Algunos hombres han empezado a darle este nombre a aquellas mujeres que quieren que todo se les haga, que no toman la iniciativa, que esperan ser atendidas, elogiadas, como todas unas princesas. Pero, ¿hasta qué punto ellos se escudan en esto porque olvidaron ser caballeros?

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN
En medio de una conversación con su amigo Felipe, María Fernanda escuchó por primera vez esas palabras: “Mafe, no me digas que tienes el síndrome Princesita que no es sino que los demás hagan tu voluntad. O sea, yo no tengo por qué llamarte siempre que viajas a mi ciudad para que nos veamos. Por favor, olvídate de eso y toma tú la iniciativa”.
Al escuchar esas palabras María Fernanda se detuvo a analizar eso que le decía Pipe: ¿Síndrome princesita? Y al final entendió que él tenía parte de razón. Ella se había acostumbrado no solo a que su mejor amigo siempre la llamara, sino a que la buscara en el aeropuerto, llevara su maleta, se preocupara por ella todo el puente festivo o lo que durara su estadía en esa ciudad.
Y fue ahí cuando evaluó en cuántas oportunidades anteriores había caído en ese síndrome. No solo con sus amigos sino con sus parejas.
Se hacía lo que ella dijera, quería ser el centro de atención a donde fuera, prácticamente que sus deseos fueran órdenes, y al mejor estilo de cuento de los Hermanos Grimm, que se levantaran las banderas y sonaran las trompetas porque María Fernanda había llegado.
Quizá el género femenino se ha caracterizado siempre por su delicadeza, por el cortejo, por recibir las atenciones. ¿Pero hasta qué punto se pasa esa estrecha división y se cae en el capricho y la dependencia?
Preguntas y respuestas
Yolanda Hernández
Psicóloga
¿Hasta qué punto una mujer sí estaría evidenciando esa actitud de princesita, de que todo se lo hacen, por ser mimada y caprichosa?
Generalmente una mujer que durante su infancia ha sido supermimada y consentida por su familia crece pensando que todos sus deseos se deben cumplir; por lo tanto, en la juventud y etapa adulta aún conserva actitudes de capricho y de egocentrismo, en el que el mundo debe girar a su alrededor.
Se puede evidenciar en sus manifestaciones de disgusto porque las cosas no salen como las planea o desea, muestra agrado porque su opinión esté en primer lugar, le encanta que le sirvan, es muy impulsiva por lo tanto predomina la emoción sobre la razón.
¿Qué problemas traería a futuro para ellas mismas que todo se lo hicieran?
En primer lugar las mujeres caprichosas y mimadas sufren más que otras, porque todo lo miden a base de la emoción, es decir, se dejan afectar fácilmente por todas aquellas que vayan en contra de sus deseos. Así mismo, se acostumbran a depender de otras personas y esto significa que su felicidad depende de lo que otros hagan o digan.
También manifiestan cambios de temperamento según la circunstancia, tienen inestabilidad en el manejo de las relaciones interpersonales, por los conflictos que puedan generar sus caprichos.
¿Qué problemas traería también para una relación de pareja este tipo de actitudes por parte de la mujer?
Las acciones relacionadas con caprichos, la imposición de la voluntad y el egoísmo en pensar solamente que “deben hacer lo que quiero” produciría malos entendidos; un ambiente de tensión en que solo se espera recibir órdenes para complacer a una persona. La comunicación sería unilateral, perdiendo el sentido de la comunicación efectiva y afectiva.
¿Cuál es el punto de equilibrio?
1. Exprese lo que desee siempre que sea un beneficio y de común acuerdo para la relación de pareja.
2. Recuerde que siempre debe haber un deseo de compartir bienestar y de agradarse mutuamente. No solo porque se es mujer se deben atender sus caprichos y hacer todo lo que desee.
3. Quererse y complacerse es una tarea de equilibrio, en donde la reciprocidad estará siempre en primer lugar. Por eso, el caballero no deberá olvidar que es caballero y la dama tendrá que recordar que además de ser complacida, complacerá; es parte del crecimiento de la relación de pareja.
Cuidado con olvidar su papel de caballero
¿Hasta qué punto el hombre también se puede estar escudando en decirle a su pareja que deje de actuar como una princesa, sencillamente para olvidarse de lo caballero que puede ser?
Aunque hay mujeres que se sienten independientes, que hacen todo por ellas mismas, algunas reclaman que se han acabado esos buenos modales en ellos, hasta para abrirles la puerta del carro o correrles la silla en el restaurante.
A otras, eso poco les interesa, pero sí reclaman que muchos hayan olvidado el romance y que ahora todo sea por mitades, como si las citas fueran una simple “salida americana”.
Para la psicóloga Yolanda Hernández, “las acciones extremas no son recomendables. La cortesía, la amabilidad son cualidades que no deben faltar en una pareja; especialmente del hombre hacia la mujer”.
Y es que los hombres no deben olvidar que a todas las mujeres les gusta que las traten como princesas, con delicadeza, respeto y ser complacidas, pero las mujeres no deben olvidar que a ellos también les agrada que los traten igual.
“En consecuencia los mimos, los caprichos deben ser compartidos; es decir, de parte y parte, en donde las dos personas se sientan queridas y complacidas mutuamente. La pareja ideal lucha por repartirse el protagonismo de ser feliz, preocupándose mutuamente por agradarse entre sí”, agregó.
¿En qué casos puede funcionar?
Durante el cortejo:
Aunque la mujer ha empezado a dar señales más claras al sexo opuesto, sigue dándose ese liderazgo en ellos.
Por eso muchas mujeres siguen asumiendo el papel de princesitas, pues quieren eso, que ese caballero se acerque, las galantee y se gane su corazón. “El hombre se esfuerza por complacer a la mujer que le interesa, siendo muy receptivo en sus deseos y caprichos. Es importante que exista la amabilidad, la cortesía, el encanto de querer agradar al otro”, explica la profesional Hernández. Pero siempre hay límites. Tampoco se puede caer en esa actitud de “quiero tenerlo ahí rogándome”, porque se sale de todo contexto y se cae en un capricho o manipulación, incluso en jugar con los sentimientos de la otra persona.
Ante esto, Hernández aclara que hay que tener cuidado en no exagerar las acciones de capricho, porque llegará el momento en que el hombre reaccione queriendo no aprobar los deseos de su pareja y obviamente entrarán en conflicto.















