Desde que comenzó su recorrido artístico a los 16 años, Lilia Mery Rodríguez ha dedicado su vida al circo tradicional. Recibió un reconocimiento por su trayectoria y el legado de la dinastía de los Tongorines en Santander.

Publicado por: Redacción Vanguardia
La historia de Lilia Mery Rodríguez Arámburo está ligada a las carpas, los escenarios itinerantes y los personajes que han hecho del circo una expresión artística capaz de reunir a distintas generaciones. Conocida en el mundo circense como Lilia Mery, suma más de seis décadas de trayectoria, durante las cuales ha interpretado diferentes personajes, recorrido escenarios del país y contribuido a mantener viva la tradición del circo colombiano.
Su historia comenzó en 1959, cuando tenía apenas 16 años y asistió a una función del Circo Costeñita. Allí conoció a Pedro Alberto Zambrano, reconocido artísticamente como ‘Tongorito’, payaso y Patrimonio Cultural de Santander. De ese encuentro nació una historia de vida y creación artística que dio origen a la dinastía de los Tongorines, una familia que ha convertido el circo en una herencia cultural. Lea también: Casa Cultural El Solar de Bucaramanga: 33 años de arte, memoria y resistencia en el barrio Alfonso López
Desde sus primeros años, Lilia Mery demostró su versatilidad sobre el escenario. Se desempeñó como presentadora, actriz de sketches cómicos y pantomimas, bailarina y participante de distintos números circenses. Su recorrido le permitió compartir escenario con artistas de la época y participar en espectáculos de lanzamiento de cuchillos, el Globo de la Muerte y actos de ilusionismo.
Junto a Tongorito también creó e interpretó ‘La Conga’, uno de los sketches más recordados de su trayectoria y parte de la memoria artística de esta familia circense.

Una vida dedicada a llevar el circo a las comunidades
Después de recorrer durante más de 20 años las grandes carpas del país, Lilia Mery estableció su vida en Bucaramanga. Allí, junto a su familia, fundó y dirigió más de tres circos propios, con los que durante más de una década llegó a diferentes barrios de la ciudad y municipios de Santander.
Estos espectáculos itinerantes permitieron acercar el arte circense a comunidades que encontraron en las funciones una oportunidad para disfrutar de la magia, el humor y las habilidades propias de esta tradición.
Su trabajo también llegó a los medios de comunicación, con participaciones en espacios radiales como ‘El Club del Tío Pepe’ y las recordadas ‘Tongoradas de Tongorito’, que contribuyeron a mantener el vínculo de los artistas con el público.
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Actualmente, su legado continúa a través de su familia y de la dinastía de los Tongorines, que mantiene vigente el arte del payaso tradicional y la memoria de una práctica artística que ha acompañado a distintas generaciones.

Un reconocimiento a más de seis décadas de trayectoria
Ese recorrido artístico fue reconocido en la convocatoria Bucaramanga Cree en tu Talento 2026, promovida por el Instituto Municipal de Cultura y Turismo (IMCT), en la que Lilia Mery fue seleccionada como ganadora de la Beca de Trayectoria Circense.
Como parte de este reconocimiento, el jueves 5 de noviembre, durante la inauguración del XII Encuentro Ahí Están Pintadas, el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga (MAMB) le entregó un certificado especial por su dedicación, compromiso y aporte al desarrollo del arte circense. Le puede interesar: Paola Cornejo, la artista santandereana que llevó sus animales majestuosos a Hamilton, Canadá
La distinción permitirá desarrollar diferentes actividades para compartir su historia y recuperar la memoria de esta expresión artística. Entre ellas se encuentran un conversatorio-taller vivencial sobre la memoria de las mujeres en los oficios circenses, un espacio de intercambio de saberes con el gremio y una cápsula radial dedicada a reconstruir las memorias de esta tradición.
Más allá de un reconocimiento individual, la trayectoria de Lilia Mery representa también la historia de una familia que ha hecho del circo una forma de vida y una herencia cultural para Bucaramanga y Santander. Una memoria construida durante décadas entre carpas, escenarios y comunidades, que hoy busca transmitirse a nuevas generaciones.
















