Lo que viene para mí no está escrito en ninguna parte: se construye con cada paso, cada decisión y cada vuelo. Por eso, más que esperar un destino, prefiero trabajar en mi presente, porque así voy dando forma al futuro que quiero vivir.

Muchos se preguntan si cada uno está destinado a cumplir determinada misión y si, en el trasegar de su vida, esta se cumple tal cual. ¿Será?
Cuando escucho la frase “cada quien vuela hacia su destino” me pongo a reflexionar al respecto. Y es que mucha gente cree que uno ya viene con un libreto escrito y que, tarde o temprano, se cumplirá al pie de la letra.

Pero, desde mi experiencia y con todo respeto para quienes no piensen igual, no lo veo así. No considero que exista un plan secreto que decida quién va a triunfar y quién va a fracasar. ¡No sería justo!
Lo que sí creo que existe es el camino que cada persona construye día a día con sus acciones, sus hábitos y sus decisiones. Yo, por ejemplo, no llegué al periodismo por casualidad; estudié para ello y, con tropiezos y aciertos, tengo la posibilidad de escribir en un medio de comunicación.

El futuro no es un regalo caído del cielo: se va formando con lo que hacemos hoy. Si me esfuerzo, aprendo y mejoro, estoy preparando un mañana diferente al de quien se queda quieto esperando que las cosas cambien solas.
Claro que hay factores externos que pueden ayudar o dificultar. No es igual crecer en una familia llena de valores que en un ambiente donde cada quien hace lo que quiere. Pero, al final, yo cosecho lo que siembro. No puedo esperar un futuro brillante si me levanto tarde, no estudio, me dejo arrastrar por los vicios, busco siempre la salida fácil o les echo la culpa a los demás de todo lo que me pasa.
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Tampoco creo en eso de que unos nacen con gloria y otros sin ella. Todos tropezamos, todos cometemos errores. La diferencia está en cómo reaccionamos: hay quienes aprenden, se levantan y siguen; y hay quienes se quedan en la queja o culpando a otros.
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Si quiere un horizonte distinto, empiece por algo pequeño hoy: levántese un poco más temprano, aprenda algo nuevo, ahorre, cuide su salud, evite los vicios o las excusas. Son pasos simples, pero son los ladrillos con los que se va construyendo el camino que le llevará al futuro que desea.

He visto que quien dedica su tiempo al estudio, al trabajo y al respeto termina abriendo puertas y cultivando oportunidades. Y también he visto que quien se deja llevar por la pereza, los vicios o la crítica destructiva, al final cosecha problemas. Así de sencillo.
Las personas que construyen su vida no se sientan a esperar milagros ni consultan cartas astrales para saber qué hacer. Se levantan, se forman, corrigen sus errores y buscan ser mejores cada día. No es fácil, pero es posible y vale la pena. Yo intento vivir así.
Por eso, he aprendido que necesito fuerza interior para seguir adelante. Esa fuerza la alimento con valores, con disciplina, con vida espiritual y con una actitud abierta al aprendizaje. Eso me da carácter para enfrentar dificultades y no rendirme.
Mi camino depende de mí. No creo en la suerte ciega: creo en mi trabajo, en mi preparación y en mi capacidad de recomenzar. Mi futuro lo voy construyendo hoy; no lo dicta ningún destino.
Breves reflexiones

No le diga a la gente sus planes; muéstrele sus resultados. Es más valioso actuar y alcanzar objetivos que solo hablar de ellos. En lugar de anunciar intenciones o hacer promesas, concéntrese en cumplirlas y deje que los hechos hablen por sí solos.

Donde va el enfoque, allí sigue la energía. Si se enfoca en metas positivas, sus acciones y resultados tenderán a dirigirse en esa dirección; en cambio, si se concentra en lo negativo, también allí terminará gastando su energía.
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A pesar de las dificultades, el simple hecho de vivir tiene un valor y un sentido. Mire la existencia con gratitud y optimismo; aprecie los momentos sanos, las relaciones y las oportunidades, en vez de quedarse solo en las quejas.

Sea apoyo o respaldo antes que un estorbo. Esto implica tender una mano, ofrecer ayuda emocional y, sobre todo, ser empático. Esté dispuesto y sea comprometido con las buenas causas para poder estar presente cuando se le necesite.
Pregunta del día

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en estos tiempos. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “¿Cómo se alcanza el éxito? Se lo pregunto porque, en cierta medida, considero que algunos nacen con estrella y otros, como parece ser mi caso, nacen estrellados”.
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Respuesta: Eso de “nacer con estrella” o “nacer estrellado” no es del todo cierto. Usted no nació para ser víctima; tal vez deba canalizar mejor sus fuerzas.

Disponga su energía, su corazón y su mente al servicio de un propósito firme. Deje atrás las quejas o las excusas; así el triunfo será suyo.

El éxito no es un privilegio predeterminado, sino el resultado de decisiones, disciplina y perseverancia. Cada individuo, sin importar su origen, puede cultivar sus talentos, aprender de los fracasos y aprovechar las oportunidades que construye con esfuerzo. Claro está que en todo debe haber entusiasmo y lo que yo llamaría tres tipos de energías:
- La primera es aquella que permite resistir el esfuerzo físico, superar el cansancio corporal y sostenerse frente a las exigencias materiales de la vida diaria.
- La segunda es la energía que definiría como del héroe, la que surge del corazón y se refleja en la capacidad de entrega y sacrificio. Dicho de otra manera: es la fuerza interior que impulsa a actuar por amor, responsabilidad o compromiso, incluso cuando el cuerpo pide descanso.
- La tercera, y tal vez la que podría conducir al éxito final, es la energía que otorga sentido común, lucidez y serenidad para decidir con prudencia. Esta última se debe cultivar y mantener alejada de las emociones negativas, entre otras cosas para tener claridad mental y equilibrio, y actuar sin atropellar, conservando la cabeza fría en medio de la presión.
La verdadera vitalidad del triunfador nace de la integración de estas tres energías: cuerpo, corazón y mente al servicio de un propósito firme. ¡Ánimo, usted puede salir adelante!















