Antes, los hijos continuaban los negocios de sus padres sin que tuvieran mayor opción para negarse. Hoy en día muchos eligen el camino laboral de sus progenitores por decisión propia, enfrentándose a situaciones que les juegan a favor y en contra.

Publicado por: Ana María Fonnegra
Si pensamos en nosotros cuando éramos pequeños, seguro recordaremos la cantidad de veces que jugamos “a ser mamá o papá”, a ponernos su ropa y fingir que íbamos a la oficina como ellos. Eso mismo pasa con nuestros hijos, y aunque no somos conscientes todo el tiempo de lo que significa su afán de imitarnos, es fácil entender que de esa manera, y muchas otras, están formando su visión de la adultez, y con ello, sus gustos en general.
Esta influencia se percibe a lo largo de la vida en muchos aspectos. Por ejemplo, varios estudios indican que el nivel de escolaridad de los padres está relacionado con el de los hijos. Es decir, si los padres tienen estudios universitarios, es más probable que los hijos vayan a la universidad, que si no los tienen.
De la misma manera, la elección vocacional está sujeta a la relación del niño con su familia ya sea para continuar la ruta de los padres o para alejarse lo que más puedan de ella. Sin embargo, más allá de la profesión elegida, la familia aportará necesariamente inquietudes, gustos, deseos y rutinas.
Colega de papá o mamá
Ahora bien, es normal que si usted es un padre autoritario, impositivo, sordo a los gustos de su hijo y está todo el tiempo diciéndole que a su edad ya hacía ‘esto o lo otro’, es muy probable que él busque parecerse lo menos posible a usted y estudie una carrera completamente diferente a la suya.
Pero no pocas veces pasa lo contrario, y resulta que el hijo admira profundamente a sus papás, quienes lo vinculan en su vida laboral, le explican qué hacen y lo llevan a la oficina. En estos casos suele ser muy natural que, sobre todo en la adolescencia, sienta afinidad por esa vocación, al menos por resultarle conocida.
En especial cuando los padres son exitosos, seguir su profesión resulta más difícil de lo que se pensaría. Aunque muchos hijos se sienten más seguros por la orientación de primera mano que pueden darles los padres en ese caso, a menudo tienen la sensación de que su trabajo es menos valorado, pues la gente suele creer que están donde están por ser “hijos de…”.
Claro, no es un secreto para nadie que el camino recorrido, y las conexiones y experiencia de los padres pueden facilitarles muchas cosas al hijo que decide seguir sus pasos. Sin embargo, esta situación lo obligará a trabajar más para ganar prestigio y un puesto propio.
Para esto puede resultar muy útil establecer sus propios contactos y definir un campo de acción diferente, donde pueda explotar sus talentos y crear su propia identidad. Y al lograrlo, su autoestima y autoconcepto se fortalecerán, pudiendo superar esa sensación de estar a la sombra de papá o mamá.
Por el contrario, si está esperando gozar del mismo reconocimiento y estatus del padre por trabajar con él, es normal que los propios logros y resultados tiendan a decepcionarlo, pues el éxito no se logra de la noche a la mañana. Y estarse comparando con alguien que le lleva años luz de experiencia puede ponerlo en una situación de desventaja.
“La tarea de los padres desde que sus hijos están pequeños debe ser de guía y orientación; ayudarlos a identificar sus habilidades e intereses, apoyarlos con una educación de calidad para que puedan forjarse su propio camino. Siempre con un amor y un respeto infinito, pero nunca regalándoles nada.
Si el día de mañana esos hijos quieren seguir la ruta de los padres, tendrán unas bases sólidas para ir por sus propias metas sin competir con ellos. Además, es muy posible que si en la crianza hubo un respeto por las diferencias, el hijo, a pesar de estudiar lo mismo que el padre, podrá encontrar su campo de acción propio, que puede ser incluso complementario al de su progenitor”, concluye la doctora Ana María Fonnegra, sicóloga de familia.














