Opinión
Lunes 01 de junio de 2026 - 04:47 PM

La batalla por el relato y el miedo, ¿por qué Abelardo ganó en primera vuelta?

Publicado por: IVAN ANDRES VEGA MOLINA

Las elecciones modernas solían explicarse a partir de variables tradicionales como la economía, la seguridad, el desempleo, la corrupción o la gestión gubernamental. Sin embargo, en la era de las redes sociales, esta mirada resulta insuficiente. Las campañas ya no compiten únicamente por programas de gobierno, sino por imponer relatos capaces de orientar las emociones colectivas y convertirlas en apoyo electoral.

Yuval Noah Harari sostiene que los seres humanos cooperan alrededor de ficciones compartidas: naciones, religiones, derechos, dinero o sistemas políticos existen porque millones creen simultáneamente en ellos. Desde esta perspectiva, toda estructura social y política se sostiene sobre relatos que permiten interpretar el mundo y actuar dentro de él. Durante siglos, esas narrativas fueron construidas por instituciones como la religión, la escuela, los partidos o los medios tradicionales. Hoy, las redes sociales son la principal fábrica de mitos políticos: allí se crean identidades, héroes, villanos y amenazas.

Pero el relato necesita emoción. Martha Nussbaum, en La monarquía del miedo, recuerda que el miedo surge de la vulnerabilidad y busca una explicación. Por eso, la política contemporánea disputa quién interpreta mejor los temores ciudadanos y quién ofrece el relato capaz de movilizarlos.

Esta reflexión permite comprender parte de la discusión que rodea la campaña presidencial colombiana y por qué Abelardo de la Espriella ganó la primera vuelta y se perfila como próximo presidente. Por una parte, Iván Cepeda concentra buena parte de su discurso en sectores históricos de la izquierda, apelando a identidades políticas ya consolidadas.

Mientras tanto, De La Espriella logró apropiarse de reivindicaciones históricas de la derecha, desplazando simbólicamente a Álvaro Uribe como líder natural de ese sector, e instaló su relato en el ecosistema digital con una mezcla de miedo y esperanza. Para ello, utilizó recursos escénicos e histriónicos con matices religiosos, culturales, económicos y deportivos, incluyendo el uso de la camiseta de la Selección Colombia en época mundialista como distintivo electoral.

Más allá de simpatías ideológicas, la cuestión central es que uno parece hablar a los convencidos, mientras el ganador disputa el imaginario de quienes buscan una explicación para sus miedos frente al presente y el futuro.

En las democracias digitales, el poder político ya no consiste solo en controlar instituciones o recursos económicos, sino en definir qué debe temer una sociedad, qué debe esperar y quién tiene autoridad para narrarlo, el que logre este definición, será el destinatario del poder político.

* Abogado y especialista en derecho constitucional

Publicado por: IVAN ANDRES VEGA MOLINA

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