En el pasado, los asesinos en serie no tenían que preocuparse tanto por ocultar sus crímenes, pero las nuevas tecnologías los han obligado a ser mucho más precavidos, explica Paul Holes.

Publicado por: Resumen Agencias
Paul Holes, el criminalista que dedicó gran parte de su carrera a buscar a Joseph James DeAngelo, el “asesino del Golden State”, asegura que en Estados Unidos hay alrededor de 2.000 asesinos en serie sueltos, acechando en las sombras y a la caza de nuevas víctimas.
“He visto estadísticas de que unos 2.000 asesinos en serie están operando en los Estados Unidos hoy en día”, escribió el aclamado detective en su libro “Unmasked: My Life Solving America’s Cold Cases”, publicado el 26 de abril pasado.
Además: Acusado por casos de abuso sexual infantil durante 50 años en EE.UU.
Holes le dijo al diario New York Post que, si bien es una estimación aproximada, se trata de “una cifra absolutamente realista”.
El famoso “asesino del Golden State” fue condenado a 16 cadenas perpetuas en 2020. Este expolicía delinquió en California, violando y asesinando a lo largo de una década. Joseph James DeAngelo de 74 años fue arrestado en 2018 tras años de duras investigaciones.

¿Qué tipo de víctimas buscan?
Según ha observado el criminalista en sus varias décadas de experiencia, los asesinos en serie suelen perseguir a los marginados, en particular a las prostitutas, los drogadictos y las personas sin hogar, ya que estas tienden a perder el contacto con familiares y amigos y, por lo tanto, llaman menos la atención si desaparecen por largos períodos de tiempo.
“A menudo, estos depredadores se aprovechan de las personas cuyas vidas se han ido a pique, así que cuando desaparecen, nadie les presta atención”, señaló Holes.
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Y añadió: “los asesinos se esconden detrás de la crisis de los opioides”, pues el uso generalizado de heroína, oxicodona y fentanilo les proporciona una “cortina de humo” que les permite estrangular o sofocar a las víctimas con menos violencia de la que se necesitaría para matar a los que están plenamente conscientes, al tiempo que confunde a los investigadores, quienes pueden asumir erróneamente que las drogas son las culpables de la muerte”.
Holes puso el ejemplo de Samuel Little, quien confesó haber asesinado a 93 mujeres entre 1970 y 2012, lo que lo convirtió en el asesino en serie más prolífico de la historia de EE.UU. Varias de sus víctimas eran prostitutas y adictas a las drogas.
















