Debemos ser responsables de las decisiones que tomamos y, en tal sentido, hay que darles la cara a los errores y enmendarlos. Luego nos corresponde perdonarnos y rectificar el camino.

Publicado por: Euclides Kilô Ardila
¿Quién no se ha arrepentido de haber procedido de una manera errada en algún momento de su vida?
Pese que tenemos la certeza de que no podemos actuar de determinada forma y que no debemos cometer excesos, a casi todos nos ganan la curiosidad, la ansiedad y el acelere por tener todo de una.
Lo grave es que después de fallar sentimos vacíos profundos y nos echamos a la pena. No hablo solo de los arrepentimientos superficiales, también incluyó a los errores crasos. A veces las acciones que hemos tomado o las que no nos atrevemos a realizar nos embadurnan de culpas.
Más allá de haber fallado, será nuestra capacidad para enfrentar el error la que definirá si nos sobreponemos o no al ‘tire de orejas’ de nuestra conciencia.
Lo ‘bueno’ del arrepentimiento es que nos obliga a realizar una reflexión que nos hace mirar hacia dentro y, de alguna forma, eso nos permite redireccionarnos. Obvio que hay que aprender de la equivocación y es claro que se debe hacer tal retrospectiva; sin embargo, lo que no podemos hacer es quedarnos atrapados en la culpa.
No hay que darle tantas vueltas al asunto porque eso nos podría conducir a la depresión y nos multiplicaría aún más la ansiedad.
Lo digo porque hay quienes no soportan la culpa y toman medidas extremas. De hecho, hay personas que no son capaces de asimilar sus errores y la pesadumbre los convierte en seres amargados.
Evitemos quedarnos anclados en el pasado, porque de esta forma le pondremos más lupa a nuestro arrepentimiento.
Desde luego que la experiencia de cometer un error no se debe aplaudir, pero es preciso perdonarnos. No pretendo hacerle una ‘oda a la equivocación’ ni mucho menos, pero creo que en materia de faltas solemos castigarnos más de la cuenta.
De hecho, soy de los que piensa que uno se arrepiente más de lo que no ha hecho que de lo que hizo.
Lo digo porque muchos de mis lectores se la pasan escribiéndome que lloran a toda hora por lo perdido, por el tiempo que se fue, por la relación que creen que no pudieron hacer perdurar, por el temor a realizar un negocio, por no haber querido lo suficiente a sus padres o hermanos, en fin...
Sin ánimo de ‘alcahuetearnos’, debemos sentir compasión por nosotros mismos, enmendar las faltas y sobre todo diseñar estrategias para superar los remordimientos.
No es preciso pasar el resto de nuestra vida rasgándonos las vestiduras, lamentándonos por nuestras faltas y culpándonos porque no supimos actuar bien. Se trata de darnos un respiro y comprender que podemos sobreponernos para lograr tranquilizar la mente. Errores o no, los sentimientos de culpa o lo que denominamos ‘tranquilidad de conciencia’ deben ser superados. Nos corresponde enmendar y pasar la página, para seguir con nuestras vidas.
El caso de hoy
Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. Ellas rodean los pensamientos, los atosigan, nos quitan la calma y finalmente logran intoxicarnos; tanto que no encontramos respuestas satisfactorias. Pero con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o empleando terapias de saneamiento mental. ¿Cuáles son esos temores que le atacan el alma? Escríbame a través de este correo: eardila@vanguardia.com En este espacio de reflexión le responderé. Veamos el caso de hoy:
Testimonio:
“Afronto varios problemas que tienen mi estado de ánimo en el piso. Me exaspero con facilidad y lo peor es que me siento estancado con mis cosas. ¿Por qué me pasa eso a mí? ¡No es justo! Pienso una y otra vez en mis problemas y me hundo en un ‘mar de angustias’. Traté de descansar, me quedé sin hacer nada y ahora estoy peor. No sé qué hacer, pues siento que las indecisiones me turban aún más. Hace algunos días leí su columna y sé que usted podría darme luces al respecto. Se lo agradecería”.
Respuesta:
Dejarse absorber por las dificultades altera su estado de ánimo y eso, de manera literal, es una limitante para su progreso y para su estabilidad emocional. Debe desarrollar una mayor capacidad y agilidad para resolver las situaciones adversas que se le presenten. En ese orden de ideas será fundamental mantener la calma ante las vicisitudes, a fin de que pueda actuar con mayor seguridad y acierto.
Usted no es el único que se enfrenta a problemas. Se lo digo porque esa lucha interior que ha venido llevando debe cesar, para darle paso a una decidida acción que le permita salir de ese atolladero en el que está. No puede nutrir su inseguridad porque, desde lo que percibo al leer sus líneas, ella puede ser la causante de su estancamiento.
Confíe más en usted mismo y verá que todo le resultará mejor. Es fundamental una sana actitud y, en ese sentido, le corresponde aprender a calmarse. Esa ‘pensadera’ en sus preocupaciones en últimas es la que no le ha permitido ver todas las posibilidades que tiene frente a usted para triunfar.
Relájese y aproveche los momentos de descanso. Recuerde que la vida se hizo para disfrutarla al máximo. Algo más: el verdadero descanso no consiste en no hacer nada sino en hacer aquello que le agrada y que le proporciona la mayor placidez posible.
Siga fiel a sus principios y déjese llevar por la intuición, porque ella lo guiará indefectiblemente hacia lo que tanto anhela.















