Jonas Méndez encontró en las flores una forma de crear, contar historias y convertir la naturaleza en arte. Este florista le regaló a Bucaramanga una nueva manera de entender los colores, formas y pétalos, mientras reivindica la belleza de regalar flores porque sí.

Hay un oficio muy especial que combina arte y botánica. Que nos convence de que es imposible imaginar un mundo sin colores, sin esas pequeñas maravillas de la naturaleza que, cuando pasan por las manos correctas, pueden convertirse en un trozo de vida misma. Pueden contar una historia, definir lo que con palabras no alcanza y permitirnos tener, por unos días, la belleza encapsulada en un instante.
Jonas Méndez, el chico de las flores, como lo conocen en redes sociales, en Bucaramanga, Colombia, y me atrevería a decir que en otras partes del mundo, encontró en las flores una manera de crear.
Es florista y líder de Beraka, Laboratorio Creativo Floral. Nació con un talento innegable que, en el camino, se ha entrelazado con su historia familiar. Y aunque se lo ha propuesto, es imposible no reconocer que ha dado un giro al diseño, el arte y la floristería. Los ha hecho suyos y, con ello, ha logrado que no se pueda apartar la vista de sus diseños. Que no se pueda concebir la vida sin las flores.
Las flores han estado en su vida mucho antes de convertirse en una expresión creativa. Fueron, durante años, el sustento de su familia. Sus padres encontraron en ellas la manera de “sacarlo adelante” y, con el tiempo, Jonas tomó ese legado entre sus manos para honrarlo, ¡y de qué manera!
“Para mí las flores son algo muy personal porque ha sido el sustento de mi familia por años. Ahora, como diseñador, he tomado ese legado para, a través de todo mi conocimiento, mostrar una nueva era de la floristería, quizás un poco diferente a la que mis papás me pudieron haber enseñado”, cuenta.

Las flores y el arte de crear
Jonas siempre se sintió atraído por la creatividad. Esa capacidad de juntar cosas que, a simple vista, podrían parecer lejanas y encontrar entre ellas una nueva posibilidad de existencia.
Fue durante sus prácticas en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga cuando comenzó a entender el arte de otra manera. Fue allí donde comenzó a tejer esa relación entre arte, flores y diseño.
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“Comienzo a ver el entorno del arte como un estilo de vida, como algo que se puede monetizar, que puedes vivir en tu día a día, y comienzo a crear toda esta fusión entre el arte, las flores y el diseño”, recuerda.
Desde entonces, sus flores han salido del formato tradicional. Han aparecido en escenarios de gran tamaño, conciertos, eventos y pasarelas. Estuvo en el concierto de J Balvin, donde realizó el montaje Rayo Carro; participó en el Premio Mario Hernández con más de 20 ‘bouquets’ y llevó sus composiciones a pasarelas junto a la diseñadora Carolina Betancourt.

Cada uno de esos escenarios le ha permitido experimentar con nuevas dimensiones y entender cómo vivir del arte o, mejor, como se lee en sus redes sociales, hacer que el arte viva de él.
Porque si hay algo que Jonas quiere transformar es, precisamente, la manera en que miramos esos pequeños regalos de la naturaleza. No quiere que las flores sean solamente una materia prima. Quiere que entendamos todo lo que existe detrás de ellas.
“Si te regalas o tú regalas flores, no solo estás regalando un objeto, un detalle; estás regalando el tiempo que pensaste en escogerlas, o el tiempo que te tomaste haciéndolas. Son sentimientos; a veces ellas dicen lo que nosotros no logramos decir”, apunta Jonas.
Y quizás ahí está la verdadera belleza. En que un ‘bouquet’ puede ser muchas cosas al mismo tiempo: una declaración de amor, una celebración, un recuerdo o, simplemente, una forma de decir “pensé en ti”. La forma que encuentra la naturaleza de atravesarse en las manos de un florista para maravillarnos.
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Flores porque sí
Hay algo que Jonas quisiera que cambiara en nuestra relación con las flores: que dejáramos de esperarlas únicamente para las ocasiones especiales.
“Nosotros amaríamos que las flores fueran un producto más de la canasta familiar”, dice entre risas, consciente de que puede parecer una idea difícil, pero convencido de que vale la pena intentarlo.
Por eso también les enseña a sus clientes a llevarlas a casa sin necesidad de una fecha marcada en el calendario.
Flores porque sí. Flores para llenar un espacio. Flores para cambiar el ambiente de una habitación. Flores para detenerse.
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Porque también tienen algo que enseñarnos sobre el tiempo. No están hechas para durar para siempre. Y precisamente por eso nos obligan a mirar el presente, a disfrutar lo que está frente a nosotros.
“Las flores nos hacen mantenernos en el ahora, en que podemos apreciar las cosas, disfrutarlas, valorarlas porque sabemos que en un momento ya no van a estar”.
Jonas cambia de flor favorita casi todas las semanas. La de ahora es el ‘Green ball’. Después, quizás sea el anturio martillado. Y tal vez eso también diga algo de su oficio: tener la capacidad de nunca dejar de sorprenderse.
Porque el arte está en todas partes. En una canción, en un cuadro, en una fotografía, en una película. Pero también puede estar entre las manos de alguien que recoge pétalos, tallos, formas y colores y decide juntarlos para encapsular, aunque sea por un instante, la maravilla de la vida. Y admirar un ramo de flores, sin mayor objetivo que el goce estético, es otra forma de apreciar el arte.
















