Diana Tabares ha construido su historia entre la gastronomía, el emprendimiento y la familia, con la berraquera santandereana que la caracteriza. Es una mujer que aprendió a convertir los retos en oportunidades y que trabaja por seguir contruyendo en Santander.
Diana Tabares tiene una forma particular de contar su historia. En su día a día hay una empresaria, mamá, estudiante, líder, amiga, colega, una apasionada pastelera.
Es una mujer santandereana que honra sus raíces, que lleva en la voz, en las manos y hasta en la manera de emprender el carácter de la tierra que la vio nacer. Al mejor estilo de una milhojas, su postre favorito, Diana se ha construido con distintas capas que, juntas, explican quién es hoy.
La gastronomía es una de esas capas. Los años de estudio, la idea de emprender, las jornadas de trabajo, los aprendizajes, los momentos difíciles, cada decisión que ha tomado y su berraquera complementan una versión de ella que quizá nunca hubiera imaginado.
“Santander me ha dado muchísimas cosas”, reconoce Diana con esa sonrisa que la caracteriza. El talante, el empuje y la determinación que adquirió al nacer en esta tierra fueron fundamentales para transitar el camino.

“A las mujeres nos dicen que mal genio, pero yo digo que nuestra tierra está muy dada para tener berraquera. Nos enseñaron eso desde el himno, desde pequeñas. Nada en nosotros es igual, siempre viene con más fuerza”, subraya la empresaria gastronómica.
Diana Tabares nació e inició su vida profesional en Santander. Primero se convirtió en administradora de empresas y luego empezó a soñar y capacitarse en pastelería. Aunque ha salido del departamento para fortalecer su camino profesional, siempre ha regresado. Aquí emprendió, construyó su familia y encontró los sabores que también terminaron marcando su carrera profesional.
Su historia empresarial comenzó con una mujer soñadora que decidió estudiar y trabajar al mismo tiempo. El camino incluyó dos carreras, jornadas exigentes y una disciplina que en algunos momentos incluso parecía exagerada. Hoy, al mirar hacia atrás, reconoce que ese esfuerzo valió la pena.
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“Poder generar empleo, dar un trabajo formal desde el primer día ha sido un aporte valioso. A veces nos enseñan a no reconocernos mucho, pero siento que es importante. Así que a esa mujer soñadora le diría que lo estamos haciendo, que valió la pena el sacrificio: trabajar y estudiar tanto”, afirma.
Con raíces de emprendedora y berraca
Diana creció cerca del mundo empresarial. Su abuelo fue empresario y su madre también lo es. Sin embargo, asegura que sería difícil atribuir a una sola persona todo lo aprendido. Su método ha sido observar, escuchar y reconocer las fortalezas de todas las experiencias y proyectos que ha conocido a lo largo de su trayectoria.
“Me encanta aprender de lecciones ajenas”, explica. Tiene como ley de vida que no es necesario esperar una caída propia para adquirir una enseñanza. También es posible mirar las experiencias de los demás y aprender con humildad. Esa forma de relacionarse con otros empresarios y colaboradores también ha influido en la construcción de su carrera.
Con el paso del tiempo, Diana entendió que el talento por sí solo no garantiza el éxito de un negocio. En su experiencia, saber producir, costear, vender, manejar las finanzas, hacer mercadeo y mantener un equipo de trabajo son aspectos fundamentales para que una idea pueda sostenerse.
“Ese arte siempre necesita que también tú lo sepas vender y costear”, señala.
Esa mirada la llevó a prestar especial atención a la formalidad laboral y al equipo que la acompaña. Desde el nacimiento de su emprendimiento buscó ofrecer un trabajo formal y construir una estructura que permitiera sostener a sus colaboradores.
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Su proyecto creció a una dimensión que ella misma reconoce que nunca imaginó hace más de diez años, cuando arrancó con su sueño. “Yo me imaginaba un Moufflet hermoso y ya. Nunca me imaginé ahorita cuatro puntos de venta, no me imaginé tener la oportunidad de liderar a mi gente”.
La oportunidad de volver a empezar
La historia de Diana también tiene una capa menos visible: la mujer que dudó de sí misma y que tuvo etapas en las que no sabía hacia dónde dirigir su vida. Desde la adolescencia atravesó momentos difíciles y durante varios años vivió con un diagnóstico de depresión.
“Si hay un mañana, pero solo lo puedes hacer tú”, sostiene. A ella le funcionó hacer las cosas de otra manera; así pudo tomar el rumbo de su vida.
Se aferra a la idea de que siempre tenemos la posibilidad de mejorar o cambiar por completo una versión de nosotros mismos que un día nos convenció. Casi que cada día es posible encontrar una nueva versión de ella, una que le hace frente y está a la altura de sus sueños y de quienes ama.
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Diana se reconoce como una mujer ‘incansable’. Cada logro abre una nueva pregunta sobre lo que puede hacer después. Por eso habla de seguir estudiando, aprender y diversificar sus proyectos.
Defiende el derecho de las mujeres a querer más, a ocupar espacios de liderazgo y a reconocer sus propias capacidades.
“Está bien que también seamos ambiciosas”. Está convencida de que la ambición femenina no debería verse como algo negativo, especialmente cuando está relacionada con los logros profesionales, la independencia y la posibilidad de construir una vida propia.
Como mamá, también ha aprendido que cada etapa tiene sus propios retos y que no existe una única fórmula para combinar la vida personal y profesional. “Yo creo que tienes que hacer hacia donde sientes que está tu esencia”, dice.
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Pero siempre con su mirada y corazón enclavados en Santander. “Antes de que ambiciones ser una experta en postres franceses, tienes que saber que acá hay bocadillo de leño, tienes que saber que acá hay queso delicioso y tienes que saber que hay un muy buen chocolate”.
En todas esas capas aparece la Diana que no deja de mirar hacia adelante. La empresaria que todavía quiere estudiar, la mamá que no se pierde ninguna nueva etapa, la líder que aprende de otros y la santandereana que habla con las manos y con la fuerza de su tierra.
Por eso la milhojas resulta una elección tan cercana a su personalidad. Disciplina, sensibilidad, carácter, firmeza, experiencia e infinidad de aprendizajes y roles.














