Las Santandereanas
Lunes 19 de enero de 2026 - 04:24 PM

Claudia Díaz, la líder de un hogar construido con berraquera y corazón

Claudia Elizabeth Díaz transformó la necesidad en servicio. Hoy, con cinco diagnósticos de cáncer a cuestas, lidera la Fundación Hogar Adulto Mayor Necesitado, el refugio de 104 adultos mayores que encontraron en ella una familia.

Juan Ortega/Vanguardia
Juan Ortega/Vanguardia

Compartir

Hace casi 20 años, Claudia se despertaba todos los días a las 3:00 a.m. a calentar agua, preparar desayuno y organizar su hogar. Caminaba con extremo cuidado, persiguiendo el silencio para que el ruido no despertara a quienes, por primera vez en mucho tiempo, tenían un techo seguro. Ella tenía camas organizadas para cuatro adultos mayores. Pero dos días después sus planes cambiaron, serían 38. Ninguno tenía a dónde ir.

Ella no sabe cómo, pero lograba hacer que las fuerzas, el dinero de las rifas y almuerzos, el tiempo y el espacio le alcanzaran para todos. A decir verdad, sí lo sabe: “la misericordia de Dios”.

Claudia nació en Bucaramanga y creció en el barrio Santa Ana. Su papá fue peluquero; su mamá, empleada del servicio. “Fue una niñez dura, pero nunca nos faltó el cariño”, dice. Desde pequeña aprendió que cuidar era una forma de amar.

Tenía nueve años cuando acompañó por primera vez a una adulta mayor. Se llamaba doña Mercedes Arenas y tenía 100 años. Claudia la bañaba, la arreglaba y se sentaba a su lado. “Ahí supe que quería ser enfermera”, recuerda. Para ese entonces no lo sabía, pero esa escena sería el principio de una vida entera dedicada a sus abuelitos, como ella los llama.

Ahora es la directora y representante legal de la Fundación Hogar Adulto Mayor Necesitado, una organización que hoy atiende a más de 100 adultos mayores en Floridablanca.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

El origen de una vocación

Antes de convertirse en auxiliar de enfermería fue vendedora y cuidadora. A los 22 años atendió a su primer paciente formal. Su familia le confió su cuidado y la apoyó para que cursara sus estudios. “Me dejaron trabajar de noche y estudiar de día”, cuenta.

Se formó en Eforsalud y luego trabajó en el hogar de adultos mayores La Divina Providencia, en La Cumbre. Allí reafirmó su vocación. “Sabía que este era mi camino”, dice.

Cuando el hogar cerró, algunos adultos mayores acudieron a ella, pues no tenían a donde ir. Claudia intentó decir que no, solo porque no tenía espacio, ni recursos económicos para ayudarlos, pero su vocación no le permitió dejarlos allí. “Les decía que no tenía cómo atenderlos, pero la comunidad empezó a ayudar”, recuerda. Grupos de adultos mayores de Floridablanca llevaron camas, colchones, ropa y comida. Ese respaldo marcó el inicio de lo que después se convertiría en la fundación.

Publicidad

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Una casa sostenida por manos solidarias

Los primeros años fueron los más difíciles. Claudia madrugaba, cocinaba, lavaba, cuidaba, organizaba. No había lavadora, ni pañales, ni sueldo. “Todo era para ellos”, afirma.

Sus hijos, entonces adolescentes, se quedaban en las noches cuidando a los abuelos. “Ellos me ayudaron muchísimo”, dice. Para sostener la casa, Claudia cocinaba y vendía comida en el barrio. Con eso pagaba arriendo, servicios y mercado.

La fundación cambió de sede varias veces. Durante 13 años estuvo en Santa Ana, luego llegó a Ruitoque Alto. En 2016, gracias a benefactores, lograron comprar un lote. Hoy, esa sede alberga a 25 adultos mayores. El resto permanece en Ruitoque Bajo, en una casa arrendada.

En total, la Fundación Hogar Adulto Mayor Necesitado atiende a 104 personas. “Mi sueño es tenerlos a todos en un solo lugar y no pagar más arriendo”, dice.

Suministrada/Vanguardia
Suministrada/Vanguardia

Sueño y compromiso

“El adulto mayor no es pasado, es presente”, afirma Claudia, quien ha construido un equipo de 18 colaboradores, al que se suma el apoyo constante de voluntarios, recursos que llegan con benefactores, rifas, bonos solidarios y ayudas en especie.

Claudia no podría elegir un momento de estos últimos 20 años para decir en cuál ha recurrido a la berraquera santandereana. Es una trabajadora incansable. “Su misión es muy difícil, en medio de la pobreza, pero es maravillosa. Ella es generosidad, la muestra del amor”, comparte Carlos Castillo, uno de los benefactores que la conoce desde hace varios años.

Claudia ha tenido cáncer en cinco ocasiones, ha pasado por varias cirugías y ciclos de tratamientos. “A mí me motiva ir todos los días a ver a los abuelos”.

Publicidad

Hoy, su mayor preocupación es el futuro. “Quiero construir y que nadie los saque”, dice. A ese sueño lo llama “100.000 amigos de $10.000”, una meta para reunir los recursos necesarios y garantizar estabilidad.

Nunca ha buscado reconocimiento, pero a través de esta página queremos honrar su labor. “Seamos héroes invisibles”, dice.

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad