Espiritualidad
Domingo 16 de marzo de 2025 - 01:27 PM

Tema espiritual del día: ¡Que los problemas no nublen su entorno!

¿Está desanimado? No se preocupe más de la cuenta. Mejor sacúdase el aburrimiento y decida enfrentar el día a día con la mayor entereza posible.

El Sol siempre brilla, incluso en los días nublados.
El Sol siempre brilla, incluso en los días nublados.

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A veces, ni siquiera el sol logra borrar la densa niebla que cubre nuestra cotidianidad. El horizonte se tiñe de un gris impenetrable, y el alma y el desgano nos invaden.

Sucede que, en ocasiones, amanecemos atrapados en una sensación de desgano que nos envuelve y “nos baja de nota”. Hablo de esos días en los que nos cuesta levantarnos por la mañana, cuando enfrentarnos al quehacer diario nos aburre.

Son épocas en las que incluso dejamos de encontrarle sentido a lo que antes nos emocionaba. La vida parece volverse tediosa, sin brillo ni entusiasmo.

¿Por qué nos sucede esto?

Los problemas nublan nuestra mente.
Los problemas nublan nuestra mente.

Tal vez porque pasamos los días sumergidos en muchas actividades, acumulando trabajo, preocupaciones y pensamientos innecesarios que asfixian nuestra mente.

Nos exigimos tanto que, al final, terminamos sintiéndonos vacíos, agotados y sin energía para disfrutar lo más simple. La mente y el cuerpo tienen sus límites, y cuando los sobrepasamos, es natural que el desaliento nos alcance.

Pero no siempre se trata solo de cansancio físico o mental. Muchas veces, el desánimo nace de heridas emocionales no sanadas. Alguna decepción, una dificultad sin resolver o una carga que llevamos en silencio pueden estar apagando nuestra alegría sin que nos demos cuenta. Si no nos detenemos a hacer una autorreflexión para comprender qué nos pasa, seguiremos presos del tedio. (Lea además: Una sencilla suma espiritual)

En medio de ese letargo, es fácil olvidar que dentro de nosotros existe una enorme capacidad de recuperación. A veces, solo necesitamos hacer una pausa, respirar y recordar que no estamos solos.

Orar, en cualquiera de sus formas, puede ser un refugio. Cuando elevamos una plegaria o simplemente buscamos un momento de conexión con algo más grande que nosotros mismos, encontramos fuerza donde pensábamos que no la había.

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No se trata de esperar un milagro inmediato, sino de dar pequeños pasos hacia nuestra tranquilidad. Debemos volver a conectarnos con lo que nos inspira, rodearnos de personas que nos transmitan energía positiva y, sobre todo, confiar en que podemos salir adelante.

La fe en Dios, en la vida y en nosotros mismos es un motor poderoso que nos ayuda a recuperar la chispa que creíamos perdida.

También es importante recordar que la vida no siempre será perfecta ni libre de problemas. Habrá días grises, momentos de duda y pruebas que pondrán a prueba nuestra fortaleza. Pero si enfrentamos esas temporadas con valentía, si aprendemos a soltar lo que nos duele y confiamos en que cada día trae una nueva oportunidad, podremos ver la belleza incluso en lo más simple.

Debemos tener presente que, aun cuando el cielo parezca cerrado, la luz sigue dentro de nosotros. No somos solo un reflejo de lo que nos rodea, sino también una fuente de brillo propio, capaz de encenderse incluso en la oscuridad.

Cuando sintamos que el desgano nos vence, no bajemos los brazos. Miremos hacia dentro, busquemos eso que nos motiva y demos el primer paso para recuperar nuestro entusiasmo. Porque la chispa de la vida nunca desaparece por completo; a veces, solo necesita que le demos un poco de aire para volver a brillar.

Si la claridad no viene de afuera, entonces que salga de adentro, porque hasta en los días más grises siempre hay una luz al final del túnel.

La pregunta de hoy

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

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¡Cuéntenos su caso!
¡Cuéntenos su caso!

Testimonio: “Un hermano me traicionó y me ha costado perdonarlo. De eso ya pasaron tres meses y no logro sobreponerme; incluso, cada día que pasa tengo más tristeza y confusión. No sé cómo sanar esta herida ni si debo perdonarlo y hacer como si nada. ¿Usted qué me aconseja?”.

Respuesta: Es relativamente ‘normal’ que sienta tristeza y confusión, pues la confianza es un pilar fundamental. Así las cosas, lo primero que quiero decirle es que sus sentimientos son válidos, y no debe minimizar lo que siente ni apresurarse a “superarlo” sin antes haberlo procesado. Si hace “como si nada” hubiera pasado, deformará su realidad, se romperá y quedará preso de su propio engaño.

En estos momentos, es importante que cuide su bienestar emocional. Se lo digo porque esa traición puede hacer que dude de usted mismo y de los demás, generando ansiedad o incluso miedo a volver a confiar.

Es decir, permítase sentir, pero también busque herramientas para sanar. La sanación es un proceso, y cada persona la vive a su propio ritmo.

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Entiendo que la relación con su hermano y con el resto de la familia pueda haberse visto afectada. Las heridas emocionales no sanan de la noche a la mañana, y tal vez sienta que el vínculo entre ustedes nunca volverá a ser el mismo.

Podría evaluar si vale la pena reconstruir esa relación o si es mejor marcar límites para proteger su paz interior. No tiene la obligación de perdonar de inmediato ni de restablecer el vínculo si esto le genera más sufrimiento.

Esta experiencia, por dolorosa que sea, no define su capacidad de confiar en el futuro. Aprender de lo ocurrido y fortalecer su autoestima pueden ayudarlo a salir adelante. Eso sí, procure no seguir almacenando rencores.

Consejos

Luces y sombras
Luces y sombras

En la vida hay luces y sombras, y, querámoslo o no, a todos nos corresponde transitar por ambas. Por eso, debemos entender que ni la luz es 100 % ‘buena’ ni la sombra es totalmente ‘mala’; simplemente son. Las dos forman parte de nosotros y, por lo tanto, no debemos “erradicar” lo que “brilla menos”.

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A veces hay que tomar otro rumbo.
A veces hay que tomar otro rumbo.

¡Todo puede cambiar de la noche a la mañana! En cualquier momento, algo puede tomar un rumbo inesperado. Por eso, viva el día a día, disfrute el momento y, sobre todo, no se aferre a nada. Confíe en usted, en lo que es y en todo lo bueno que da. Tenga la certeza de que, al actuar con rectitud, será bendecido.

Gran verdad
Gran verdad

Hagamos de todo, menos daño. Jamás le desee el mal a nadie ni se preste para maltratar a otros. Recuerde que, en la vida, todo regresa multiplicado. Y aunque parezca que no, nadie puede correr lo suficientemente rápido como para que su propia maldad no lo alcance. Insisto: en esta vida, todo se paga

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