Espiritualidad
Jueves 10 de marzo de 2022 - 12:00 AM

Nadie es tan fuerte como para no necesitar de Dios

A veces nos sentimos tan autosuficientes, que creemos poder hacer y ser todo lo que nos proponemos solo con nosotros mismos. Sin embargo, lo reconozcamos o no, todos tenemos la necesidad de Dios.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

Sin exagerar, podríamos asegurar que en la actualidad estamos algo despistados acerca de las cosas de Dios y, sobre todo, de los asuntos cotidianos en los que Él puede darnos una mano.

También habría que decir que la experiencia de Dios, en cierta forma, se va adquiriendo con los acontecimientos que nos van ocurriendo.

Lo cierto del caso es que nadie, por muy poderoso o brillante que sea, es tan fuerte como para no necesitar del Altísimo. ¡Hasta los más incrédulos acuden a Él!

Algunos refutarán y argumentarán que no piensan así. Es más, varios justificarán que “el concepto de Dios no tiene ninguna importancia en sus realidades o que nunca ha sido importante para ellos, ni jamás lo será”. Sin embargo, esas personas no me negarán que suelen acordarse del Señor en tiempos de escasez, en medio de las adversidades y, de manera especial, durante los quebrantos de salud.

Tal vez usted mismo esté atravesando por un episodio de esos en los que no comprende la situación por la cual está pasando; es más, es probable que dicha problemática lo tenga de rodillas ante la imagen del Ser Supremo.

Esta reflexión no se trata de ‘estar bien’ o de ‘estar mal’ para tocar las puertas de Dios. La idea es entender que se puede aprender a vivir bajo el abrigo divino en cualquier situación: tanto en las limitaciones como en las etapas de abundancia.

Lo reconozcamos o no, en determinados momentos, todos experimentamos un vacío dentro nuestro que no nos permite sentirnos completos o satisfechos.

Y cuando surgen los problemas es cuando ese vacío se hace más real, más doloroso y más difícil de obviar, por lo que tratamos de llenarlo con lo primero que tenemos a mano: relaciones equivocadas, alcohol, drogas, comida, pastillas, en fin...

No obstante, debemos aceptar a Dios en nuestros corazones. Porque, en todo y por todo, tanto para estar satisfecho como para intentar saciar el hambre, lo mismo que para tener abundancia como para afrontar cualquier necesidad, todo lo podemos en Cristo.

¡Y es así de literal!

Recordemos que el Señor es sinónimo de fortaleza y de confianza. Ante situaciones complicadas, solicitémosle al Creador ayuda, protección, fuerza y, todas las herramientas necesarias para seguir adelante ante las adversidades que se vayan presentando a lo largo de nuestros caminos.

Tener a Dios en el corazón es contar con la posibilidad de recuperar el aliento. Jesús es importante para nosotros porque, mediante sus enseñanzas, su ejemplo y su bendición, Él nos ayudará a cambiar nuestra vida, a afrontar las pruebas y a seguir adelante con esperanza.

Es hora de acercarnos más a Dios, sin que ello implique volvernos unos fanáticos o matricularnos en religión alguna.

Dicho de otra forma, debemos reconocer nuestra inmensa necesidad de Jesús y en eso es clave dar pasos de fe para seguir viendo nuestro horizonte de una forma más propositiva.

LA CONSULTA DEL DÍA

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página de Espiritualidad. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy un hombre joven, tengo buenas metas y anhelo cumplirlas; sin embargo, no logro ninguna de ellas. A veces pienso que nunca seré capaz de hacer algo bueno y que no me alcanzará el tiempo para nada. Es obvio que soy muy inseguro. ¿Qué consejo me da?”.

Respuesta: Para que pueda lograr lo que quiere debe poner a prueba sus miedos, enfrentándolos con sabiduría. Eso le ayudará a desafiarse a usted mismo, a conocer sus límites y a superar barreras.

Le formulo esta pregunta: ¿Ya diseñó planes de acción para cada una de sus metas? Le hago tal cuestionamiento porque, sin un enfoque claro, le resultará más complicado surgir.

Ahora bien, no pretenda tener un plan perfecto, porque de todas formas a medida que avance es probable que deba hacer algunos ajustes.

También me corresponde recordarle que si ya tiene esas rutas diseñadas, no tiene de otra que decidirse a dar el primer paso y comenzar de una vez por todas.

No piense en lo que le va a faltar para terminar, enfóquese mejor en el lugar en el que se encuentra y en lo que deberá hacer para avanzar. Está muy joven para darse por vencido.

Pienso que lo que lo detiene es el pensar en el tiempo que le va a llevar haciendo las cosas. Ojo: deje tanto pensamiento negativo, porque él le está pasando su cuenta de cobro.

Crea que sus sueños son posibles, crea en usted y tenga claro que logrará todo lo que proponga. Si no se tiene la suficiente confianza, jamás ‘prenderá motores’.

Pídale a Dios claridad, fortaleza y serenidad para que le dé una mano y pueda ‘despegar’.

BREVES REFLEXIONES

* El ascensor hacia el éxito no está disponible para nadie; si quiere ascender deberá usar la escalera. Puede que, en algún momento, tenga la opción de utilizar el elevador, pero tarde o temprano deberá ir escalón por escalón rumbo a esa meta que tanto anhela. Cada cosa que gane requerirá de una gota de sacrificio.

* Aún en las rocas puede brillar una flor. Ella es como la resiliencia, que se permite crecer más allá de las dificultades. Ella abraza a la persona que está inmersa en momentos de dificultad. No obstante, para ser resiliente es preciso tener los pies sobre la tierra, cultivar la fe y tener claro que Dios le dará una mano.

* Los momentos de felicidad no llegan cuando conseguimos lo que deseamos, sino cuando disfrutamos lo que tenemos, sea mucho o poco. Además, debemos comprender que esas ráfagas de plenitud en la vida tienen diferentes capítulos; y, así las cosas, una mala escena no significa el final de la historia.

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Publicado por: Euclides Kilô Ardila

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