Quienes lo visitan quedan asombrados por la paz y el ambiente que se siente en el lugar.

Publicado por: El Colombiano
En Barichara, Santander, el adagio de “El martes, no te cases ni te embarques” tendría un agregado: “El martes, no te cases ni te embarques, y tampoco te mueras”, pues ese es el día en el que no hay servicio en el cementerio local, según se lee en la placa tallada de piedra, instalada al costado izquierdo de la entrada.
Esto explica que a diferencia de otros campos santos, en Barichara los hedores de rosas marchitas o aguas putrefactas no se notan, ni se proliferan los inquietos mosquitos que buscan colarse en la boca y nariz de los visitantes.

La variedad de tumbas muestran obras esculturales en piedra labrada, lapidas con tallas de figuras que recuerdan la labor que ejerció la persona en vida. Pero, no hay allí excentricidades como tumbas con música permanente para el disfrute de los difuntos.
Se destaca, cerca del ingreso, la última morada de don Antonio González Rodríguez, quien por más de 50 años fue el sepulturero de Barichara. “La muerte es un caminito que nos toca a todos, tarde o temprano aquí llegamos al camposanto”, solía expresar el hombre, que falleció en abril del año antepasado tras sufrir un paro cardiorrespiratorio.
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A pocos pasos de la entrada, y hacia el costado derecho del cementerio cerca del sepulcro de don Antionio, se levanta una réplica de ‘La última cena’, obra de Antonio Gaudí, elaborada por el escultor Arsenio Plata tallada en piedra, para la familia Rodríguez Díaz, que acostumbra cremar a sus seres queridos y dejarlos en ese mausoleo.














