martes 15 de diciembre de 2020 - 12:00 AM

Irradiemos un bonito matiz en nuestra vida

Debemos emprender una tarea de limpieza que deje atrás los momentos difíciles que hemos vivido este año, afrontando la realidad y visualizando un mejor horizonte.
Escuchar este artículo

Dicen que la vida está llena de matices y que cada uno tiene la opción de vivirla del color que prefiera. Bajo esa filosofía, habría que decir somos los únicos responsables de lo que nos suceda.

Y si por culpa de los problemas actuales percibimos que nuestro mundo interior está encapotado, hay que emprender acciones concretas para cambiar ese panorama.

Es decir, de la actitud que asumamos dependerá si el ambiente sigue nublado o si finalmente sale el sol.

Si tenemos fe, nos las ingeniaremos para ponerle color a la vida. Claro está que para ello será clave una dosis diaria de la Palabra del Creador, pues ella mantiene nuestro corazón alegre, fuerte y resiliente.

Más allá de la adversidad, de los tiempos difíciles e incluso del clima pesimista que nos pronostican algunos, no podemos seguir alimentando amarguras, tristezas, rencores, frustraciones o desilusiones.

Por encima de que este haya sido un 2020 traumático, no insistamos en ver un panorama desolador. Si lo hacemos, la ‘lluvia de la tristeza’ jamás amainará a nuestro alrededor.

Seamos agradecidos con la vida repasando todas las cosas buenas que nos han ocurrido; aprendamos a disfrutar de las cosas sencillas; no nos preocupemos tanto por lo que se perdió; alejémonos de la gente tóxica; busquémosle el lado bueno a cada cosa que nos ocurra; y démonos cuenta de que las cosas son posibles, si así las diseñamos.

La clave es sanar nuestro mundo interior para poder reflejar otra cara; una más amable y esperanzadora.

Insisto en señalar que nos corresponde confiar en Dios: ¡Él es el primer interesado en escucharnos!

Oremos y dejemos nuestras angustias en sus manos. Hacerlo, de entrada, nos permite desechar la ansiedad que padecemos.

Enfoquémonos en lo que viene, visualizando un horizonte halagüeño. Hay que enderezar el camino y recargar las baterías.

Diseñemos pequeñas y grandes metas y vayamos tras ellas, con la certeza de que se van a cristalizar.

Aprendamos a disfrutar nuestra vida al máximo y pensemos más en las cosas que nos alegran el alma.

En la medida en que afrontemos las dificultades con un análisis objetivo y decidamos estrategias válidas para salir del bache en el que nos encontramos, podremos tener un mayor control sobre nuestro estado de ánimo.

También hay que aceptar lo que pasa, sin que por ello debamos resignarnos a sufrir. Es como dejarnos llevar pero, al mismo tiempo, tener claro que podemos ponerle freno al abatimiento.

En síntesis, podemos hacer conscientes nuestros estados de ánimo para saber cómo regularlos.

La idea es que siempre sea eterno todo aquello que nos haga bien, asumiendo una sana actitud.

REFLEXIONES CORTAS

* El 2020 nos demostró que podemos tener miles de planes, pero el que decide es Dios.

* Los grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos y que para otros pasan desapercibidos.

* Dios en su vida

Que la palabra de Dios invada su memoria, gobierne su corazón y dirija sus palabras.

* Es una locura odiar a todas las rosas porque una de ellas lo pinchó; de igual forma, es absurdo renunciar a todos sus sueños porque uno de ellos no se realizó.

* Deje que la música, que es el imán de sus sentidos, libere su mundo y aclare su estado de ánimo. Ella tiene el poder de desprender cargas pesadas.

* ¡Usted es luz para alguien! Así que siempre recuerde recargar sus baterías.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Por alguna razón no me encuentro en mi mundo. Aunque no tengo ningún problema económico y estoy bien de salud, a veces siento que no tengo una razón valiosa o algo noble por lo cual enfocar mi vida. Veo que otros amigos sí tienen buenos propósitos y yo no. Eso me angustia y me hace pensar que estoy desperdiciando mi existencia; es más, percibo que no trascenderé en la historia. No sé si eso que percibo es normal o no. ¿Usted qué opina? Espero que me brinde su asesoría. Muchas gracias”.

Respuesta: Usted, yo y muchos padecemos en ciertos momentos de estas ‘ráfagas de angustia existencial’. Ese tipo de percepciones suelen ser pasajeras y, en ese orden de ideas, es preciso no dejarse afectar tanto.

Tal vez está enfrascado en diseñar un gran ideal o un motivo extraordinario para vivir. Ojo: la misión de la vida no consiste en ser un ‘héroe’.

Además, sentidos de la vida hay muchos: puede ayudar a alguien desprotegido, puede ser una buena persona, crecer profesionalmente, velar por su familia, desarrollarse profesionalmente; en síntesis, dedicarnos a ser útil para alguien. Todos esos propósitos son válidos si usted siente que eso le llena la existencia y le da plenitud.

Muchas veces el sentido de la vida lo tenemos al alcance de la mano; de hecho Dios nos lo pone cerca y aún así no somos capaces de verlo.

Le recuerdo que lo que quiera hacer con su vida no tiene por qué ser siempre el mismo propósito, eso no es algo estático; él va cambiando a lo largo de la existencia.

Por ello, puede ir renovando su misión. Lo que ahora le llene sus expectativas, no tiene por qué ser lo que le complacía hace varios años.

Pero, más allá de ese motivo por el cual vivir, no puede caer en el error de menospreciar las bendiciones que Dios le da.

Debe hacer acopio de serenidad para analizar bien qué es lo que realmente desea hacer.

Indague qué es lo que le produce esa angustia que, por lo que puedo intuir, no es tan grave como usted la visualiza.

De pronto se está dando cuenta de que se encuentra en una ‘zona de confort’ y por eso mismo comienza a darse cuenta de que está estancado.

Siento que está pasando, no por un problema, sino por algo que lo distrae y lo confunde, tal vez por la ansiedad en la que está inmerso y que lo mantiene afanado en pro de visualizar una vida distinta.

¿Qué saca con impregnarse de negativismo? Déjese maravillar por la vida misma y déjele a cada día su propio afán. Pídale a Dios la sabiduría que necesita para salir de ese estado.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.
Publicado por

Etiquetas

Lea también
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad