Indómita
Miércoles 24 de septiembre de 2025 - 07:18 PM

El vino más sorprendente de Santander nació en este municipio

Desde San Vicente de Chucurí, a dos horas de Bucaramanga, un vino de una fruta inesperada está poniendo a Santander en boca de todos.

La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA

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Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

Los turistas se sorprenden cuando lo oyen por primera vez: “¿vino de qué…? Algunos se asoman al mostrador de El Cacaotal con la ceja levantada y la sospecha en la boca. Pero prueban. Y se quedan. Una copa basta para que la rareza se vuelva orgullo, para que la sorpresa se convierta en relato.

Sao Moro, el creador del ya famoso vino de aguacate, no necesita convencer a nadie con palabras: basta dejar que el vino hable solo. “El 99% se va encantado”, dice. El vino de aguacate es una idea increíble que nació en San Vicente de Chucurí, se fermentó entre errores, grasa y pulpa, y hoy representa un pedazo del alma de su tierra.

Y todo empezó con una mata de cacao.

El solar donde Sao construyó su taller de sabores tenía unas matas de cacao, un kiosco y un aire de posibilidad. Era solo un patio, pero él lo vio claro: allí fundaría El Cacaotal, su emprendimiento para transformar, con respeto e ingenio, los tres productos que definen a San Vicente de Chucurí: aguacate, cacao y café.

“Nosotros somos la tierra de los frutos valiosos, explica. Aquí se cultiva de todo, pero no basta con cultivarlo. Hay que darle valor, hay que crear”. Esa idea lo ha guiado desde el inicio. Primero llegaron los helados, las malteadas, los postres, incluso el guarapo de cacao, una bebida fresca y espesa que mezcla miel de cacao con cascarilla. Luego vino el salto inesperado: fermentar.

El primer vino fue de café. Pero el verdadero desafío estaba en el aguacate. “La grasa es lo más difícil, cuenta. Hay que saber trabajarla, entenderla”. El primer intento fue un desastre: el tanque terminó con un líquido oscuro, de olor agrio. “Me dio fue risa, recuerda. Dije: ‘bueno, esto pasó por algo’. Y volví a intentarlo”. Así nació el vino de aguacate: a prueba y error, sin manual, con intuición.

La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA

La cocina como forma de memoria

Antes de El Cacaotal, Sao vivió en otras ciudades. Se fue de San Vicente expulsado por la violencia, buscando mejores oportunidades. La última parada fue Santa Marta, donde se dedicó a llevarle a los santandereanos de la Costa los sabores de su infancia: tamales, masato, yogur, arequipe. “Cuando uno vive lejos y le llevan lo de uno, eso alegra”, dice.

La vida lo trajo de vuelta por una razón más poderosa: cuidar a su mamá enferma, que nunca se fue del pueblo. “Regresé a ver qué hacía. Y encontré el solar, y allí fue”. No fue un regreso fácil ni directo. Vivió un tiempo en Bucaramanga y cada semana viajaba a San Vicente. Hasta que lo logró: instaló su emprendimiento en la tierra que lo vio nacer, y empezó a cocinar con memoria.

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El Cacaotal se volvió punto de encuentro para los vecinos y para quienes llegan de fuera buscando algo distinto. El vino de aguacate se convirtió en símbolo: han venido desde Bogotá y el extranjero solo a probarlo, se lo han llevado de regalo para generales, ministros y familiares en otros países. Se ha vuelto, en palabras de su creador, una “insignia del municipio”.

Eso sí, Sao tiene una ética clara. “No me gusta copiar. Aquí hay mucho por hacer”. Por eso no elabora vinos de naranja ni de mandarina ni de mucílago (elaborado a partir de la fermentación del jugo que rodea las semillas del cacao) aunque están de moda. “Yo quiero hacer cosas que no existan. Productos nuevos que nos representen. La idea es enaltecer el nombre de nuestro municipio”.

Esa vocación de innovación no es casualidad: es su forma de resistir al olvido, al miedo y a la repetición. “Todos tenemos un niño que quiere explorar, dice. A veces lo callamos por miedo. Pero yo creo que hay que dejarlo jugar, sin miedo al error. Si no sale, no pasa nada. Pero no hay que quedarse con las ganas”.

El vino de aguacate no estaba en los libros, ni en las recetas heredadas, ni en las cartas de los restaurantes, pero nació del impulso de crear con lo que se tiene a la mano. Y en San Vicente, como él dice, “la tierra da de todo”.

La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA
La vino más sorprendente de Santander nació en este municipio. Foto suministrada/VANGUARDIA

Patrimonio desde lo cotidiano

El Cacaotal Sao Moro (así lo encuentran en redes sociales) es una cápsula de territorio. Allí se pueden probar vinos, postres, guarapos. Se puede escuchar la historia detrás del producto, o simplemente beber en silencio. Sao dice que su mayor alegría es ver cómo la gente se sorprende con el vino de aguacate: “Hay gente que viene solo a eso. Y la mayoría se va feliz”.

La bebida tiene una textura suave, un aroma inesperado, un dulzor equilibrado. Es vino de verdad, con fermentación, paciencia, técnica. En cada botella hay el reflejo de una apuesta más grande: demostrar que el aguacate también puede contarse en copa.

Sao ha logrado algo difícil: crear algo nuevo que se siente como si siempre hubiera existido. El vino de aguacate ya no es un experimento. Es parte del relato colectivo de San Vicente. Un pedazo líquido de la identidad del pueblo.

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Y eso lo sabe su creador. “San Vicente es una tierra de paz ahora, con mucha historia y mucho futuro. El vino de aguacate ha ayudado a que la gente mire el municipio con otros ojos. Nos representa, y por eso me siento orgulloso”.

Antes de despedirse, repite su eslogan, que ya muchos en la región han hecho propio: “Quien viene a San Vicente y no visita El Cacaotal, es como si no hubiera venido”.

Y quien no se atreve a probar una copa de vino de aguacate, tal vez se pierda uno de los gestos más bellos que puede ofrecer esta tierra: convertir el fruto de su montaña en un brindis por su identidad.

Publicado por: PAOLA ESTEBAN C.

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