Espiritualidad
Jueves 30 de abril de 2026 - 01:10 PM

No todo es urgente: aprenda a vivir con calma

Hemos aprendido a vivir como si todo constituyera una urgencia o como si todo exigiera una respuesta inmediata. En medio de esa prisa, es fundamental concederse una pausa.

La serenidad olvidada en un mundo acelerado.
La serenidad olvidada en un mundo acelerado.

Compartir

A menos que seamos atletas o el trabajo lo exija, la clave no está en correr ni en vivir de aquí para allá a mil, metidos en afanes. ¿Por qué digo esto? Porque poco a poco hemos ido adoptando un ritmo acelerado, como si todo fuera urgente y no hubiera tiempo suficiente para vivir con calma.

Nos movemos de un lado a otro, respondemos sin pensar mucho y cargamos con esa sensación de que siempre falta algo por hacer. En medio de tanto ruido y prisa, dejamos de lado algo muy importante: la serenidad. Hablo de esa tranquilidad que nos permite disfrutar, respirar y vivir cada momento.

Buena reflexión.
Buena reflexión.

Sin darnos cuenta, vivir rápido se vuelve costumbre. Vivimos, comemos, hablamos… y al final terminamos sintiendo el cansancio. El cuerpo y la mente no están hechos para sostener ese ritmo frenético. Cuando no hacemos pausas, el estrés se acumula, el sistema nervioso se agota y terminamos creyendo que es normal vivir cansados. Pero no lo es. Nos hemos acostumbrado a darle demasiada importancia a todo, como si cada problema fuera definitivo, como si cada pendiente fuera de vida o muerte.

A veces basta con mirar hacia atrás para notar algo sencillo: muchas de las cosas que nos preocuparon ya pasaron, y no eran tan grandes como parecían. Hemos aprendido a agrandar los problemas, a cargar con más de lo que nos toca. Y así, sin darnos cuenta, vamos haciendo la vida más pesada.

También queremos resolver todo de inmediato, tener todo bajo control, no dejar nada pendiente. Pero la vida no funciona así. Hay cosas que toman tiempo, procesos que tienen su propio ritmo, momentos que no se pueden apurar. Cuando entendemos eso, algo dentro de nosotros se calma.

A veces nos preocupamos más de la cuenta.
A veces nos preocupamos más de la cuenta.

No todo merece ese nivel de preocupación. Muchos problemas que hoy parecen enormes, con el tiempo pierden importancia. Aprender a soltar, a no aferrarnos a cada dificultad, es una forma de aligerarnos. La vida no tiene que ser una carrera constante.

Bajar el ritmo no significa dejar de hacer cosas, sino hacerlas de otra manera. Respirar con calma, caminar sin prisa o escuchar de verdad son cosas simples, pero ayudan mucho. Nos traen de vuelta al presente, a lo que de verdad importa.

Debemos detenernos unos minutos, mirar alrededor y sentir la vida como es. Hay que recordar que no todo tiene que resolverse ya. Que la vida no es una competencia para llegar primero, sino un camino para vivirlo.

Publicidad

Debemos confiar en que cada cosa llega a su tiempo, que no todo depende de nuestro control. Hay un orden más grande, un ritmo natural que no necesita ser forzado.

Soltar la urgencia también es confiar. Es entender que no tenemos que cargar con todo, que podemos descansar sabiendo que las cosas poco a poco se van acomodando. Cuando dejamos de darles tanta importancia a los problemas, el corazón se siente más liviano y la mente se aquieta.

Tal vez la clave está ahí: en dejar de correr sin sentido y empezar a vivir con intención. En entender que no todo es para llegar primero, sino para vivirlo. En darnos permiso de ir más despacio, más tranquilos y más libres.

La pregunta del día

¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.
  • Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. Veamos el caso de hoy:
No pierda la fe
No pierda la fe
  • Testimonio: “Cada día siento más que la vida, al menos en mi caso, es bastante injusta. Me han pasado cosas que me desaniman. A veces siento que, por más que intento hacer algo bien, nada sale como espero. Trato de ser una buena persona, vivir según mi fe y ser un hombre de Dios, pero aun así me frustra ver que mi situación no mejora. Me pregunto por qué, si intento hacer lo correcto, sigo afrontando tantas dificultades. Desde su forma de ver la espiritualidad, ¿qué me aconseja hacer? Le agradezco una respuesta”.

Respuesta: Cuando la vida parece injusta, es relativamente normal sentirse triste o confundido. Yo he sentido lo mismo en varias ocasiones; es más, muchas personas también pasan por esos momentos en los que hacen el bien y tampoco ven resultados.

¡Sin embargo, no debe perder la fe! Orar, hablar con Dios y dedicar un tiempo a pensar con calma puede ayudarle a sentirse mejor y a ordenar sus ideas.

Publicidad

También es importante entender que no siempre se ve de inmediato el sentido de lo que pasa. A veces, las dificultades dejan enseñanzas que solo se comprenden con el tiempo. Aunque ahora no lo parezca, esas experiencias pueden ayudarle a crecer, a ser más fuerte y a conocerse mejor.

Confiar en que hay un propósito, aunque no esté claro, puede darle algo de tranquilidad.

Procure mantener la paciencia y la esperanza. La vida tiene etapas, y no todas son fáciles. Poco a poco, las cosas pueden cambiar. Seguir haciendo el bien, incluso cuando cuesta, es una forma de salir adelante. ¡Le envío una buena vibra!

Breves reflexiones

Jesús
Jesús
  • Él permanece siempre presente, guiando el corazón y ayudando a contemplar la vida con claridad; sin embargo, en ocasiones se le ignora. Jesús infunde ánimo, fortalece el interior y colma el espíritu de amor. De igual forma, enseña a liberar los temores y a vivir con sinceridad y serenidad.

Publicidad

Mi hogar
Mi hogar
  • La familia constituye un vínculo sagrado en el que el espíritu aprende el amor, la paciencia y el servicio. En ella se crece en armonía, se brinda apoyo en las dificultades y se celebran las bendiciones con gratitud y unión. Si se tiene a la madre y al padre con vida, junto a los hermanos, nunca está de más ofrecerles un abrazo.
La tristeza.
La tristeza.
  • Es válido permitirse sentir la tristeza provocada por heridas que la vida presenta; incluso el llanto no es signo de debilidad, sino una forma de desahogo. No obstante, es necesario sanar, aprender y continuar avanzando, comprendiendo que cada prueba brinda la oportunidad de crecer con valentía y fe.
Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whatsapp acá.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad