jueves 12 de mayo de 2022 - 3:55 PM

¿Compraría estos tenis nuevos que parecen viejos y que valen hasta $6 millones?

Eso valen los que acaba de lanzar Balenciaga y que hacen parte de su colección de tenis “desgastados”.

Un video muestra el proceso de unos tenis que se van desgastando a tal punto que parecen derretirse. Es la firma Balenciaga promocionando su colección de tenis París Sneakers, y aunque no lo crea están a la venta.

Hay que aclarar que los que se venden no son los “derretidos” del video, pero sí llegan al mercado unos tenis nuevos que parecen viejos: están sucios, rotos, destruidos y desgastados.

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El concepto no es nuevo. Desde 2016 la firma italiana Golden Goose viene vendiendo –bastante caro– una colección de tenis envejecidos. También lo han hecho Converse, Gucci y ahora Balenciaga.

Ir más allá

Para William Cruz Bermeo, docente de la facultad de diseño de vestuario de la Universidad Pontificia Bolivariana, hay que devolverse 50 años, exactamente a la época del punk para entender que esto no es una tendencia nueva. “En ese momento tuvo mucha fuerza la idea del Do It Yourself (Hazlo tu mismo) y de vestirse con los escombros de la sociedad industrializada”.

Una década después, el auge del rock de los 80 agarró mucho de esa moda punk para hacer también algo propio en el desgaste y no hay que olvidar la moda que viene de Japón, “ellos y su estética de lo irregular”, detalla Bermeo.

Ángela Useche, consultora de moda y experta en calzado y marroquinería, explica que desde los 80 y 90, la estética grunge, apareció en el mundo con la antitendencia, lo carente de estilo y los excesos de otras formas visuales y formales: “Esta época le dio paso a las prendas desgastadas, los zapatos rotos y los peinados menos sutiles”.

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En cuanto al calzado esa influencia estética del desgaste, lo viejo o lo desecho también ha estado presente. En los 90 los jóvenes rompían sus botas doctor Martens en la punta para darles ese aire antiguo, por ejemplo.

El proceso siguió con la idea de la moda deconstructivista, donde deshacerlo todo implica revisar lo viejo. Y hubo “asombro”, en su momento, con los jeans rotos y desgastados que hoy son tan habituales en las pintas de hombres y mujeres.

En los 90 hay un nombre que se destaca, el del diseñador belga Martin Margiela, quien rompió del todo con esa regla de lo nuevo asociado a la moda, e hizo posible que los desechos mismos fueran “la novedad”.

Margiela, según refiere en el libro Moda, el siglo de los diseñadores de Charlotte Seeling, es un diseñador de culto: “No concede entrevistas ni se deja fotografiar. Su etiqueta es un simple trozo de tela blanca y sus prendas son piezas deconstruidas con los forros y las costuras en el exterior o bien con la cintura, los hombros o las sisas desplazadas”.

Toda esta historia llegó a los tenis y, como cuenta Useche, es un tema que combina tendencia y comercio. Lo primero es llamar la atención reivindicando esas prendas gastadas y viejas que cuentan una historia, porque está bien que lo viejo sea lindo, que las cosas duren, y “después te dan la dosis comercial y todos quieren comprar, esto se suma al culto por los sneakers que ha sido llevado a otros niveles y hoy abundan los coleccionistas”.

Estos tenis de Balenciaga –saldrán 100 pares a la venta–, se volverán de colección, quien los compre se convertirá en un ganador de estilo y después se subastan y triplican su valor.

Aclara Bermeo que no es una moda “homeless”, como muchos la han llamado al asemejarse a la ropa de los habitantes de calle, “homeless fue el nombre que le dieron en Occidente a las propuestas del diseñador Yohji Yamamoto, que hace parte de la corriente de diseñadores japoneses que le apostaron a la estética de lo irregular, gastado y asimétrico. Entonces los periodistas americanos lo bautizaron así, pero esto no tiene nada que ver con eso”.

Lo de Balenciaga ahora es sumarse a la tendencia de romper el esquema de lo bello y cuestionar que todo puede ser hermoso.

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