Los vinos artesanales consquitan los paladares por su perfecta combinación con platos típicos. Conozca cinco proyectos de Santander que llevan los vinos a un nivel de tradición.

La acidez del corozo con la textura de la hormiga culona son un maridaje perfecto. Los tamales, ayacos, cabro y pepitoria también funcionan bien con un vino de esta fruta del Caribe. El queso chitagá va muy bien con un vino de naranja, por ejemplo. Quizá estos maridajes habrían sido difíciles de pensar, pero ahora la historia se escribe con notas diferentes.
En una tierra de sabores intensos y tradiciones culinarias que sobresalen en el país, nace una nueva apuesta gastronómica. Los vinos artesanales pretenden diversificar los productos del campo y conectar con el turismo a través de nuevas experiencias.
Aunque Santander no es una región familiarizada con los vinos, proyectos con más de 20 años de tradición y otros liderados por nuevos emprendedores demuestando que en esta tierra cálida también puede madurar una cultura del vino que convoque paladares y turistas.
Más allá del gusto, los vinos artesanales santandereanos están promoviendo una conexión entre las frutas de nuestra región, los platos típicos y el turismo. Además, los productores están buscando agremiarse, fortalecer sus conocimientos y técnicas a través de programas como Zasca Frutas, una iniciativa del Mincomercio, iNNpulsa Colombia, el SENA y la Cámara de Comercio de Bucaramanga, que busca reindustrializar el agro con tecnología, capacitación e innovación. Lea también: Prográmese: ya arrancó el festival del mute en Bucaramanga
“Los vinos santandereanos están en proceso de categorizarse como vinos de alta complejidad, dignos de ser evaluados, catados y maridados. No se trata de vender botellas de vino sino una experiencia y los productores santandereanos lo están logrando”, señala Gustavo Chivará, ingeniero químico y consultor especialista en bebidas alcohólicas para Cámara de Comercio de Bucaramanga y proyecto Zasca Frutas.
El reto, según el consultor, es que los productores identifiquen el potencial y viabilidad. “Los acompaño en el mejoramiento de calidad, inocuidad, productividad, logística e innovación”, agrega.
Vangurdia presenta cinco de las historias de emprendedores que ponen en el mapa a Santander con sus vinos artesanales. Incluso, hay quienes apuestan por las rutas para andar por los cultivos, conocer bodegas y disfrutar de catas. Piedecuesta y Los Santos ya ofrecen estas experiencias.
Un vino para maridar con hormiga culona
El corozo conquista los paladares satandereanos con frescura y equilibrio entre dulzor y acidez.
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Aunque se produce en Guamal, Magdalena, donde el corozo es el protagonista, Bucaramanga es la casa oficial de Vino e’ Corozo. Es aquí donde ha encontrado un lugar en la gastronomía local, pero esto ocurrió luego de enseñar al consumidor.
“El corozo tiene acidez, un sabor afrutado, profundo, que va muy bien con cosas que no te imaginas. Yo no cambio el vino de corozo con hormiga culona. Le hemos explicado a la gente que es como tomar café mientras te comes un queso”, cuenta Carlos Julio Baena, creador de Vino e’ Corozo.
Uno de los logros más interesantes del proyecto ha sido el maridaje con los platos santandereanos. “Yo no soy sommelier, pero soy quien ha probado el vino con todos los platos santandereanos. Con hormigas culonas, con tamales, incluso con ayacos”.
Cinco años después de su creación, el vino que exalta las bondades del corozo, es uno de los favoritos de los chefs de la región y ha sido protagonista en nuevas propuestas gastronómicas. Le puede interesar: ¿Qué sembrar en una huerta casera en Bucaramanga?
Un vino robusto y con historia
En la vereda El Pedregal, en Bucaramanga, Luis Fernando Sierra creció rodeado de uva Isabella. “Tengo 27 años y llevo toda mi vida en esto”, dice con orgullo. Continuó el legado de su padre y ahora está al frente de Villaluz.ka, un proyecto que cultiva, cosecha y transforma la uva en vinos secos y semisecos, con un proceso totalmente artesanal.
Estos vinos van muy bien con una carne o unas pastas, según Sierra. “El seco es un vino más robusto, se le sienten los años, ya que lo que nos distingue es que logramos vinos con una crianza de 2 años en adelante. Es un vino que se siente fuerte”, explica haciendo referencia a los 14 grados de alcohol.
Venden directamente en la Plaza Campesina Real de Minas y en ferias del campo. “No usamos químicos, queremos mantener lo más puro el proceso, se siente 100 % natural y se nota la diferencia”, señala.
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Aunque hay retos, este vino ya lleva 25 años en la región. “Gracias a Dios siempre hemos podido cultivar. De hecho, las plagas lo hacen un poco más difícil, pero siempre estamos buscando métodos que sean amigables con el medio ambiente. Es necesario que todos conozcan la cultura campesina de Bucaramanga, que se atrevan a probar estos vinos porque es una oportunidad para posicionarnos como región”, apunta.
Naranja, el cabro y la pepitoria: un maridaje con carácter
Durante la pandemia, Steven Amado Castillo decidió darle un giro profesional a una receta familiar: el vino de naranja de su abuela, con más de 60 años de historia. Así nació Reserva Los Abuelos, un vino artesanal que se elabora en Provenza, Bucaramanga, con naranjas de Lebrija, El Playón y Rionegro.
“El vino de naranja tiene cuerpo fuerte, 13 % de alcohol, aroma frutal, notas ácidas y otras que rescatan lo característico de la cáscara y el corazón de la naranja. Es especial”, describe.
Steven ha logrado maridar su vino con platos típicos santandereanos. El cabro, la pepitoria, el queso chitagá y el pollo, son de sus combinaciones favoritas.
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“Somos bastantes los productores que usamos la fruta y la transformamos en un producto que normalmente se conoce que es solo de uva, pero nosotros quisimos darle un plus a las frutas para poder hacer esa transformación y poder también trabajar en conjunto con el campesino de la región”. Además: Envueltos: un abrazo a las tradiciones de la cocina colombiana

El dulzor del café en una copa
“En Pasión Frutal ofrecemos una variedad de vinos de frutas, sin colorantes ni saborizantes artificiales, seleccionados de la mejor fruta producida en Santander. Elaborados con estándares de calidad para brindar una nueva y agradable experiencia”, expresa Jairo Londoño, químico y líder del proyecto.
La idea, que nació en épocas de pandemia, persigue el objetivo de aprovechar frutas locales como mora, guayaba, piña, maracuyá y gulupa para hacer vinos con notas típicas de la región. Su marca, Disfood Natural, produce también vino de café. “La gente quiere probar cosas nuevas, con identidad local”.
Lo que empezó como un experimento terminó conquistando paladares en el extranjero. “Una amiga llevó botellas a Irlanda y les gustó. En Portugal ya nos quieren representar”, cuenta sorprendido. Su vino de café, por ejemplo, lo describe como “como ese dulzor del cafecito, una sensación de finca: estás tomando vino con ese toque de tradición”.
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Para Jairo, en la región tenemos todo el potencial, “falta que nos unamos como una asociación. Articular el turismo con el vino, que es la idea que presentamos en Santander”, puntualiza.

La versatilidad de la mora
En la vereda Agua Blanca de Floridablanca, Diana Porras continúa la labor que empezó su madre en el año 2000. “Hacíamos vino de mora para la época de diciembre. Hoy vendemos todo el año y apostamos también al vino de piña, durazno, naranja y ciruela”, cuenta.
Su proyecto, Vinos Leito, vende en los mercados campesinos del área metropolitana. No usan químicos, compran fruta local y mantienen procesos artesanales y cuidadosos.
“La gente lo aprecia porque sabe que es natural, que viene de nuestras manos. Nuestro vino semidulce de mora es muy rico… deja un sabor agradable en la boca”, afirma. Para Diana, lo más importante ha sido conectar con la riqueza y bondades de los productos locales.

















