La vida no es perfecta, pero sí es muy bella. O nos aburrimos por todo o aprendemos a sobrellevar los días duros. Hay que tener una visión más abierta, flexible y serena.

Existe la idea errada de que una vida feliz es una vida sin contratiempos. ¡Nada más alejado de la realidad! Todos, en algún momento, atravesamos días complicados, decisiones difíciles o situaciones que no esperábamos.
La vida, en verdad, está hecha de momentos ‘buenos’ y ‘malos’, de risas y preocupaciones, de aciertos y errores. Y en ese sentido, tenemos dos opciones: hacernos la vida a cuadros o a círculos. ¡Así de literal!
La primera opción tiene que ver con complicarnos innecesariamente. En lo espiritual y en lo cotidiano, nos llenamos de preocupaciones, perfeccionismos, juicios, miedos o exigencias que nos limitan, lo que puede derivar en estrés o desánimo.
Pero si optamos por hacernos la vida a círculos, en el fondo, vivimos de una manera más fluida y armónica, reconociendo que todo es cíclico y natural, y que por lo tanto el mundo no tiene por qué ser rígido.
Lo cierto es que cada día estamos a prueba. Hay momentos en los que todo fluye y otros en los que sentimos que nos ahogamos en compromisos, cansancio o dudas.
Yo diría que no existe un camino perfecto ni libre de obstáculos; pero tampoco es cierto que hayamos venido a este mundo a sufrir.
Tal vez por eso debamos aprender a caminar con firmeza, incluso cuando el suelo que pisamos no sea del todo estable.
En esas jornadas difíciles es cuando más necesitamos templanza; es decir, la capacidad de mantenernos serenos, sin perder el rumbo ni dejarnos vencer por las emociones negativas.
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Si logramos conservar el optimismo y no permitir que los problemas nos derroten por dentro, podremos seguir adelante con energía y coherencia.
Ojo: no se trata de fingir que todo está bien, sino de entender que las dificultades hacen parte del camino, y que nuestra actitud frente a ellas puede marcar una gran diferencia en los resultados.
La vida es como un tejido: se entrelazan hilos claros y oscuros, días soleados y noches nubladas. Si aceptamos que así es, que las sombras también son parte de nuestra historia, podremos dejar de pelear con la realidad y empezar a vivirla con sabiduría.
Reitero: no se trata de huir ni de buscar una perfección inexistente, sino de aprender a hacerle frente a lo que llega, con valentía y responsabilidad.
Es necesario abandonar esa vieja idea de que una vida feliz es una vida sin tropiezos. Esa fantasía solo nos llena de frustración, porque la vida real tiene complicaciones, y eso no la hace menos valiosa. Al contrario, superar dificultades fortalece el carácter, nos hace crecer y nos permite valorar más los momentos de tranquilidad.
También es importante ser humildes. La sencillez en el actuar es una herramienta poderosa. No necesitamos demostrarle nada a nadie ni aparentar lo que no somos.
En síntesis, la vida tiene de todo. Pero si caminamos con fe, con templanza, con los pies en la tierra y el corazón sereno, podremos sortear los problemas y construir, día a día, una vida con sentido.
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¡Cuéntenos su caso!

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Mi vida está envuelta en afanes que han hecho muy difícil el camino hacia mis objetivos. Son tantos los compromisos que siento que no seré capaz de lograr lo que quiero. Eso me da miedo y me llena de un poco de angustia. A la par con lo que hago, veo que todo en mi día a día se vuelve rutinario y, en ocasiones, siento que me estoy desgastando. ¿Qué consejo podría darme?”.
Respuesta: Sé que el camino que transita no siempre es ni será del todo fácil. A veces, el peso de los compromisos y el afán por cumplir pueden llenarlo de inquietud y temor. Y eso, créame, es más común de lo que parece: nos ocurre a muchos cuando deseamos, con sinceridad, que todo salga bien.
Sin embargo, quiero recordarle algo profundo: quien siembra con rectitud, cosecha con bendición. Siga actuando con justicia, con bondad y con firmeza. No se detenga ni ceda al miedo. Confíe en Dios, que guía los pasos de quienes obran con fe, y también confíe en sus capacidades, que no son menores. Ha llegado hasta aquí por mérito propio, y ese mismo compromiso le permitirá seguir avanzando.
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Permita que el tiempo y el curso natural de los hechos hablen por usted. Sus decisiones valientes, nacidas desde la convicción y la integridad, le permitirán sortear cualquier dificultad de forma acertada, abriendo paso no solo a sus sueños, sino también al bienestar de quienes le rodean.
No tema diseñar un proyecto de vida ambicioso y noble. Uno que inspire, que sea digno de ser compartido y admirado, y que, por su autenticidad, atraiga alianzas sinceras, amistades leales, apoyos generosos y logros duraderos. Ponga el corazón en lo que cree, y el alma en lo que ama.
Si siente que la rutina lo desgasta, sea creativo. Confíe en las personas que le acompañan y regálese la posibilidad de renovarse. Reinventarse también es un acto de esperanza, y la esperanza es un signo de fe viva.
Y, por último, no deje de agradecer. Deténgase un momento para mirar con amor las pequeñas bendiciones de cada día: una conversación que reconforta, el descanso merecido, la comida servida con cariño, la luz del sol atravesando una ventana. La vida, aun en medio del afán, sigue siendo generosa.
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Estoy convencido de que, con Dios como guía y con la fortaleza que le habita, el rumbo que ha tomado le conducirá, sin duda, a victorias que traerán paz a su corazón. ¡Así será!
Tips cortos

El cambio de actitud es más importante que el cambio de escenario; porque podrá huir de todo el mundo, pero no podrá escapar de usted mismo ni de lo que lleva por dentro.

Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es solo información, sino también juicio para saber qué hacer con todos esos datos.

Entre más calmado esté, más claramente pensará. Muévase con estrategia, no con emociones.

Levántese agradeciendo a Dios, y bendecido será. Además, su vida debe ser clara como la luz del sol y libre como las mariposas. También se íntegro. Y recuerde que la integridad no es una palabra condicional; no sopla con el viento ni cambia con el clima. Es la imagen interior de usted mismo. ¡Sea verdadero y honesto!

Cuando somos niños creemos que todo es posible. Deberíamos tenerlo presente y seguir adelante con nuestros sueños.
















