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Editorial
Martes 19 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Golpear el tráfico sí reduce el consumo de drogas

Publicado por: Editorial

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Como puede deducirse de los reportes que recientemente han entregado las autoridades, en Bucaramanga el consumo de drogas crece a un ritmo que debería preocupar mucho más a todos los que estén relacionados con el fenómeno, y esto incluye no solo a las autoridades, sino a las familias, a los colegios y a la sociedad en general.

Hace apenas un par de semanas supimos que la zona de bares de Cabecera se ha convertido en el epicentro de una pesadilla química, donde el llamado ‘Tusi’, una verdadera mezcla letal de alucinógenos, se ha instalado como la sustancia de moda entre jóvenes que parecen ignorar que están jugando con fuego, pues, como está suficientemente demostrado en las sociedades donde ha proliferado antes, para muchas personas este puede ser el pasaporte directo a la psicosis, la dependencia exprés y la muerte silenciosa.

Las cifras oficiales, que las autoridades reportan como resultado de sus acciones de control, además de reflejar este esfuerzo, nos muestran un panorama francamente preocupante. La Policía señala cerca de 10 mil 500 personas que han sido sancionadas en Bucaramanga por consumir drogas o licor en espacios públicos, como los parques, donde los menores de edad tienen todo el derecho a jugar y respirar aire limpio, lo que desnuda una conducta desbordada de un vicio que se ejerce sin pudor ni temor al castigo, como si la ley fuera apenas una sugerencia que se puede evadir con facilidad.

La Policía hace su trabajo, y hay que reconocerlo con justicia. Los operativos nocturnos, las sanciones y los patrullajes en Lagos del Cacique, Centro o Cabecera evidencian una tarea titánica por expulsar los vicios del espacio público, pero el hecho de que más de seis mil personas hayan sido multadas solo por infringir el decreto contra el consumo de estupefacientes, y más de cuatro mil por beber licor en horarios prohibidos, demuestra que, pese a este desgaste de la autoridad, la erradicación del problema está aún muy lejos.

La experiencia de décadas en el mundo entero, y en nuestra realidad local la reincidencia del 20 % en drogas, es la prueba irrefutable de que la multa no disuade a quien, por las razones que sea, ya está atrapado por la adicción o por la indiferencia social. ¿De qué sirve elevar el valor de las sanciones si el microtráfico sigue funcionando como una tupida red que toca cada esquina de la ciudad?

Por otra parte, los barrios no son solo escenarios de consumo, sino eslabones visibles de una cadena que se alimenta en la oscuridad de laboratorios clandestinos y transacciones que ninguna patrulla puede ver a simple vista. El ‘Tusi’ no llega a Cabecera por casualidad: hay manos sucias, hay inteligencia criminal, hay una logística que mueve dinero y veneno a espaldas de todos nosotros.

La administración municipal ha acudido a los ‘Guardianes del Parque’ y a los ajustes legales que ordenó la Corte Constitucional, pero eso no basta. Necesitamos acciones de fondo, no solamente operativos de choque, si queremos realmente desmontar las mafias del microtráfico con trabajo de inteligencia, con investigación seria, con tecnología que permita seguir el rastro del dinero y la droga hasta sus últimas consecuencias.

El gran esfuerzo por multar a consumidores en un parque se pierde en buena medida si el proveedor sigue operando con total impunidad. La lucha contra las drogas en Bucaramanga exige control en el consumo, por supuesto, pero lo que finalmente puede golpear seriamente la circulación y el consumo de drogas entre nuestra población es llegar al bolsillo de los verdaderos dueños del negocio. Solo así pueden alcanzarse soluciones eficaces y duraderas, porque de nada sirve un parque libre de jeringas si el veneno sigue circulando por las calles de la ciudad y, por consiguiente, por las venas de nuestra juventud.

Publicado por: Editorial

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