Recuerde que es diferente tener un trastorno narcisista a tener conductas narcisistas. Sin embargo, si estas conductas no se corrigen en el niño o la niña y existe una predisposición ambiental y genética, se podría desarrollar un trastorno de este tipo.

Publicado por: REDACCIÓN FAMILIA
Los padres quieren dar lo mejor a sus hijos e hijas y es apenas comprensible. Sin embargo, en ocasiones la falta de tiempo de calidad para compartir con los chicos y chicas hace que algunos padres se sientan culpables y estén más dispuestos que otros a comprar todo tipo de juguetes, a complacer caprichos y a soportar berrinches que, a medida que el niño o niña crece, se convierte en un narcisismo que resulta no solo perjudicial para la construcción de la identidad personal del preadolescente, también es insoportable para las personas que los rodean.
Con el pasar de los años, estos comportamientos se volverán en contra de los propios padres, reflejados en desagradecimiento, conducta destructiva y hasta trastornos sicoafectivos.
Sin embargo, no se puede confundir a un niño vivaracho que cuestiona su mundo con un niño o niña que solo piensa en sí mismo.
La sicóloga Carolina Dulcey explica a los padres cuál es la diferencia entre un narcisista y un niño muy preguntón e inteligente.
“La diferencia es la forma como conciben y aprecian el mundo y a las personas. Un niño o niña inteligente tratará de encontrar información que le permita comprender mejor tal o cual episodio sin necesidad de retar al adulto. Por el contrario, en la mente de un niño o niña narcisista lo que existe es la necesidad de llamar la atención de los otros de manera que todo gire a su alrededor”, explica. No tiene nada que ver con la autoestima.
El sicólogo Camilo Cifuentes señala que es muy común confundir estos dos términos y caer en el extremo de fomentar el narcisismo. “La autoestima es amor hacia sí mismo. El narcisismo es, por el contrario, una sensación de falta que predomina, el no ser lo suficientemente valorado y tener que imponer esta valoración a los demás a como dé lugar”, señala.
Sin embargo, algunas veces los padres no sabrán cómo reaccionar a ciertos comportamientos como las selfies excesivas y las ganas de estar en cuanto evento esté disponible. Y en verdad, parece que así se mueve el mundo de los jóvenes hoy. La situación se puede complicar, además, si los padres patrocinan cierto tipo de comportamientos que hacen que el niño o la niña sientan que están por encima de cualquier cosa.
Eddie Brummelman, investigador de la Universidad de Amsterdam y que evaluó de dónde viene este narcisismo experimentó con dos teorías que podrían fomentarlo. En una escuela se manejó la tesis de que la culpa la tienen los padres que no les dan a los niños y niñas suficiente afecto y cariño y por tanto, ellos buscan su aprobación a cómo de lugar poniéndose a sí mismos en un pedestal. Y en otra escuela desarrolló la teoría contraria -aunque también implicaba a los padres-: estos sobrevaloran las habilidades, la belleza o inteligencia de su hijo e hija para presumirla en su grupo de amistades, lo que provoca que el niño o niña internalice que es superior a todos.
Durante un año y medio, el investigador entrevistó a 565 niños y niñas. Los resultados fueron concluyentes: cuando los padres presumían a sus hijos e hijas, estos niños fueron más propensos a ser narcisistas. Pero, ¿acaso como padres no debemos valorar a nuestros propios hijos e hijas?
El investigador subraya que la clave está en la forma de hacerlo y la sicóloga Carolina Dulcey está de acuerdo. “Una cosa es presumir a un hijo o hija ante la familia y amigos diciendo que es más que otra persona, que sabe más de esto o aquello que cualquier otro o que su belleza sobrepasa a la de tal o cual compañerito. Otra cosa muy distinta, es decirles cuántos los amamos así como son, con sus virtudes, defectos, habilidades y necesidades”.
Este tipo de afecto es el que forma una verdadera autoestima en los niños y que los mantendrá con menor vulnerabilidad ante las conductas de riesgo en la adolescencia.
Características de un niño narcisista
1 Sentido exagerado de la importancia de sí mismo, exageración de los logros y talentos personales y necesidad de que los demás reconozcan su superioridad.
2 Fantasías de éxito, poder y belleza ilimitados.
3 Sentido de la condición de especial y único que pueden apreciar solo otras personas o instituciones especiales o de alto nivel (por ejemplo, los patrones).
4 Requiere de admiración y atención excesiva.
5 Sentido de acreditación, espera un trato especial favorable o el cumplimiento automático de las expectativas personales.
6 Explota a otras personas, se aprovecha de ellas.
7 Carece de simpatía por las necesidades y sentimientos de otras personas.
8 Con frecuencia siente envidia de los demás o cree que los demás lo envidian (se resiente por los privilegios o logros de aquellas personas que considera menos especiales o merecedoras).
9 Comportamiento o actitudes arrogantes y altaneras.














