domingo 15 de noviembre de 2009 - 10:00 AM

‘Así sobreviví a la Mano Negra’

Rosmira Rueda fue amenazada más de una decena de veces por el escuadrón de la Mano Negra, ese que aterró a los bumangueses en los años 80. Y sobrevivió. Pero durante 2009 ha tenido que revivir su tragedia en cuatro encuentros con sus victimarios.

A 'El Patón' le pegaron tres tiros en la cabeza y dos en el cuerpo. Fue hace 20 años, un 7 de abril. El hombre, que medía 197 centímetros, era el papá de los cinco hijos de Rosmira Rueda. Los dos habían crecido en las calles de Bucaramanga, donde aprendieron a sobrevivir de raponazo en raponazo. Era eso, o dormir en una banca del parque Centenario.

Ambos eran ladrones profesionales, aunque 'El Patón' se dedicaba a ‘vueltas’ grandes, como le llaman a los robos. Era apartamentero.

El suyo fue un asesinato sencillo. Quienes lo mataron ni siquiera tuvieron que correr para escapar. Ese día, Rosmira estaba cumpliendo 25 años y se quedó vestida, adornada con flores negras, porque el único amor de su vida quedó tendido en una calle del Centro junto a tres ladrones más.

- A él también lo mató la Mano Negra.

Sólo bastó una ráfaga desde una camioneta.

Los últimos recuerdos que le quedaron a Rosmira de este hombre, son un beso al aire y algunas palabras del salmo 91: el que habita al abrigo del altísimo, morará bajo la sombra del omnipotente… debajo de sus alas estará seguro…, que repite mecánicamente.

También le quedó una foto de sus hijos que encontró arrugada en la mano izquierda de 'El Patón', cuando se lo dejaron ver sobre un planchón de cemento.

Ese día, ella le lloró a su Dios y lo sigue haciendo, 'porque a pesar de lo mala que he sido, porque yo he sido mala, siempre he tenido a Dios en mi corazón', dice.

Rosmira le atribuye a la ayuda divina el hecho de haber sobrevivido más de una decena de veces a las persecuciones aterradoras de la Mano Negra, ese escuadrón de la muerte que en los años 80 se ensañó con ladrones, homosexuales y prostitutas en Bucaramanga.


Cuadernos del alma

Rosmira tiene un corte de pelo moderno. A sus 49 años se esmera por ser atractiva porque su trabajo como prostituta se lo exige. Tiene las uñas perfectamente arregladas, usa zapatos de plataforma y su ropa es muy ajustada.

Hay dos cosas que la caracterizan a simple vista. Una pluma larga cuelga de una de sus orejas y siempre carga un manojo de hojas donde ha escrito cronológicamente todo lo que le ha pasado en la vida. Todo, con fechas, con horas, con nombres y apellidos. Es una vieja costumbre y por eso, cuando la memoria le falla, hurga  entre las hojas de sus cuadernos. Hay, por ejemplo, un capítulo que se titula 'Trata de blancas' y otro, 'Masacre en La Brasa'.

Rosmira es una buena narradora. No sabe mucho de ortografía y tampoco de puntuación, pero es ordenada para escribir. Primero una idea, luego otra.

El día en que se llevó a su hermana de 9 años a vivir en la calle, tan sólo tres meses después de que su mamá muriera de un derrame cerebral, lo describió en sus cuadernos de la siguiente manera: 'carrera 15 con calle 33, el bus hizo su parada común y corriente y nosotras nos bajamos. Yo sostenía a mi hermanita de la mano mientras ella miraba asustada a su alrededor. Comencé a hablarle para tranquilizarla mientras nos dirigíamos hacia el parque Centenario en donde yo mantenía hace tres meses. Le dije que no se preocupara porque nada le iba a faltar'.

Rosmira tenía sólo 10 años y supo cumplir esa promesa porque a su hermanita no le faltó dónde dormir, ni tampoco qué comer. ¿Cómo lo logró? Rosmira, como le sigue pasando a cientos de niñas y niños que terminan deambulando por las calles del centro de la ciudad, no tuvo otra opción que aprender a robar y para hacerlo, se convirtió en una adicta a las drogas.

Y esta no es una realidad del pasado. Hoy, en la correccional donde son recluidos los menores de edad que cometen delitos en Santander, más del 90 por ciento tienen una fuerte dependencia a la marihuana, al pegante y al basuco y todos han delinquido bajo el efecto de alucinógenos.


El primer encuentro

En sus cuadernos, Rosmira tiene consignados 39 ingresos a la cárcel y 11 condenas. La última terminó en abril de 2008, por lesiones personales y venta de alucinógenos. Desde entonces trabaja en la calle prostituyéndose, porque dice que es mejor que dañarles la vida a los demás por culpa del vicio.

- Pero no crea. Eso es muy duro, tener que aguantar caricias sucias.

Y ha sido en la calle, después de 20 años, que ha tenido que revivir los días en que se salvó, -no se explica cómo-, de las palizas, las torturas y los disparos de los hombres que integraban el temido escuadrón de la muerte.

En abril de este año, mientras esperaba que apareciera el primer cliente en una calle de Cúcuta, Rosmira vio acercarse a un hombre que de inmediato reconoció.

- Fue a pedir mis servicios y me preguntó cuánto cobraba. Sentí odio. Pero me aguanté. Negociamos en $15 mil y entramos a la habitación de un hotel.

Rosmira se sentó en la cama mientras el hombre se quitaba la camisa. Entonces lo llamó por el apodo que utilizaba cuando era temido por todos los que pertenecían al bajo mundo bumangués.

- ¿Usted se acuerda cuando me llevó por la vía a Chimitá, que me hizo desnudar y me dejó ahí tirada? ¿Se acuerda que mató a cuatro hombres en un solo día? Uno de ellos era el papá de mis hijos.

Lo dijo sin sentir miedo, sin escándalos, pero con una voz gruesa y segura.

El hombre, dice, palideció, se puso de nuevo la camisa y salió del hotel.

Cuando la Mano Negra empezó a matar homosexuales en Bucaramanga, Rosmira tenía 22 años y trabajaba vendiendo basuco porque 'El Patón' estaba en la cárcel.

- La primera vez, mataron a un marica, un 31 de octubre y luego de eso empezaron a amenazar a ladrones y homosexuales por igual, pero no a las mujeres. Yo me parchaba en medio de dos postes y vendía la papeleta de basuco a $100.

Pronto la intranquilidad se apoderó del Centro. En la siguiente masacre, Rosmira se salvó porque el cuerpo de un homosexual le cayó encima y la sangre del muerto la cubrió toda.

- Era un taxi negro con capota amarilla, con cuatro hombres con medias veladas en la cabeza. El carro se vino de frente y por la ventanilla sacaron las armas y empezó la plomacera. Remataron a las que quedaron vivas y cuando llegó mi turno pensaron que estaba muerta.

El día que Rosmira por fin pudo ver las caras de sus victimarios, estaba sin ropa y en medio del monte tupido. Ocurrió en mayo de 1986.

Dice que los hombres se quitaron sus capuchas y sin inmutarse les informaron –a cinco ladrones- que existía una lista negra y que el objetivo era matarlos.

-De esos ya me he encontrado con 4. Cuando los veo me da mucha ironía, rabia, porque muchas muertes quedaron impunes. El jefe era alias 'El Descuartizador', él fue uno de los que mató a mi esposo'.

Con 'El Descuartizador' se encontró hace poco manejando un carro pirata. Reconoció su voz por el timbre y también lo encaró.

-¿No se acuerda de mí? ¿No se acuerda cuando usted me llevó a la fuerza en una camioneta gris? Usted fue el que mató al papá de mis hijos.

Luego le soltó un par de groserías.

Como sucedió con el primero de los victimarios, este también palideció, se montó en su carro y arrancó.


Un vía crucis

La vida de Rosmira está marcada por la tragedia. Luego de aprender a robar a los 10 años, ya no pudo dejar la marihuana, las pepas y el alcohol. Fue vendida a un prostíbulo en Barranquilla a los 14 años, junto a doce muchachitas que se llevaron con engaños del parque Centenario. Y como era virgen, fue brutalmente violada por seis hombres. Quedó embarazada, rechazó a su hija que fue dada en adopción cuando ella era tratada en un hogar del Bienestar Familiar. Luego se prostituyó, se volvió una jíbara y mientras pasaba su juventud entrando y saliendo de la cárcel, sus hijos crecieron en hogares del Icbf.

- Arrecho. Lo que más me afecta fue haber perdido a mi hija. Fui ignorante. Solo la vi un día, cuando tenía tres meses, pero ya era muy tarde porque se la habían dado a una pareja de extranjeros. Hoy tendrá 35 años.

Rosmira afirma que lo poco que tenía de bueno lo perdió porque se volvió agresiva. En uno de sus cuadernos escribió: '…yo era un gallito fino, no me dejaba de nadie, siempre mantenía conmigo una patecabra (navaja) y cuando me tocaba braviar, la sacaba'.

Era la única manera de sobrevivir.


Más encuentros

Rosmira no oye muy bien. No da detalles de lo que le pasó en su oído izquierdo. Sólo pide que le hablen fuerte.

Vive con una de sus hermanas y ninguna de las dos trabaja. Dice que hace un mes no se prostituye pero que se angustia porque tiene que ayudar a dos de sus hijos que están presos.

Fue caminando, en el rebusque, que se encontró con otros dos hombres de la vieja Mano Negra, hace muy poco.

Uno estaba en la Avenida Quebradaseca. Dice que es fornido y ahora, cristiano. Y que hace acarreos. A él también lo encaró, le repitió las mismas preguntas y lo llamó por su apodo.

-¿No se acuerda cuando me llevó para los lados de Matanza? Él se sorprendió pero fue capaz de decirme que la vida lo había castigado y que ahora trataba de enderezar su camino.

El último encuentro es, como dice Rosmira, una verdadera ironía.

Vio al hombre en compañía de cuatro ladrones de la zona. Él la reconoció de inmediato pero supo implorarle con gestos que no lo fuera a delatar.

- A los 8 días lo volví a ver. Quería agradecerme, pero me llené de coraje y sólo pude decirle que no entendía cómo un cazador de ladrones se había vuelto ladrón.

Cuando habla, Rosmira hace pequeñas pausas para tomar aire y secarse los ojos. Está convencida de que tiene una habilidad con la escritura y ahora, se aferra con más fuerza a sus cuadernos.

Ella no ha salido de las calles, siempre ha vivido en residencias y afirma que su historia se sigue repitiendo en cada niño que ve abandonado en el parque Centenario.

Ante la impotencia, vuelve y aplica la única fórmula que no le ha fallado: el que habita al abrigo del altísimo, morará bajo la sombra del omnipotente… debajo de sus alas estará seguro…, dice en medio de susurros.

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad