Golpeado primero por la guerra con la Unión Soviética y Rusia, entre 1978 y 1992, y luego por las dos décadas de presencia militar norteamericana, Afganistán es hoy un país agotado y una nación fragmentada, sobre todo en lo étnico, con unas estructuras políticas poco claras, definidas más que todo por la guerra y el peso aún abrumador del poder religioso.

Publicado por: Nelly Vecino Pico
La caída de Afganistán se produjo tres meses después de que Estados Unidos comenzara a retirar sus tropas del país, dejando atrás una guerra de 20 años en la que murieron al menos 2.448 miembros del servicio estadounidense, 3.846 contratistas militares de ese mismo país, además de unos 66.000 militares y policías afganos.
Sin que hubiera concluido la salida de las tropas de Estados Unidos, se desplegó una ofensiva militar que le permitió a los talibanes, en poco más de 15 días, ocupar todas las capitales de provincia y finalmente Kabul, la capital del país.
Al copar el territorio y hacerse con el poder, tras la huida del presidente Ashraf Ghani, corrió el terror entre los afganos afectos al gobierno derrocado, lo que originó un apresurado éxodo que dejó al mundo imágenes insólitas y desgarradoras de ciudadanos tratando de abandonar su país.
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Hoy, en Afganistán se vive la angustia de sus nacionales, unos porque aún buscan emigrar hacia países vecinos por fronteras terrestres en busca de refugio y otros, en particular las mujeres, porque temen el regreso al antiguo régimen fundamentalista, mientras el mundo analiza si, una vez consolidado en el poder, los talibanes se convertirán de nuevo en factor de desestabilización para la seguridad mundial.
Vanguardia habló con Oscar Palma, experto en conflicto internacional y profesor de la Universidad del Rosario, quien explica lo que está pasando en Afganistán.
Vanguardia: ¿Quiénes conforman el movimiento talibán y cuál es su importancia en el mapa político del Medio Oriente?
Oscar Palma: “El Talibán es un movimiento religioso, político y militar que tiene una lectura fundamentalista del islam sunita, que surgió en India, de la llamada escuela deobandi. Tiene una influencia muy profunda de otro movimiento radical islámico, de la Escuela Wahabbi, que surgió en Arabia Saudita y ellos pregonan el regreso a las formas originales de vida del islam a las primeras generaciones, que es la escuela más conservadora del islam como tal. Se formaron en el 94 con el Mullah Omar, que ya falleció, después de las grandes guerras civiles de Afganistán, después de terminar la invasión soviética y lograron dominar el país en los 90, tras la salida de las URSS”.
V.: ¿Qué consecuencias tiene la retoma del poder por parte de los talibanes? ¿Está en riesgo la seguridad del mundo?
O.P.: ”Es una de las grandes preocupaciones, precisamente durante ese gobierno que tuvo el Talibán en Afganistán durante los 90’s, que permitió la proliferación de redes de la organización Al Qaeda, la cual realizó los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Por tratarse de una organización con una visión fundamentalista radical, se crearon alianzas con otros movimientos como Al Qaeda, que tuvo una proyección mundial y ejecutó ataques no solamente en Estados Unidos, sino también en el Reino Unido y España. Preocupa sobre todo en este momento que el regreso del Talibán a Kabul y su gobierno de nuevo en Afganistán lleve al florecimiento y fortalecimiento de redes terroristas transnacionales del tipo Al Qaeda que ya vimos en los primeros años de los 2000. Ahí está el riesgo y esa es la gran preocupación de la seguridad global en estos momentos”.
V.: ¿Cómo se explica que tras 20 años de presencia de 300 mil soldados estadounidenses, estos fueran ‘derrotados’ y a las pocas semanas de la retirada de las tropas, el Talibán recuperara tan rápidamente el territorio afgano?
O.P.: “Aquí hay un análisis de fondo y es que Estados Unidos creyó que la Policía y las Fuerzas Militares afganas, después de estos 20 años, tenían la capacidad suficiente para defender el territorio de su país, pero lo que se demostró es que no existía tal capacidad para brindar seguridad, que había unas cifras tal vez infladas y que se pensaba que las Fuerzas Militares afganas ya estaban en la capacidad de enfrentar a los talibanes, pero la realidad es que no.
Además, hay que tener en cuenta que Estados Unidos terminó su misión ofensiva en 2014 y en adelante lo que se tiene no fueron unas tropas de Estados Unidos para atacar al Talibán, sino una misión de apoyo para entrenar a las fuerzas militares de Afganistán como tal”.
V.: ¿Este momento crítico que vive Afganistán demuestra que fue un fracaso (político y militar) la intervención de Estados Unidos?
O.P.: Eso depende mucho de lo que pensamos de Estados Unidos. En primer lugar, si pensamos que el objetivo de Estados Unidos en Afganistán se limitaba a desarticular las redes de Al Qaeda, en este momento podríamos encontrar algunas cosas positivas, como que los grandes cabecillas como Osama Bin Laden y su círculo más cercano fueron, en efecto, dados de baja o puestos en la cárcel.
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Pero si se hace el análisis de la intervención como el objetivo de reconstruir Afganistán, de generar una nación, ahí sí hay un profundo fracaso.
Tal vez el problema es que varios de los gobiernos de Estados Unidos, a lo largo de estos 20 años, no definieron específicamente cuál era el objetivo, si era solo derrotar Al Qaeda o también reconstruir Afganistán, que es un proceso mucho más costoso y se hubiera requerido de un personal mucho mayor, el cual Estados Unidos nunca comprometió como tal”.
V.: ¿A qué se enfrentan las mujeres afganas bajo el régimen de los talibanes?
O.P.: “Durante el gobierno del Talibán a finales de los años 90, lo de la mujer fue una tragedia, porque las condiciones impuestas por el régimen para ellas fueron lamentables porque no podían estudiar, no podían trabajar, tenían que vestir la burka, que es la indumentaria que cubre completamente a la mujer y solamente tienen la posibilidad de una vista muy cerrada. No pueden ser vistas en público, es decir, son condiciones realmente preocupantes para la mujer”.
Ahora, “la declaraciones que ha dado el movimiento talibán después de la toma de Kabul es presentarse como un movimiento más moderado, que busca una legitimidad”.
V.: . ¿Es viable un futuro regreso de tropas norteamericanas a Afganistán o una intervención de fuerzas aliadas o de la OTAN?
O.P: ”Tengo muchas dudas sobre este tema, porque justamente pasamos 20 años de tropas de EE.UU. y de la OTAN, particularmente de Reino Unido, Canadá, algunas tropas francesas, australianos, y el objetivo de todo este proceso fue sacar las tropas, sacar a los ciudadanos de allá”.
“Había una presión interna en Estados Unidos y otros países que se preguntaban por qué nuestros soldados, por qué nuestros jóvenes, qué están haciendo en Afganistán, por qué están destinados a un país tan lejano donde no encontramos cuál es nuestro interés particular”.
“Entonces sería como una especie de retroceso tratar de pensar en otra intervención militar, ahora para tumbar al régimen talibán que ya llegó a Kabul. Sería impensable”.
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