A través de su trabajo como psicóloga, docente y columnista, Christiane Lelièvre ha sido una defensora incansable de los derechos de las mujeres en Santander. Su historia inspira y abre el camino para un futuro más equitativo.

En Francia, Christiane Lelièvre quizás no habría sentido esa necesidad de involucrarse en la defensa de los derechos de las mujeres. Allí habían pasado por movimientos como Mayo del 68, ya tenían acceso a las pastillas anticonceptivas, gozaban del derecho a la opción de maternidad y otras legislaciones que en ese momento facilitaban su participación en la sociedad. Sin embargo, la realidad en Colombia era distinta.
Pero esta intención no la capturó hasta que llegó a Santander a consolidar su proyecto de vida junto a su pareja, cuando concluía el año 1976. Y quien pisa tierra santandereana, es santandereano.
“Primero llegué por razones personales: me casé con un colombiano, Jairo Puente”, recuerda. Christiane nació en Dinan, una ciudad francesa de la región de Bretaña. Forjó sus estudios profesionales en psicología en la Universidad de Rennes 2 Alta Bretaña, pero su proyecto de vida estaba escrito en el corazón de los cañones y montañas. Su destino inicial fue El Centro, en Barrancabermeja, donde su esposo debía cumplir un compromiso laboral de cuatro años, luego de recibir una beca académica.
“Vivir en El Centro fue una experiencia difícil. No hablaba español ni conocía a nadie y el lugar era muy aislado”, cuenta. Sin embargo, como pareja, decidieron adaptarse y empezar una familia. Allí nacieron sus dos primeras hijas.
Debido a las limitaciones que vio en Barrancabermeja, como no poder iniciar un trabajo por no hablar español y las restricciones laborales de la empresa donde ejercía su esposo, hacia finales 1980 Christiane decidió trasladarse a Bucaramanga con sus dos pequeñas: una de tres años y otra de un año de edad.
La vida en Bucaramanga comenzó en el barrio San Alonso. Fue allí donde empezó a tejer nuevos lazos y encontrar oportunidades laborales. Trabajó en la Alianza Francesa y comenzó a dictar clases de francés en la Universidad Industrial de Santander, UIS, en el Instituto Caldas y, posteriormente, en el Colegio de la Santísima Trinidad.
La urgencia de una visión feminista
Iniciando los años 90, su camino tomó otro giro significativo. Fue en talleres de arte, en los que inscribió a sus hijas, donde coincidió con madres y esposas que vieron la oportunidad de manifestar sus incomodidades como mujeres dentro de una sociedad visiblemente patriarcal y desigual. Allí conoció a Isabel Ortiz. Junto a otras mujeres, Isabel había creado en 1989 la Fundación Mujer y Futuro, con el propósito de desafiar las barreras que hasta el día de hoy afectan a las mujeres santandereanas.
Su interés por aportar en el reajuste de la mentalidad machista tradicional hizo que se vinculara poco después a esta fundación para respaldar a las mujeres vulnerables, hecho que marcó un nuevo compromiso con la comunidad y consolidó su profunda conexión con Bucaramanga.
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Hoy, cuando reflexiona sobre su trayectoria, no duda en señalar lo importante que fue haber estado rodeada de otras mujeres comprometidas con la misma causa. “El activismo, aunque difícil, me dio la oportunidad de luchar por algo que valía la pena, y al final, sentimos que estábamos cambiando algo”. Lea también: Nívea Santarelli Franco: una líder innata en la industria
El feminismo ha tomado su lugar, de a poco, en la sociedad, y su apoyo en la lucha ha sido clave para avanzar en la visibilidad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres.
Una mujer que construye opinión
Silvia Galvis, quien fue directora de Vanguardia, entabló una gran amistad con Lelièvre al compartir una visión común sobre el feminismo y el ambientalismo. Tras una larga llamada, le fue ofrecida una columna que inicialmente dudó en tomar, pero terminó accediendo. Y en 1990 comenzó a crear estas conversaciones desde su punto de vista.
Hasta el día de hoy, Christiane Lelièvre se ha convertido en una de las mujeres feministas que alzan su voz por estos asuntos que inciden en el desarrollo equitativo de nuestra comunidad. Desde los derechos de las mujeres hasta el medio ambiente, ha dedicado sus letras al trabajo en educación sexual, participación política de las mujeres, violencia de género y otros que engloban el movimiento feminista. Le puede interesar: Cecilia Reyes de León, la ‘rectora policía’: una santandereana con templanza y coraje

“Mi objetivo es sensibilizar al público sobre estos temas, mostrando tanto casos positivos como problemáticas sociales”, explica la psicóloga.

Para Lelièvre, escribir esas columnas se ha convertido en un ejercicio muy importante y placentero, textos que pueden leerse cada jueves en Vanguardia.
















