viernes 31 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Cervantes falleció en la Terminal de Transportes de Bucaramanga

Ayer se adelantaban trámites para que su cuerpo regresara al corregimiento Santa Cruz de Luruaco, donde los suyos tendrán que despedir a aquel hombre “alegre, humilde, capaz de dejar de comer para darle a otros... era una inspiración”.

El dolor es inmenso para la familia de Biviano Cervantes de 42 años, a quien la salud le falló cuando viajaba desde Venezuela haciendo trasbordo en la Terminal de Bucaramanga, con la intención de llegar a su natal Luruaco en el Atlántico.

Venía con uno de sus cuatros hijos (de 17 años) y comenzó sentirse mal mientras bajaba las escaleras a la puerta de embarque 1, cerca de las 10:00 p.m. del miércoles. Quedó sentado.

Según versiones recolectadas por Andrés Felipe, otro de sus hijos, y por Armando Salazar, allegado a la familia, “estuvo sufriendo casi una hora.

“Perdió el conocimiento y llamaron a sanidad de la Terminal. Al parecer se le bajó el azúcar y llegó un médico que le dio una pastilla, le puso una bala de oxígeno y le dio un jugo, pero no tomó mucho”.

“Con la pastilla se vio un poquito mejor, pero recayó. Fue cuando la gente empezó a acosar, que por qué no llamaban a la ambulancia. Pero una muchacha dice que escuchó al médico decir: son venezolanos y no los puedo subir a una ambulancia.

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“Le negaron la ayuda que necesitaba. Tenía problemas coronarios y estuvo un día en el hospital, pero le dieron de alta para viajar. El chofer del bus en que venía de Cúcuta reportó que lo vio tosiendo y ahogado”, cuenta Armando; aun así, no lo trasladaron.

“Tampoco entendemos cómo concluyeron que eran venezolanos, porque él y su hijo son colombianos; se guiaron por las apariencias”.

“El hijo menor no supo qué hacer en una ciudad extraña y confió en que el médico lo estaba atendiendo. Pero prácticamente el papá murió en sus brazos”.

Además, su cuerpo “quedó ahí casi hasta las 10:00 a.m. del jueves, porque de la Secretaría de Salud no contestaban y al ser muerte natural el CTI no podía levantarlo.

“Fue que llegó una señora de la EPS y finalmente lo recogieron”, agregó el allegado, “pero pasaron muchas cosas que entristecen”.

Ayer se adelantaban trámites para que su cuerpo regresara al corregimiento Santa Cruz de Luruaco, donde los suyos tendrán que despedir a aquel hombre “alegre, humilde, capaz de dejar de comer para darle a otros... era una inspiración”.

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