El Consejo Noruego para Refugiados alerta sobre la ocupación de aulas por grupos armados y el grave riesgo que enfrentan docentes en zonas de conflicto.

Publicado por: Redacción Vanguardia
Más de 11.000 personas resultaron afectadas en 83 ataques directos contra la educación en Colombia durante el último año, según denunció este jueves el Consejo Noruego para Refugiados (NRC). La organización advirtió que la magnitud de la violencia impactó 104 sedes educativas en nueve departamentos, poniendo en riesgo la vida de estudiantes y docentes de forma constante.
“Es una cuestión de vida o muerte que se tomen medidas inmediatas para evitar ataques a las escuelas, mientras los grupos armados luchan por el control en el país”, expresó Giovanni Rizzo, director del NRC en Colombia. El experto calificó la situación como “crítica e inaceptable”, subrayando que no habrá un cambio real hasta que los actores del conflicto dejen de considerar los colegios como objetivos militares.
Escuelas bajo fuego: El uso de aulas como bases militares
La tipología de las agresiones durante 2025 incluyó enfrentamientos armados dentro de los predios escolares, el uso de explosivos y la ocupación de las instalaciones como bases de operaciones. Según el reporte del NRC, cada dos semanas una escuela en Colombia fue utilizada con fines militares, una práctica que interrumpe el derecho a la educación y el acceso a la alimentación escolar.
“Las escuelas deben permanecer fuera de los límites de la violencia. Es hora de que las obligaciones de las partes en conflicto se transformen en acciones eficaces para proteger el futuro de Colombia”, enfatizó Rizzo.

Testimonios del conflicto: “Nos tocó recoger los casquillos de las balas”
El impacto humano se refleja en los crudos relatos de quienes habitan los territorios. Un profesor del departamento del Chocó narró al NRC la angustia vivida durante una incursión armada: “Los enfrentamientos empezaron cuando todavía estábamos en clase. Uno de los grupos se metió directamente en la escuela”.
El docente relató cómo, tras el cese al fuego, la comunidad educativa debió encargarse de la limpieza de los salones, recogiendo casquillos de bala, prendas de combatientes y desechos dejados en las aulas. Ante este panorama, el NRC hizo un llamado urgente al Estado y a la comunidad internacional para garantizar que las escuelas sean entornos seguros donde los servicios básicos nunca se detengan.















