Judicial
Viernes 09 de enero de 2026 - 04:06 PM

En video: grave denuncia por venta de drogas en el Mesón de Los Búcaros

Propietarios de negocios cercanos advierten que detrás de la venta y consumo de alucinógenos en la Avenida Quebradaseca con carrera 25 de Bucaramanga, estaría una multinacional del crimen.

Los negocios del sector son palcos tristes desde donde se observa una realidad que amenaza con devorar el alma de la ciudad.
Los negocios del sector son palcos tristes desde donde se observa una realidad que amenaza con devorar el alma de la ciudad.

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Publicado por: Redaccción Judicial

A las 7:00 de la mañana, la salida del deprimido del Mesón de Los Búcaros, hacia la carrera 25, bulle. Es un hervidero, una despensa alucinante donde la droga va y viene, mientras las márgenes internas de la estructura semejan una escena del ‘Apocalipsis zombie’. No menos de una decena de seres humanaos corroídos por el vicio deambulan sumidos en sus alucinaciones, desafiando el tráfico, saltando por las barandas imitando al ‘rey del parkour’. Parecieran no escuchar el ruido de los buses que suben repletos de empleados rumbo a sus oficios mientras ellos se sumen en el ocio infinito, descontrolado; no hay miedo, sólo desafío.

La noche no ha terminado, la intensidad del astro que se levanta con fulgor es apenas una incipiente molestia, enemiga -cual vampiros- que se disipa en la retina con la penumbra del túnel por donde deambulan con frenesí desde cuando cae el sol...

Un hombre de buzo y capucha recibe un arma (¿real, traumática, de juguete? No se sabe. Se la entrega otro que, minutos antes, parecía inofensivo en la esquina de la avenida Quebradaseca con carrera 24, suplicando por unas cuantas monedas “para pagar la pieza”. El tránsito entre la mendicidad y la violencia ocurre sin aspavientos, como si fuera parte del paisaje.

Los negocios del sector son palcos tristes desde donde se observa una realidad que amenaza con devorar el alma de la ciudad. El aire está cargado: huele a plástico quemado, a marihuana, a ese aroma repugnante que algunos describen como “cable quemado”. Dicen que es basuco. El olor no se disipa; se incrusta.

La carrera 27 vomita el tráfico hacia la Avenida Quebradaseca y, allí mismo, se abre la oquedad del intercambiador que se funde con la carrera 25, en la periferia de un lugar que, con cruel ironía, rinde homenaje al porvenir: el Parque de Los Niños.

“Hemos insistido para que nos ayuden a controlar la situación. Cada día llegan más personas a comprar, a consumir o simplemente a dormir en la calma que les ofrece este pedazo, porque —dicen— es tierra de nadie”, relatan comerciantes del sector, amparados en el anonimato.

“De la pared posterior hacia el parque es responsabilidad de la Estación Centro de la Policía; de la Quebradaseca hacia acá, es responsabilidad de la Estación Norte. Entonces, ¿este pedazo de la ciudad de quién es?”, cuestionan, mientras advierten sobre una nueva olla en gestación, a punto de parir en pleno corazón urbano.

Es la frontera entre los barrios Antonia Santos Centro y Alarcón. En ese radio conviven dos enormes colegios, una empresa de transportes, lavaderos, una institución universitaria, restaurantes de tradición y la biblioteca pública más grande de la capital santandereana. En febrero se cumplirán cuatro años del asesinato de Nikol Valentina Rodríguez, la adolescente acuchillada por un extranjero para robarle su teléfono celular.

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En febrero se cumplirán cuatro años del asesinato de Nikol Valentina Rodríguez, a quien le arrebataron la existencia por robarle un celular.
En febrero se cumplirán cuatro años del asesinato de Nikol Valentina Rodríguez, a quien le arrebataron la existencia por robarle un celular.

Un vecino que tiene negocio por allí afirma que les paga a los ‘venecos de seguridad del barrio’.

“Él dijo que había mandado a darles duro, pero que recogieron al vigilante en una camioneta, le pusieron una capucha y le dijeron que no podía volverlos a molestar, que los dueños de esa olla son del Tren de Aragua, que ya se adueñaron de la olla de la 14 y de otras tres, que sí o sí ahí iban a tener negocio”

Son las 7:30 de la mañana. Una patrulla de la Policía se estaciona y la escena se transforma en estampida. Corren hacia el túnel, donde la penumbra ofrece refugio. Una agente grita órdenes que parecen perderse en el aire: muchos avanzan anestesiados por los barbitúricos que ya han silenciado sus nervios y desbordado sus fantasías. Incluso un hombre mutilado huye con sorprendente agilidad, maniobrando con destreza las muletas de aluminio que reemplazan su pierna derecha.

La ciudad despierta. Pero en este punto, la noche se resiste a morir.

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Publicado por: Redaccción Judicial

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