jueves 07 de diciembre de 2023 - 4:57 PM

Oración a la Inmaculada Concepción para el día de las velitas

Una tradición que año tras año se realiza en familia para agradecer a Dios y a la Virgen María por todos los beneficios recibidos.
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Una de las tradiciones que enmarcan esta temporada de las fiestas decembrinas en Colombia, es el Día de las Velitas, el cual se celebra el 7 de diciembre.

Por lo general, ese día la mayoría de familias colombianas se reúnen para unirse en oración y compartir tiempo juntos. Dicha tradición se basa en ubicar velas y faroles, en las ventanas y andenes de las casas, y encenderlas en honor a la Inmaculada Concepción de María.

De hecho, cada miembro de la familia o grupo puede realizar una petición individual a la virgen de la inmaculada concepción, integrando así la unión real y amor en la oración.

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Esta celebración fue proclamada por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la bula ‘Ineffabilis Deus’, conmemora la pura y especial concepción de María, quien desde el momento de su nacimiento fue preservada por Dios de toda mancha o efecto del pecado original de Adán y Eva.

Eso quiere decir que, por la gracia de Dios, María permaneció pura de todo pecado personal a lo largo de su vida.

Ahora bien, además de encender las velas, la oración para el 7 de diciembre, es una tradición que año tras año se realiza en familia para agradecer a Dios y a la Virgen María por todos los beneficios recibidos, según el portal especializado LaOracion.Org.

Oración a la inmaculada concepción

Inmaculada Madre de Dios, Reina de los cielos, Madre de misericordia, abogada y refugio de los pecadores: he aquí que yo, iluminado y movido por las gracias que vuestra maternal benevolencia abundantemente me ha obtenido del Tesoro Divino, propongo poner mi corazón ahora y siempre en vuestras manos para que sea consagrado a Jesús.

A Vos, oh Virgen santísima, lo entrego, en presencia de los nueve coros de los ángeles y de todos los santos; Vos, en mi nombre, consagradlo a Jesús; y por la filial confianza que os tengo, estoy seguro de que haréis ahora y siempre que mi corazón sea enteramente de Jesús, imitando perfectamente a los santos, especialmente a San José, vuestro purísimo esposo. Amén.

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Otras oraciones

Dios te salve, María, llena de gracia y bendita más que todas las mujeres, Virgen singular, Virgen soberana y perfecta, elegida por Madre de Dios y preservada por ello de toda culpa desde el primer instante de tu Concepción: así como por Eva nos vino la muerte, así nos viene la vida por ti, que por la gracia de Dios has sido elegida para ser Madre del nuevo pueblo que Jesucristo ha formado con su sangre.

A ti, purísima Madre, restauradora del caído linaje de Adán y Eva, venimos confiados y suplicantes en esta novena, para rogarte que nos concedas la gracia de ser verdaderos hijos tuyos y de tu Hijo Jesucristo, libres de toda mancha de pecado.

Acordaos, Virgen Santísima, que habéis sido hecha Madre de Dios, no sólo para vuestra dignidad y gloría, sino también para salvación nuestra y provecho de todo el género humano. Acordaos que jamás se ha oído decir que uno solo de cuantos han acudido a vuestra protección e implorado vuestro socorro, haya sido desamparado. No me dejéis, pues, a mi tampoco, porque si me dejáis me perderé; que yo tampoco quiero dejaros a vos, antes bien, cada día quiero crecer más en vuestra verdadera devoción.

Y alcanzadme principalmente estas tres gracias: la primera, no cometer jamás pecado mortal; la segunda, un grande aprecio de la virtud cristiana, y la tercera, una buena muerte. Además, dadme la gracia particular que os pido en esta novena (hacer aquí la petición que se desea obtener). Amén.

¡Virgen Santísima, que agradaste al Señor y fuiste su Madre; inmaculada en el cuerpo, en el alma, en la fe y en el amor! Por piedad, vuelve benigna los ojos a los fieles que imploran tu poderoso patrocinio. La maligna serpiente, contra quien fue lanzada la primera maldición, sigue combatiendo con furor y tentando a los miserables hijos de Eva. ¡Ea, bendita Madre, nuestra Reina y Abogada, que desde el primer instante de tu concepción quebrantaste la cabeza del enemigo! Acoge las súplicas de los que, unidos a ti en un solo corazón, te pedimos las presentes ante el trono del Altísimo para que no caigamos nunca en las emboscadas que se nos preparan; para que todos lleguemos al puerto de salvación, y, entre tantos peligros, la Iglesia y la sociedad canten de nuevo el himno del rescate, de la victoria y de la paz. Amén.

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