domingo 29 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

“Manten la calma y confía en Dios”: La historia de Erika Serrano

Erika Serrano es una prestigiosa joven investigadora en la Universidad Estatal de Washington. Sin embargo, ha sido su fé en Dios, algo que la ciencia no puede explicar, lo que la ha llevado a superar los retos de vivir y trabajar en otro país.
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Los inviernos son realmente fríos en Estados Unidos. Tanto, que incluso sus nativos tienden a sufrir de la llamada “depresión de invierno”.

La idiosincracia estadounidense los hace menos expresivos, pero para una hija de la tierra caliente, esos casi cinco meses de frío pueden ser el mayor reto de su vida.

Y eso es decir mucho si se tiene en cuenta que se trata de una científica acostumbrada a trabajar duro para alcanzar sus metas.

Desde que llegó a la Washington State University, Erika Serrano sigue un horario estricto: se levanta a las 5:00 a.m., desayuna, hace ejercicio, va en su bicicleta hasta el laboratorio, abre su “app” favorita en el celular -Pomodoro- cumple cada uno de sus objetivos, almuerza, vuelve al laboratorio y a las 5:30 p.m. va a misa.

Erika es una científica que cree en Dios. No es algo imposible: “hay personas que piensan que es incompatible porque la ciencia es el estudio de la realidad. Pero, al menos en mi vida, yo he experimentado que Dios es real”.

Erika dice que no hay un experimento que demuestre que Dios existe, pero tampoco hay uno que pruebe que no.

Y, a decir verdad, esta científica que se formó a pulso a sí misma gracias a su constancia y a su fe, ha tenido pruebas suficientes de que es posible la presencia de algo más allá de toda comprensión. Desconsolada en el comedor para estudiantes de la universidad y tras fracasar en sus primeros exámenes de doctorado, Erika le pidió a Dios una señal sobre qué decisión tomar: armar maletas de regreso a Colombia o seguir adelante en medio de la soledad, la tristeza de invierno y la ansiedad por lo que vendría.

Junto a ella, en el comedor, había un televisor. De repente, apareció en la pantalla su serie favorita. Uno de los personajes le decía a otro que debía continuar.

“Puede ser que otras personas lo vean como una coincidencia, pero tal vez sea que Dios llega a la vida de alguien en el momento preciso”.

Y no ha sido la única vez que Erika ha visto que Dios (para los creyentes) algo supremo (para las personas con otras creencias espirituales) o el destino, guían su camino.

Perseverancia y fe
Dice un dicho santandereano que “al que le van a dar, le guardan y hasta se lo calientan”. Y este parece ser el caso en uno de los episodios más importantes de la vida de la investigadora santandereana Erika Serrano.
La mejor estudiante, tanto en el colegio como en la universidad, Erika se encontró con una carta de rechazo tras aplicar a la beca Fulbright. Acababa de graduarse de la carrera de biología en la UIS y de manera autodidacta aprendió inglés: todas las noches veía una serie con subtítulos y llevaba un diario de palabras. En un buen día aprendía seis y en uno regular, una. Con el tiempo no necesitó de la traducción televisiva. Corría el año 2009.
Erika obtuvo, ese año, el quinto puesto a nivel nacional en el examen Ecaes y eso la motivó para aplicar. Por eso, al recibir la carta de Fulbright en 2011 se sintió decepcionada.
“Lo primero que hice fue llorar hasta que ya no tuve más ganas de hacerlo. Y luego, me recuperé y acepté la situación. Por el momento. Entonces, empecé a analizar cuáles eran mis mejores opciones para el futuro”, cuenta Erika.
Esa capacidad de resiliencia podría ser la clave de aquellas personas que logran sus sueños.
Algún tiempo después, para sorpresa de todos, el ganador no quiso o no pudo tomar la tan anhelada beca Fulbright.
Abierta para Colombia desde 1957, los jurados miran en un postulante su excelencia académica, que tenga unas buenas cartas de recomendación, que presente un excelente examen de inglés y tenga cualidades de liderazgo.
Claramente, no es nada fácil ganar esta beca.
Así que luego de que Erika hubiera optado por trabajar como profesora de biología en un colegio de Bucaramanga y estudiar inglés en el Sena mientras le era posible aplicar de nuevo, fue localizada por los coordinadores del Programa Fulbright, del Departamento de Estado de los Estados Unidos, para decirle que ella había quedado en segundo lugar. Ante la negativa del primer elegido, la beca era suya.
Los retos
Erika no conocía a nadie en Estados Unidos. Su viaje en avión desde Bucaramanga hacia Bogotá para tomar desde allí la ruta hacia Washington había sido el primero.
En el Teatro UIS habían quedado sus amigos: además de la ciencia, a Erika le apasiona este arte.
“Me quedé sin amigos instantáneamente porque todas las personas del teatro se quedaban en Colombia”, dice Erika. Y si bien el programa Fulbright cuenta con una semana de preparación una vez llegado el becario a Estados Unidos, también es cierto que el contraste cultural es muy marcado.
“Aquí todo el mundo trabaja, trabaja, trabaja. Nunca hay tiempo para hablar y todo el mundo es súper diligente y súper habilidoso”, narra la científica.
Otro de los retos que ha enfrentado en su trabajo es el hecho de ser mujer: “la mayoría de personas que tú tienes alrededor son hombres”: una situación generalizada en la ciencia. Y debido a los “unconscious bias” (los prejuicios inconscientes), los hombres forman una camaradería mayor con sus colegas masculinos y las mujeres quedan excluidas.
“Hay mucho por trabajar. Es muy triste ver que algunas mujeres, como nos toca tan duro, se vuelven duras y en vez de ayudar a otras mujeres, se vuelve una guerra. Yo siempre trato de incentivar a las mujeres con las que trabajo, trato siempre de reconocerles sus logros”, explica Erika.
Dice que no ha sufrido discriminación por ser colombiana, aunque reconoce que puede ser por el tipo de ciudad, y, con el pasar del tiempo, ha logrado hacer amistad con algunos de sus colegas.
Ese día difícil, en el comedor de su universidad, Erika decidió que lucharía, que seguiría adelante. Escuchó a Dios.
Tomó terapia para superar la ansiedad y así presentar de nuevo sus exámenes de doctorado. Confía en su capacidad y en la guía de Dios para seguir con su trabajo.
En el área de la biología su investigación se remite a las plantas. Dentro del laboratorio, las ve crecer, observa sus cambios y elabora hipótesis.
Así como las plantas nos revelan en estos experimentos tantas cosas maravillosas, así la vida ha mostrado a Erika cuál es su camino: ha recibido premios importantes y ha viajado a Europa varias veces gracias a su destacado trabajo.
La perseverancia y esa confianza en que la fe mostrarán la ruta, también, de la tranquilidad al corazón.
Erika lo ratifica, en tiempos difíciles: “mantén la calma y confía en Dios”.
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