Entre disciplina y afecto se formó una creadora santandereana. La historia de María Sonia Casadiego Arias es la de una artista que entiende la danza como acto humano, narrativo y profundamente colectivo.
La historia de María Sonia Casadiego Arias siempre ha estado escrita en los salones de danza. Entre barras y cuerpos en movimiento transcurrió su infancia, y fue trazando un camino que hoy la ubica como una de las creadoras y formadoras más constantes de la danza contemporánea bumanguesa.
Es hija de artistas y creció en un hogar atravesado por los oficios creativos. Su vínculo con el arte no fue una decisión tomada con el tiempo, sino una herencia que se transformó en lenguaje y en una manera sensible de habitar y comprender Santander.
Esa convicción guía hoy su labor al frente del Laboratorio Experimental Cuerpo y Escena de la Escuela Municipal de Artes (EMA), donde durante los últimos seis años ha impulsado un proceso formativo con jóvenes, explorando el movimiento en espacios no convencionales y territorios sensibles del cuerpo y la creación.

Su entorno familiar fue determinante para la artista y formadora que la representa hoy. La figura de su madre, la maestra Sonia Arias, le enseñó que el liderazgo se ejerce desde una perspectiva humanista. “Muchas veces se tiene la imagen del maestro de ballet estricto, pero mi madre era distinta. Tenía un equilibrio perfecto entre exigencia, disciplina, amor y paciencia. Respetaba el ritmo de cada cuerpo y el proceso de cada persona, sin forzar ni apresurar nada”, recuerda.
A esta influencia se sumó la de su padre, Joaquín Casadiego, un dramaturgo, escritor, director de teatro y médico psiquiatra, quienes durante años celebraron espacios y tertulias de interdisciplinaridad artística. Lea también: Un homenaje a Las Santandereanas, la fuerza que impulsa nuestra región

Aunque en su infancia y juventud también exploró el piano, la danza terminó imponiéndose como su lenguaje principal. Más adelante amplió su formación en Bogotá, donde continuó entrenándose y trabajando con reconocidos maestros y compañías, y participó en proyectos dirigidos por dramaturgos como Juan Carlos Moyano, César ‘Coco’ Badillo, Fabio Rubiano, Jorge Alí Triana, Patricia Ariza y Misael Torres, experiencias que fortalecieron su interés por narrar desde el cuerpo y el movimiento.

Ser mujer en la danza ha significado para mí sostener procesos, crear comunidad, direccionar, tejer, estructurar y guiar desde el cuidado.

Un laboratorio para pensar el cuerpo
Esa comprensión de la danza como un espacio de pensamiento y creación atraviesa hoy su labor en la Escuela Municipal de Artes (EMA). En 2016, con la apertura oficial de la institución, Casadiego asumió la dirección del Laboratorio Experimental Cuerpo y Escena, un espacio que durante los últimos seis años se ha consolidado como un proceso formativo y creativo con jóvenes. Allí ha explorado el movimiento en espacios no convencionales y en territorios sensibles del cuerpo, entendiendo la enseñanza como un intercambio constante. “Mi vida transcurre desarrollando procesos creativos, escuchando historias, tejiendo, sosteniendo, guiando y direccionando”, afirma.
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En el trabajo del laboratorio, la horizontalidad es un principio fundamental. Casadiego sostiene que “es muy importante escucharnos, respetar la diversidad y el punto de vista de cada uno, cómo propone y cómo desarrolla sus ideas”. Desde allí han surgido varias obras que hacen parte del repertorio EMA y que, según la creadora, “hablan de nosotros, nacen del territorio, de historias propias, de la identidad y de quiénes somos”.

La constancia de este proceso comenzó a hacerse visible fuera de Bucaramanga a partir de 2023, cuando los trabajos del laboratorio participaron en el Mercado Cultural del Oriente, Mercoart 2022. Desde entonces, el proyecto ha sido invitado a distintos escenarios nacionales e internacionales. Sus obras se han presentado en Ciudad de México, dentro de la programación del Sistema de Teatros de la ciudad y en funciones en plazas públicas; en Bogotá, en el marco de Danza en la Ciudad de Idartes junto a la Universidad de los Andes; y en Medellín y Rionegro, Antioquia, invitados por Comfama.
Estos recorridos confirmaron que las preguntas que atraviesan sus creaciones como la identidad, la memoria y las formas de habitar un lugar, resuenan en públicos diversos.
“La danza me ha permitido resignificar el cuerpo femenino como un lugar de conocimiento, de creación y de relato. Un cuerpo que cuenta historias propias y de nuestro territorio, en todas las formas como habitamos el paisaje, la montaña, los ríos, el cañón, la fuerza y la fragilidad”, afirma.
Para María Sonia Casadiego Arias, la danza debe permanecer como un espacio de pregunta, exploración y libertad creativa para quienes atraviesan sus procesos formativos. Seguirá creando para mantenerlo como un lenguaje que nace de la experiencia propia y permite construir identidad.















