Es momento de ponerse manos a la obra.

Juan Camilo ha comenzado ya cinco carreras... y no ha terminado ninguna. No parece haber ninguna asignatura, ni siquiera un hobbie que parezca interesarlo lo suficiente como para hacer el esfuerzo de permanecer en él.
Paula, una de sus amigas, cuenta que ya está preocupada por Juan: “la verdad es que no le gusta nada y lo que nos parece complicado a sus amigos es que no se ve que tenga ningún futuro. Las novias lo dejan y ninguna chica quiere salir con él, porque, de verdad, no hace demasiado por sí mismo”.
Por otro lado, no es solo la pereza, sino el desorden de su vida que no quiere aceptar. Dice que va a cambiar, pero sigue saliendo a discotecas todos los fines de semana.
Paula se pregunta, entonces, ¿cuál es el cambio?
En efecto, no se trata solo de aquellas personas que procastinan, se trata de no tener metas y propósitos en la vida que lo impulsen a darle un sentido a sus actividades diarias.
Los expertos indican que no se trata solo de que una persona vaya al trabajo y cumpla: “se trata del deseo de dar todo de sí porque ama lo que hace y tiene unos sueños que desea cumplir”, explica el coach Jefferson Villamizar.
Y, por supuesto, la pereza nada tiene que ver con que trabaje muchas horas: “de hecho, la gente perezosa es la que más tiempo tiene que estar en la oficina porque no solo debe cumplir con sus horarios, se demora mucho al cumplir con las tareas porque se dispersa y, además, no lo hace con gusto, por lo que el trabajo no se ve prolijo, no queda bien hecho o, al menos, todo lo que se esperaba”, explica Villamizar.
Y así es: la pereza se nota. Así que es momento de sentarse con su libreta de notas y hacerse este serio cuestionamiento: ¿lo podrían “matricular” como vago?















