Es fácil decir “lo prometo”, pero cumplirlo puede resultar toda una hazaña. Si le resulta complicado amar para siempre, imagínese prometerle a alguien en lecho de muerte, un luto de por vida. Estas son algunas promesas, que por emotividad, terminan aceptándose y que con el paso del tiempo solo generan un gran peso en su conciencia.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN
En un lecho de muerte son muchas las promesas que pueden hacerse. Por supuesto el momento está lleno de emotividad, de rabia, de impotencia y lo que queda es aferrarse a una promesa que una lo terrenal con ese otro estado desconocido que hay después de la muerte.
Muchos hacen de esas palabras un pacto eterno. Y aparecen frases como “nunca me volveré a enamorar”, “siempre serás la única”.
Pero con el paso del tiempo y después de la culminación del duelo, la persona que enviuda vuelve a la vida, sale de su encierro, y reaparece la ilusión, el corazón vuelve a palpitar aceleradamente y su mirada despierta el interés de otra persona. Y es justo en ese momento cuando retumban las palabras que se dijeron con tantas lágrimas y mirando a los ojos: “No amaré a nadie más”.
La culpa es el principal sentimiento que se desprende y con éste, muchos interrogantes y dudas respecto a la espiritualidad.
Es por eso que “esas promesas…” requieran un poco más de tiempo, que la misma ligereza e intensidad del momento.
Preguntas y respuestas
Carlos Mauricio Peñalosa
Psicóloga
¿Hasta qué punto cumplir o aceptar esas promesas?
Con discernimiento es importante entender los alcances de lo que se pide. Hay que tener en cuenta que se está en un proceso emocional muy fuerte, que va a generar anclas sensoriales y al doliente patrones de pensamiento de necesidad como “me toca cumplir con la promesa”, “tengo que hacer lo que me pida”. Debemos entender que nos encontramos en un punto espiritual.
¿Cómo abordar ese tema con alguien que está a punto de morir?
Normalmente se conoce como punto de partida o de no retorno, en el cual es conveniente hablarle a la persona que los hijos van a estar bien, que la parte económica se va a manejar de esta manera; formas sensatas de darle tranquilidad a la persona en estado moribundo o de desasosiego.
Es muy importante en este momento hablarle de lo importante que fue para la familia, y si hay deudas emocionales hay que expresarlas en términos de perdón para que la persona se libere de estas cargas que no le permiten una muerte tranquila y digna.
Henry Giovanni Rondón
Psicólogo Máster psicopedagogía clínica
¿Hasta qué punto cumplir o aceptar esas promesas?
Las promesas guardan significaciones diferentes para quien las propone como para quien tiene que cumplirlas. Desde este punto su cumplimiento es una determinación personal y voluntaria. Obviamente la situación ejerce una camisa de fuerza, pero es momentáneo. Las promesas pueden ser revertidas, eso no confirma su estricto cumplimiento, pues la presión del momento la condiciona y no la hace crearse en un ejercicio de libertad ocasional.
¿Cómo abordar ese tema con alguien que está a punto de morir?
El que quiere hacer las cosas las hace bajo ninguna promesa, ni exponiendo promesas por doquier, sencillamente no busca un reconocimiento por las acciones que va a tomar, actúa bajo silencio, y si el otro quiere en su condición de muerte irremediable escuchar una promesa, se le puede dar ese gusto, pero como se dice anteriormente, esa solicitud no es prenda de garantía, el sujeto bajo libertad de acción toma sus decisiones y ejecuta las acciones que quiere.
¿Qué decirle a las personas que aceptaron no volver a enamorarse tras la muerte de su pareja, pero con el paso del tiempo sienten que merecen una nueva oportunidad y no saben qué hacer?
La respuesta es sencilla y se puede aplicar para ello el viejo refrán que puede ser hiriente, pero que es un axioma de la realidad:”El muerto al hoyo y el vivo al baile”, las personas que continúan vivas deben seguir en la dinámica de la vida.
¿Por qué como seres humanos a veces solicitamos ese tipo de promesas que suelen ser tan difíciles de cumplir?
Desde una lectura inconsciente se puede decir que en el constante conflicto interpersonal del ser humano, el pedir a otro el cumplimiento de una promesa no es más que una lucha intersubjetiva de poderes en donde el plano de la enfermedad terminal o lecho de muerte da un plus al otro o se menciona como estrategia para influir en la conciencia del otro.
Tenga en cuenta que... Las promesas que haga para liberar a una persona de responsabilidades materiales o afectivas en este mundo, deben ser generales y en términos de bienestar.
¿Qué pasa dentro de usted cuando promete?
1. Cuando usted promete asume un compromiso. Sin embargo, analice la promesa de acuerdo a cada contexto. Recuerde que cada caso es individual.
2. Cuando usted promete pero no cumple aparece la culpa y la persona no puede actuar con tranquilidad. En el mundo espiritual se conoce como Karma o en el cristianismo (catolicismo) se llama deuda.
3. Influye el tipo de promesa, su estructuración y jerarquización mental. Hay unas posibles de cumplir, otras inconmensurablemente difíciles de alcanzar, tal vez estas últimas pueden llevar a la persona que debe cumplirlas a sentir alguna insatisfacción o frustración. Todo depende de la persona que la viva y la condición en que se dé la promesa.
Antes de decir sí a una promesa
Estas son las recomendaciones dadas por los profesionales consultados para que no termine echándose una cruz a cuestas, después de aceptar una promesa que no dimensionó en su momento. Tómese el tiempo para pensar antes de responder:
1 Asesórese de un guía espiritual, ya sea un sacerdote o un laico, en el ministerio de la unción de los enfermos para que orienten este proceso más en el plano espiritual que terrenal.
2 Es conveniente apoyarse con profesionales en manejo de duelo y especialistas que acompañen los procesos de personas o pacientes terminales con la persona y su familia. Todo desde la prudencia. Sepa qué se dice y qué se debe omitir.
3 Afirmaciones como “yo se la cuido” o “a ella o a él no le va a pasar nada”, “esté tranquilo que todo estará bien”. Estas afirmaciones son muy generales que no comprometen, pues no existe un patrón lingüístico de necesidad. Lo importante es crear el entorno de aprecio y tranquilidad.
4 Antes que todo ver la condición vivencial del moribundo, los conflictos existenciales al sentir la proximidad de su muerte, que lo ponen en una condición vulnerable e indefensa. Desde allí se debe entender que la posición de las promesas hacen parte de la consecución de sensaciones de seguridad post-mortem y de la proyección vital de quien va a morir. En últimas el moribundo con dichas promesas busca proyectar su presencia en la vida, es una forma de negar su muerte.
Le prometí no volver a enamorarme, ¿y ahora?
Muchas personas han prometido como producto del mismo dolor, tras la partida de su pareja, no volver a enamorarse. Y es que en muchos casos se da dicha solicitud por parte de quienes están en lecho de muerte.
¿Qué decir al respecto?
Este es un ejercicio planteado por el psicólogo Carlos Mauricio Peñalosa, para que suelte ese dolor de sentir que va a traicionar la promesa hecha:
1. Se debe hacer un ejercicio en silla vacía para liberar el sentimiento de culpa. Tengamos claro que el alma no estará interesada en lo mundano o material, puesto que se encuentra en otro estado del cual no desea salir.
2. No olvide que con la muerte todo queda consumado y las personas tienen el derecho de rehacer su vida afectiva. Lo más importante es desprendernos de la culpa por miedo o temor de fallar a la promesa. Esta situación se mide de acuerdo al nivel espiritual que tenga la persona.















