lunes 04 de diciembre de 2023 - 3:45 PM

Descubra el significado profundo de la corona de adviento y sus oraciones

La corona de adviento se considera el primer anuncio de la Navidad, ya que esta marca el tiempo de preparación para el nacimiento del niño Jesús.
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En el crisol de las tradiciones navideñas, la Corona de Adviento emerge como una joya espiritual. Este símbolo, con raíces profundas en la fe cristiana, teje un vínculo entre la liturgia y la espera ansiosa del nacimiento de Jesús.

Cada domingo de Adviento, las velas que adornan la corona se encienden con significados específicos, convocando a la reflexión y la esperanza. Más allá de su belleza estética, la Corona de Adviento es un faro espiritual que guía a los creyentes hacia la Navidad con oraciones específicas que acompañan cada llama encendida.

La magia de las cuatro velas:

La Corona de Adviento, compuesta por ramas verdes y cuatro velas, es más que una decoración festiva. Representa la espera y la esperanza que caracterizan la temporada de Adviento. Cada vela enciende un mensaje especial en los corazones de quienes participan en esta tradición arraigada.

La primera vela, encendida en el primer domingo de Adviento, simboliza la esperanza. Mientras se enciende, se reza:

"Bendito seas, Señor Dios nuestro, que nos das la esperanza. A medida que la luz de esta vela crece, que recordemos la promesa de tu venida."

Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Guía: Hoy, al iniciar el Adviento, comenzamos un nuevo año litúrgico. El Adviento es un tiempo especial de preparación y espera. Iremos encendiendo, semana tras semana, las cuatro velas de esta corona como un símbolo de nuestra preparación gradual para recibir al Señor Jesús en la Navidad.

Las luces de las velas nos recuerdan que él es la Luz del mundo que irrumpe para disipar las tinieblas que nos rodean. El color verde que caracteriza a la corona simboliza la vida y la esperanza que él, Dios hecho niño, viene a traernos.

Lector 1: Procede a leer la lectura del libro del profeta Isaías 60, 1-2

“Levántate, brilla, Jerusalén; que llega tu luz y la gloria del Señor amanece sobre ti. Pues mira cómo la oscuridad cubre la tierra, y espesa nube a los pueblos, más sobre ti amanece el Señor y su gloria sobre ti aparece”. Palabra del Señor.

Se permiten unos minutos para meditar.

Encendemos, Señor, esta luz, como aquel que enciende su lámpara para salir, en la noche, al encuentro del amigo que ya viene. En esta primera semana de Adviento queremos levantarnos para esperarte preparados, para recibirte con alegría. Muchas sombras nos envuelven. Muchos halagos nos adormecen.

Vamos a encender ahora la primera vela de nuestra corona mientras cantamos la primera estrofa del canto. Se elige un canto apropiado a la ocasión.

Lea más: La misa del gallo: Profunda tradición en la celebración del nacimiento de Jesús

Su forma redonda representa el amor infinito que tiene Dios al ser humano y el color verde significa inmortalidad./ Banco de imágenes gratuito Pixabay. | VANGUARDIA
Su forma redonda representa el amor infinito que tiene Dios al ser humano y el color verde significa inmortalidad./ Banco de imágenes gratuito Pixabay. | VANGUARDIA

En el segundo domingo, se enciende la segunda vela, la de la paz. La oración asociada es:

"Bendito seas, Señor Dios nuestro, que nos das la paz. A medida que la luz de esta vela crece, que recordemos el don de tu paz en nuestras vidas."

Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Guia:

Lector 1: Procede a leer la lectura del Evangelio de San Marcos:

No ha de ser así entre vosotros; antes, si alguno de vosotros quiere ser grande, sea vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, sea siervo de todos, pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos (Mc 10, 43.45).

Todos: Que esta corona nos ayude a preparar los corazones de cada uno de los que formamos esta familia, de manera que estemos bien dispuestos para tu llegada, Señor, el día de Navidad.

Lector: Al encender la segunda vela recordamos qué significa el servicio, luz que despeja la oscuridad del egoísmo. (Uno de los participantes debe encender la segunda vela de la corona de Adviento).

Padre, que nos has dado una familia en la que todos queremos ayudarnos y ser felices, te pedimos que bendigas nuestros trabajos y tareas de todos los días para que cumplamos con más ganas y alegría lo que nos toca hacer a cada uno en nuestro hogar. Amén.

La tercera vela, encendida en el tercer domingo, representa la alegría. La oración es:

"Bendito seas, Señor Dios nuestro, que nos das la alegría. A medida que la luz de esta vela crece, que recordemos la alegría que encontramos en ti."

Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Guia: Estamos ya en la tercera semana de Adviento: aumenta nuestra alegría y nuestro júbilo por la venida del Señor Jesús, que está cada vez más cerca de nosotros.

Hoy, vamos a encender la tercera vela de nuestra corona de Adviento. El Señor está más cerca de nosotros y su luz nos ilumina cada vez más. Abramos nuestro corazón, muchas veces oscurecido por las tinieblas del pecado, a la luz admirable del amor de Dios.

Lector: Procede con la lectura tomada del Evangelio según San Lucas:

«La gente le preguntaba: "Pues ¿qué debemos hacer?". Y él les respondía: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, haga lo mismo". Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: "Maestro, ¿qué debemos hacer?"

Él les dijo: "No exijáis más de lo que os está fijado". Preguntáronle también unos soldados: "Y nosotros ¿qué debemos hacer?". Él les dijo: "No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada". Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos diciendo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga". Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva» (Lc 3,10-18).

Recemos ahora un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

En el cuarto domingo, se enciende la última vela, la del amor. La oración asociada es:

"Bendito seas, Señor Dios nuestro, que nos das el amor. A medida que la luz de esta vela crece, que recordemos que tú eres amor."

Todos: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Lector: Procede con la lectura tomada del Evangelio de San Mateo:

Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será el varón prudente, que edifica su casa sobre roca. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa; pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca (Mt 7, 24-25).

Lector: Padre, que nos has dado una familia en la cuál te hemos conocido y amado, ayúdanos a vivir teniéndote siempre presente en nuestras vidas. Te pedimos que en esta Navidad nos regales el quedarte con nosotros en nuestros corazones y sentir que vives en nuestro hogar, en nuestras familias. Amén.

Para terminar, se toman de la mano y rezan juntos un Padrenuestro.

Lo ideal es hacer esta actividad en familia y colocar la corona en un lugar especial de la casa, para que la luz de la vela sea vista por todos. / Banco de imágenes gratuito Pixabay. | VANGUARDIA
Lo ideal es hacer esta actividad en familia y colocar la corona en un lugar especial de la casa, para que la luz de la vela sea vista por todos. / Banco de imágenes gratuito Pixabay. | VANGUARDIA

Cada vela, con su propia llama única, agrega una capa de significado a la Corona de Adviento, construyendo un puente espiritual hacia la celebración del nacimiento de Jesús.

Reflexión en la penumbra:

La práctica de encender las velas de la Corona de Adviento no es solo un gesto ritual, sino un viaje contemplativo. Cada llama resplandece en la penumbra, guiando a los creyentes a través de un sendero de reflexión y oración. La secuencia de encendido de las velas crea una narrativa visual que culmina en la luz total en la víspera de Navidad.

La coronación de Adviento se convierte así en un recordatorio tangible de la esencia de la temporada: la anticipación y preparación para el advenimiento de la Luz del Mundo. La penumbra de cada vela encendida no solo ilumina el espacio físico, sino que también ilumina los corazones, disipando las sombras de la vida diaria con la promesa de un nuevo amanecer.

La Corona de adviento, con sus cuatro velas danzantes, trae consigo la riqueza de una tradición antigua y la frescura de una esperanza renovada. Al encender cada vela con oraciones específicas, los creyentes participan en un diálogo espiritual que trasciende el tiempo y conecta generaciones.

En medio de las festividades, la corona de adviento se erige como un faro que dirige la atención más allá de las luces centelleantes y las festividades mundanas hacia el núcleo sagrado de la Navidad. Es un recordatorio de que, en la oscuridad, la luz prevalecerá, y la espera será recompensada con la llegada de la verdadera Luz del Mundo en la Nochebuena.

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Este artículo fue creado con la ayuda de inteligencia artificial, que utiliza machine learning para realizar los textos informativos. Además, fue revisado por un periodista de la sección web de Vanguardia.

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