La muestra gastronómica de Santander en la Vitrina Turística Anato 2025 dejó claro que el turismo también se vive con el paladar. Vanguardia viajó hasta la feria para comprobarlo.

Santander no solo se recorrió con los ojos y los pies en la Vitrina Turística Anato 2025, sino también con el paladar. Entre los colores vibrantes de los paisajes y la emoción de las aventuras, los sabores de la tierra se robaron el protagonismo. Desde el aroma inconfundible del café hasta el crujido singular de las hormigas culonas, cada bocado fue una invitación a descubrir la identidad de la región a través de su gastronomía.
Con la cálida invitación de: “a Santander se viene a ver, sentir y saborear”, los visitantes del stand 411 en Corferias vivieron una experiencia que conquistó sus sentidos. Caficultores, chocolateros, artesanos y productores locales trajeron consigo lo mejor de la tradición culinaria santandereana, una que mezcla historia, innovación y sabor en cada presentación. Lea también: Sopa colombiana fue incluida en la lista de las mejores del mundo, según Taste Atlas

Café: el alma de la montaña en una taza
El café de Santander despertó los sentidos de los asistentes con su aroma intenso y notas de chocolate, panela y frutos rojos. La región, conocida por producir granos de altura con procesos cuidadosos, ofreció una degustación que permitió explorar su perfil de sabor único.
Los caficultores de algunos municipios mostraron la versatilidad del grano santandereano en una taza. Quedó evidenciado que nuestro café refleja la riqueza de nuestra tierra. Es fuerte, con carácter, como los santandereanos.

Chocolate: dulzura con identidad
El cacao de Santander, considerado uno de los mejores, tuvo un espacio especial en la muestra gastronómica. Chocolateros artesanales presentaron tabletas y bebidas elaboradas con granos de origen, cultivados en municipios como San Vicente de Chucurí y Rionegro.
Los visitantes disfrutaron de preparaciones donde el cacao se mezclaba con ingredientes autóctonos como la panela y la vainilla, creando combinaciones irresistibles, con notas frutales y florales que lo hacen único. Es una joya que nos enorgullece llevar al mundo. Le puede interesar: Abigail y el dulce sueño del cacao: la niña que transforma el chocolate en un futuro

Hormigas culonas: un bocado ancestral
Para los más aventureros, las hormigas culonas fueron una sorpresa y un reto gastronómico. Consideradas un manjar en la gastronomía santandereana, estas hormigas tostadas cautivaron por su crujiente textura y su sabor ahumado con toques de nuez.
Los productores explicaron la tradición detrás de este alimento, que se recoge una vez al año en la temporada de lluvias y se tuesta con sal para resaltar su sabor. Más que un aperitivo, las hormigas culonas son historia y cultura. Quien las prueba, se lleva un pedacito de Santander.
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Bocadillos: tradición envuelta en hoja de bijao
Ninguna muestra gastronómica santandereana estaría completa sin el bocadillo veleño, el dulce insignia del departamento. En Anato 2025, los visitantes disfrutaron de bocadillos clásicos y versiones innovadoras.
El municipio de Vélez, cuna de esta delicia, estuvo representado por productores que contaron cómo la guayaba madura, el azúcar y el tiempo de cocción crean el equilibrio perfecto de dulzura y textura.

Obleas: el primer amor en un bocado
Si hay un sabor que despierta nostalgia y alegría, es el de las obleas santandereanas. En la muestra gastronómica, las finas capas crujientes rellenas de arequipe se convirtieron en una de las degustaciones más buscadas. Además: Polémica por la hormiga culona: crean reto para sacarla del listado de los “peores platos del mundo”
El contraste de texturas y el balance entre lo dulce y lo salado conquistaron a los asistentes, quienes hicieron fila para probar este clásico que nunca pasa de moda. Porque no hay viaje a Santander sin una oblea.
















