“Salí a montar bici y terminé siendo tocada por un desconocido... por tercera vez”. El testimonio de una modelo en Medellín desató una ola de indignación y abrió una dolorosa verdad que muchos prefieren ignorar.

Publicado por: Redacción Tendencias
Daisy López, reconocida modelo, influencer del bienestar y coach nutricional, no solo comparte en sus redes recetas saludables, rutinas de ejercicio o mensajes de empoderamiento femenino. Esta vez su voz se alzó para denunciar algo que la ha marcado profundamente y que, lamentablemente, comparte con muchas otras mujeres: el acoso sexual callejero.
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En un video que publicó en sus redes, con la voz quebrada por la rabia y la impotencia, relató lo ocurrido el pasado domingo cuando salió a hacer su tradicional ruta en bicicleta por una vía de Medellín. Lo que debería haber sido un espacio para liberar estrés y reconectar con su cuerpo, terminó convertido en una experiencia de miedo: un hombre en moto se le acercó, bajó la velocidad y la tocó sin su consentimiento.
“Hace más de diez años que monto bici. Es mi forma de cuidar de mí, de sentirme libre… Pero me ha pasado ya tres veces. Tres. Que un hombre se me acerca solo para tocarme, para recordarme que, para algunos, mi cuerpo no es mío. Y eso no se olvida”, dijo López, visiblemente afectada. En su publicación, también cuestionó la indiferencia social frente a estos casos: “Lo peor no es solo lo que me hicieron. Lo peor es que esto nos pasa a muchas… y nadie hace nada. Nadie grita, nadie corre detrás. Nadie denuncia. Y eso también es violencia”.
La denuncia de Daisy no pasó desapercibida. Generó cientos de mensajes de apoyo, reacciones de celebridades, activistas y figuras del deporte, pero también reabrió una herida social que Medellín no ha logrado cerrar: la naturalización del acoso callejero, especialmente contra mujeres que practican actividades al aire libre.
López no solo habló por ella. Habló por las miles que se han sentido observadas, perseguidas o violentadas mientras caminan, hacen deporte o toman el transporte público. Su voz resuena en una ciudad donde, según cifras del Observatorio de Igualdad de Género para las Mujeres del Distrito, solo en 2024 se reportaron 136 casos de acoso en el espacio público, mientras que en lo corrido de 2025 van 36, una cifra que preocupa no por su tamaño, sino por el subregistro que oculta.
El problema no es nuevo y tampoco está completamente reconocido desde lo legal. Como explicó la secretaria de las Mujeres, Valeria Molina, uno de los grandes obstáculos para combatir el acoso sexual es que el Código Penal colombiano no tipifica claramente estas conductas, dejando muchas de ellas en una zona gris legal.
“Piropos, silbidos, miradas lascivas, tocamientos, persecuciones, exhibicionismo… Todo eso hace parte del acoso, pero muchas veces no se denuncia porque no hay claridad sobre cómo hacerlo o porque se cree que ‘no es tan grave’”, dijo la funcionaria. Añadió que están trabajando en fortalecer la ruta de atención y fomentar las denuncias a través de la Línea 123 Agencia Mujer, así como en puntos habilitados en terminales y centros de transporte.
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Es justo y necesario hacer algo contra esta problemática. @momentoviral @ColombiaOscura_ pic.twitter.com/IYf1DQvjWc
— RT (@retrino) May 19, 2025
La respuesta oficial y el llamado del alcalde
El video de Daisy llegó hasta el despacho del alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien no dudó en pronunciarse. “Algunos imbéciles creen que eso es gracioso o que es normal. Ni lo uno, ni lo otro”, escribió en su cuenta oficial de X, antes Twitter. También aseguró que la Policía tiene la orden de ubicar al agresor y proceder judicialmente.
Para la administración local, uno de los grandes desafíos sigue siendo romper el silencio. Porque muchas mujeres, como Daisy, tardan años en contar lo que les pasa. O peor: nunca lo cuentan. Y así, el miedo termina ocupando lugares donde antes había libertad: la bicicleta, la calle, el parque, la ciudad.
El caso de Daisy López ya no es solo un testimonio. Es un espejo. Es una historia que recuerda lo urgente que es hablar, denunciar y reformar. Porque ninguna mujer debería volver a su casa sintiendo que su cuerpo fue invadido, violentado y, peor aún, ignorado por la sociedad.
En palabras de la propia Daisy: “No quiero que esto se quede en un video más. Quiero que sirva para que actuemos. Para que dejemos de mirar para otro lado. Para que sepamos que también podemos gritar, correr detrás, alzar la voz…”.
Y en una ciudad que se dice innovadora y resiliente, no hay avance si las mujeres no pueden salir a pedalear en paz.

















