radio del Comercio y salió de Bucaramanga buscando una oportunidad. Tiempo después, maestro y discípulo quedaban reunidos por el reconocimiento de la tierra en la que ambos habían aprendido a escuchar.

Antes de hacer reír, aprendió a escuchar
Aunque su carrera se desarrolló principalmente en Bogotá y los últimos años de su vida transcurrieron lejos de Santander, la historia de Alfonso Lizarazo había comenzado mucho antes de las cámaras y de los grandes escenarios.
Comenzó en el barrio Girardot, alrededor de un parque sembrado de pomarrosos. En una pelota fabricada con una pepa de corozo. En un concurso de cantantes que no ganó. En los controles de Radio del Comercio, en la voz de un paisano escuchada a la distancia y en un telegrama que llegó veinte días después de pedir una oportunidad.
Después vendrían las luces, los personajes, los festivales, los viajes, las escuelas, la política, los reconocimientos y una fotografía en la que aparece en el centro de un elenco que ayudó a convertir la risa en memoria colectiva.
Pero antes de poner a reír a Colombia, Alfonso Lizarazo aprendió a escucharla desde Bucaramanga.
















