A usted y en general a muchos de nosotros se nos hace difícil mantener y lograr nuestros propósitos. En varias ocasiones, eso nos pasa porque no somos disciplinados.

Publicado por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
Aunque a veces es preciso dejar que la vida misma lo sorprenda de una manera grata, usted no se debe quedar sentado esperando a que le llueva maná del cielo.
Es absurdo cruzar las manos y esperar que un milagro lo saque de esa vida resignada que lleva.
No basta con tener el sueño. Si bien es cierto que pensar en él es el primer paso, esto no es suficiente. Para todo son necesarias unas dosis de esfuerzo, emoción y ejecución.
Si cada día al despertarse le abre los ojos a la rutina, le garantizo que no podrá construir un futuro mejor.
Le corresponde levantarse con ganas y hacer todo lo posible para edificar esa vida que realmente quiere disfrutar.
Todo lo que desee alcanzar será producto de una planeación cuidadosa y de un trabajo continuo.
Las personas que cumplen lo que se proponen están concentradas trabajando cada día para lograr que sus ideales se hagan realidad.
Más allá que a algunos la fortuna les llega como un paracaídas, para usted siempre será fundamental ser diligente para alcanzar la prosperidad que está anhelando.
De ahí la importancia de una disciplina racional en su forma de actuar.
Ser disciplinado le despeja el camino, lo lleva a perseverar y, sobre todo, le permite dominar esas distracciones que la cotidianidad le presenta.
También debe armarse de voluntad, no solo porque ella es una poderosa arma que juega a su favor, sino porque sin ella todo quedará en cero.
Debe mantenerse en actividad y desplegar constancia, pero sin caer en la excesiva normatividad ni enredarse en nimiedades.
Es preciso pensar en grande y procurar la excelencia en su trabajo.
Y a menos de que se gane el baloto o reciba una herencia, es solo por las vías de la dedicación y la del tesón con las cuales podrá alcanzar el éxito.
En esta tarea también es fundamental dedicarse a actividades que le permitan obtener resultados concretos y prácticos. A veces usted se queda en divagaciones y suposiciones que no lo conducen a nada.
En estos tiempos no hay plazo para especulaciones, ni para ideas filosóficas que lo atribulen de angustias existenciales y dificultan su enorme capacidad creativa.
Si aún no sabe qué va a hacer con su vida, debe sacar un buen tiempo para reflexionar y replantear el enfoque que le va a dar a su existencia, a fin de que diseñe una ruta a seguir.
Y en esta tarea le recomiendo que no olvide Dios, pues nada podrá hacer sin su Bendición.
Dé gracias al cielo por lo bueno y también por las difíciles situaciones que atraviesa, pues todas ellas también lo moldean y le pulen su carácter.
¡Llénese de entusiasmo!















