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Martes 23 de agosto de 2011 - 12:00 AM

¿Qué tanto se pone en los zapatos del otro?

Por lo general terminamos encasillando a la gente con adjetivos como “malgeniados”, “irritables”, “odiosos”, pero muchas veces no nos detenemos a pensar si esa persona está atravesando por un mal momento. Empiece por ser comprensivo con su pareja, saber qué siente, qué le sucede y no se dedique solo a responderle despectivamente.

(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)
(Foto: Internet/ VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

Es muy fácil decir “esa persona es irritable”, “nadie se la soporta” o “es que usted no sabe manejar sus problemas”. Pero muy pocas personas se detienen o se toman un tiempo antes de emitir juicios para analizar si la persona que se encuentra callada, irritada, triste, está pasando por un mal momento.
Para no ir tan lejos sólo basta analizar qué tanto utiliza su asertividad o se pone en los zapatos de su familia.
¿Se ha puesto a pensar por qué su pareja hoy no está para romances y caricias? ¿Ha analizado por qué su pareja llora en las noches? ¿Entiende los problemas por los que atraviesa la familia de ella o de él para brindar el apoyo necesario y no solo quedarse en “¿ya está listo el desayuno?”
La invitación es a que antes de llevarse una impresión de alguien o tacharla de algo negativo se tome un minuto y se haga la siguiente pregunta:
¿Qué la tendrá así? ¿Qué lo habrá puesto irritable? ¿Qué sería lo mejor que podría decirle para que cambiara esa actitud o su estado anímico? ¿Qué no debo decirle porque empeorará su comportamiento?
Fácil, ¿verdad?
Ahora llévelo a la práctica y notará los efectos positivos que traerá a sus relaciones interpersonales.

Ejercicios que le faciliten ponerse en los zapatos del otro
El juego de roles funciona de maravilla. Personifique a su pareja, pregúntese qué puede sentir, qué sensaciones lo embargan respecto a un tema determinado.
Al recrear la misma situación por la que atraviesa su pareja, dígase ¿cómo actuaría usted? ¿Qué haría? ¿Cómo manejaría esas sensaciones y sentimientos?
Cuando se ponga en los zapatos de alguien, hágalo en el aquí y en el ahora.
Si no es capaz de ponerse en los zapatos del otro, acérquese a su posición. No lo haga para saber qué se siente, sino para entender que las personas son diferentes.
Expertos recomiendan no solo ponerse en los zapatos del otro sino caminar descalzo junto al otro y notar así lo áspero, complicado del camino que se recorre, las piedras que puede haber en la ruta del otro. Así entenderá con más raciocinio por qué esa persona puede estar frágil.

Preguntas y respuestas

Irma Socorro Rodríguez
Psicóloga
¿Por qué cuesta tanto trabajo ponerse en los zapatos del otro?
Por ese facilismo de juzgar. Nos quedamos con la primera impresión. Incluso hay estudios que indican que los primeros 30 segundos sirven para construir una primera imagen de alguien, pero eso ya se revaluó porque la persona debe darse una segunda oportunidad para emitir un concepto de alguien. Lo mismo ocurre cuando no nos damos el tiempo para analizar qué pudo hacer sentir mal a la otra persona. Precisamente si nos ponemos en los zapatos del otro, podremos encontrar respuestas que nos indiquen que tal vez el problema fuimos nosotros mismos por no utilizar un lenguaje verbal adecuado.
¿Cómo invitar a las parejas a que hagan ese ejercicio?
Es clave que haya comunicación, diálogo. De no haberlo, las parejas no entenderán por qué uno de los dos está disgustado o preocupado.
Es claro que cuando hay buena comunicación la pareja sabe que su esposa está triste  porque su mamá está enferma, o por X o Y motivo y será más fácil ponerse en el lugar del otro. Contrario si no se le cuenta a la pareja por lo que se está atravesando y se elige buscar terceros.
¿Qué consecuencias nos deja como seres humanos el no ponernos en el lugar del otro?
No ponernos en el lugar del otro nos lleva a cometer injusticias, a generar situaciones que propicien malos entendidos, a no reconocer que nos equivocamos, a quedarnos sólo haciendo lecturas de la apariencia, de lo externo, sin ir más a fondo.

Juan Gabriel Sánchez
Psicólogo
¿Por qué nos cuesta ponernos en los zapatos del otro?
No es nada fácil, es como si nos pusiéramos en los zapatos de alguien que tiene hongos. Eso cuesta cuando usted no sabe cuáles son las motivaciones del otro o no sabe por qué actúa de esa manera o de otra.
¿Qué decir de las personas que han logrado esa empatía y se les facilita ponerse en los zapatos del otro?
Generalmente son personas que han desarrollado más esas habilidades sociales, personales, que son capaces de aceptar al otro, de respetarlo, de respetar la diferencia y la equivocación.
¿Cómo hacer para avanzar en ese propósito? ¿Cómo hacer una lectura diferente de los demás?
Para lograr la empatía debemos entender que somos diferentes, que no todos piensan como nosotros, que no todos tienen la misma forma de darle solución a sus problemas.
¿Qué beneficios nos otorga alcanzar esa empatía?
Muchísimos beneficios, empezando por las relaciones interpersonales, las relaciones sociales, la resolución de conflictos. Seguro todo se resolverá más fácil y ni que decir de la convivencia en pareja.

Es bueno saberlo
Cuando usted se pone en el lugar del otro…
1. Asimilará la experiencia ajena. Sin embargo, tenga en cuenta que nunca podrá sentir lo mismo hasta que viva ese episodio en su propia vida.
2. Tendrá en cuenta el punto de vista del otro.
3. Podrá saber qué piensa el otro.
4. No se quedará en simples suposiciones.

“Es que no es capaz de ponerse en mis zapatos”
Muchas parejas ante la falta de empatía de su pareja, ante la falta de comprensión, estallan en llanto con una frase tajante: “Póngase en mis zapatos”.
Pero lo importante es que usted no espere a que se dé ese momento, sino que al contrario, y sin que nadie se lo pida, sea capaz de hacer este ejercicio que facilitará las cosas y mantendrá la armonía en pareja, así haya problemas de lado y lado.
Precisamente expertos en Programación Neurolingüística lo invitan a realizar tres ejercicios en pareja. El primero que se ponga en su lugar, el segundo en el lugar de la pareja y tercero, que se convierta en un observador de la escena específica. De esta forma encontrará tres respuestas: lo que piensa usted de la situación, la posible situación por la que atraviesa el otro y qué podría estar viendo un tercero, ajeno a cualquier posición. Así las respuestas serán más efectivas.

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Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN

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