Estar con nuestro Señor Jesús nos fortalece espiritualmente y nos ayuda a sobrellevar esos problemas que llegan con la cotidianidad. Eso también impacta nuestras relaciones con los demás, ya que su amor nos enseña a amar a nuestros prójimos de manera incondicional y a vivir en armonía y perdón.

Muchas veces me preguntan qué sucede cuando comenzamos a sentir a Dios cerca, cuando su presencia se vuelve real en nuestro corazón. Por eso, hoy quiero compartir algo personal con usted, algo que ocurre cuando le abro la puerta a Jesús: cuando eso sucede, todo cambia para bien. Sí, la vida se me ensancha, los días adquieren un significado nuevo y lo que antes parecía suficiente, de pronto, se desborda en bendiciones.
No importa la religión que se practique; lo cierto es que, cuando se permite que el amor de Dios nos encuentre, todo se transforma. Su amistad no es un concepto abstracto ni algo reservado únicamente para los días de misa. Es algo cotidiano, que se manifiesta en los pequeños detalles de cada día.

Jesús está presente en la paz que llena el corazón en medio de la duda, en la fortaleza que surge cuando parece que ya no se puede más y en la alegría serena que no depende de lo que sucede afuera, sino de lo que habita en el interior.
Su cercanía abre las puertas a una felicidad que no se desvanece con el tiempo ni depende de lo externo, sino que brota desde lo profundo del alma. Y no es necesario esperar señales del cielo ni momentos extraordinarios para sentir su presencia. Dios se manifiesta en la oficina, en un gesto de ayuda sincero, en una mirada atenta hacia quienes nos rodean, en un apretón de manos… En lo cotidiano, Él se muestra con más claridad.
Cuando se permite que Dios entre en la vida y habite en el corazón, se encuentra una fuente inagotable de esperanza. No es que los problemas desaparezcan; sin embargo, se afrontan con una actitud diferente. Tampoco es que la vida se vuelva perfecta, pero sí adquiere un sentido nuevo con Él.
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Abrirle el corazón no es perder, sino ganar en grande. Es encontrar una libertad más profunda, una alegría más auténtica y un amor que nunca se agota. Lo invito a acercarse más a Jesús. Él nunca le fallará.
La consulta del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
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Testimonio: “Lo digital ha sido valioso porque nos ha permitido avanzar y crecer, pero también ha reducido el contacto ‘cara a cara’ con nuestros seres queridos y amigos. Me gustaría que reflexionara sobre ello, desde el punto de vista espiritual. Gracias”.
Respuesta: Pertenecemos a una generación de celulares, blogs, iPods, etc... Se puede acceder a una gran cantidad de información; sin embargo, esos datos no ayudan a reconocer cuándo se está actuando incorrectamente.
Del Internet no se pueden descargar la bondad, la alegría o la compasión. Esas cualidades deben cultivarse a la antigua: conversando, amando y reflexionando.
Las conversaciones profundas han sido reemplazadas por mensajes instantáneos, lo que genera una sensación de ‘conexión’ que, en muchos casos, resulta superficial. La inmediatez de la comunicación digital nos ha acostumbrado a respuestas rápidas, pero no siempre cálidas, debilitando nuestra capacidad de escuchar, interpretar el lenguaje corporal y desarrollar empatía en la interacción. Así, lo que antes se resolvía con un apretón de manos o una mirada comprensiva, hoy se traduce en notificaciones que muchas veces no logran transmitir la verdadera esencia de una emoción.
Este cambio ha provocado un aumento en la sensación de soledad y desconexión, a pesar de estar constantemente ‘conectados’.
La falta de contacto físico puede hacer que los vínculos sean más frágiles y menos satisfactorios. Además, al depender de las pantallas para interactuar, muchas personas experimentan ansiedad en los encuentros presenciales, perdiendo la naturalidad y la espontaneidad que solían caracterizar las relaciones en el pasado.
En síntesis: Aunque la tecnología ha facilitado la comunicación a distancia, es esencial encontrar un equilibrio que nos permita recuperar la riqueza emocional de la interacción cara a cara.
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Reflexiones cortas

Si alguna vez no recibe la sonrisa que espera, sea generoso y brinde la suya. Nadie necesita más una sonrisa que aquel que no sabe reflejar un gesto amable en su rostro. ¡No olvide que la sonrisa tiene un poder conciliador!

Cuando usted ama y sirve a los demás de manera desinteresada, la vida misma le retribuye con más amor y siempre encontrará a alguien dispuesto a tenderle la mano. Todo lo que usted da siempre regresa multiplicado.

Cuide sus palabras y sobre todo evite usarlas irresponsablemente, pues tienen el poder de influir en su realidad y en las de los demás. Además, las maldiciones suelen estar ligadas a la ira, al odio y a la venganza.

El Señor es quien va delante de usted, sobre todo cuando afronta un viacrucis. Él estará a su lado, no lo abandonará ni lo desamparará. Si tiene presentes estas grandes verdades, comprenderá que puede llegar tan lejos como se lo proponga.
















